«ToDa Mi VioLeNciA eS tUyA ^^», de Carolina Yuste

Hay dos cosas que no admiten discusión: el mejor reguetón es el de principios de los 2000, y todas hemos llevado durante demasiado tiempo en el nick del Messenger alguna frase célebre de Fondo Flamenco. Tipo: “SiGo En El PuTo PrOyEcTo De HaCeRtE FeLiZ”. Vaya par de ovarios más grandes manejábamos en aquellos años, hijas mías.

Pero hoy no he venido a hablar de estos muchachos de Sevilla ni de dónde estaba yo cuando escuché por primera vez Dale Don Dale de Don Omar. He venido porque después de devorar ToDa Mi VioLeNciA eS tUyA^^ de Carolina Yuste en lo que dura un trayecto de tren relativamente largo, me escribo encima. Literal. Y necesito soltarlo todo.

De Carolina Yuste (Badajoz, perdón, Badahó) podría escribir unos cuantos posts. Actriz, directora, bailarina, creadora —o todo eso a la vez—. Pero qué voy a venir yo a contar de una mujer que ya tiene dos Premios Goya en la estantería (Carmen y Lola y La Infiltrada) y una filmografía extensa y bien nutrida de diferentes proyectos que la han llevado a lo que hoy es: una de las mejores actrices de nuestra querida «Españita».

También hay tiempo para el teatro, claro. Y para lanzarse a dirigir su cortometraje documental Ciao Bambina, mano a mano junto Afioco Gnecco y por el que levantaron la ansiada Biznaga de Plata en el Festival de Málaga. Dicen de ella —se puede observar en sus redes y en sus intervenciones— que además, es una activista por la defensa de los derechos LGTBIQ+, la igualdad de género y la inclusión social. Vamos, una tía de p*** madre. Con las cosas bien claras, quiero decir.

Pero entrando un poco en materia de esta novela filosófica-choni que nos regala Carolina editada y publicada por Barrett, no quiero que se me pase reivindicar una de las cosas más importantes de las que podemos presumir como seres humanos: el arraigo. Y no me refiero solo al lugar de origen, ni a la familia, ni a las amigas de toda la vida. Hablo del arraigo más íntimo: el que tenemos con nosotras mismas. La raíz única de nuestra existencia. Esa que a veces se nos deshilacha, otras se enrosca, y muy de vez en cuando florece. Porque no siempre los brotes son verdes. A veces duelen. A veces arden.

ToDa Mi VioLeNciA eS tUyA^^ es un homenaje a la Jara. Un canto a la pertenencia. Al botellón, a Las Chuches, a las (a)migas, al Emule… pero, en el fondo, es una carta a sí misma. A la urgencia de canalizar esos brotes que, antes de volverse verdes, pasaron por todo un círculo cromático de marrones y negros.

¿Autobiográfica? Puede.
¿Necesaria? Muchísimo.

Carolina Yuste es la autora de ToDa Mi VioLeNciA eS tUyA ^^ . Fuente imagen: mayteortega.com

La narración tiene dos partes bien diferenciadas que se van sucediendo de forma más o menos lineal con un contraste narrativo muy bien trabajado.

Empezamos con esos 2000 que como dicta el primer capítulo «no fueron cosa fácil», con el glitter en alto (qué glitter ni que glitter: la boca ardiendo de pipas con sal) y todas las niñas listas, para reventar la nuit pacense: la Tati, Sole, Cata y como no, la Jara. También está el Santi que se va a convertir en el antagonista de la camiseta de licra apretá con toda su lamentabilidad encima de su moto fea. Y todo lo que se cocía en el Badahó de entonces.

Esta intro, por cierto, ya me permite definir la novela como lo que es: una experiencia sensorial. No sé si la intención de Carolina al escribir estas partes era trasladarnos a su tierra regada de cosas maravillosas —el brasero, la SIESTA, las barbacoas, el carnaval, la fotito pal Tuenti— y mucho Negrita con cola, pero lo consigue. Ya estoy metidísima en ese grupo de amigas que se desgastan los pies mientras suena cualquiera de Wisin & Yandel.

Luego llegan las semióticas (muy interesantes los datos que se arrojan, por cierto) y el presente. Ya son los dosmil-veinti-pico y todo se ha vuelto un poco más oscuro. Fíjate qué contradicción: casi que cuanto más avanzamos, más infelices somos.

Aquí cambiamos al de la licra por un imbécil que se cree con la moral suficiente para decidir si quien escribe tiene las herramientas emocionales necesarias para afrontar una relación. Un señor que toca el ukelele. Tócate el papo. También aparecen los señoros que gritan en la carrera de San Jerónimo s/n, pero de esos no voy a hablar porque pretendo que esto sea una cosa bonita y no un bochorno, como el que perpetran cada vez que se juntan.

Como decía, he venido aquí a hablar de su libro. Y de su historia. Ya en el título hay una palabra que se repite —como un eco— a lo largo de todo el relato: violencia.

Una violencia que se escenifica en muchos de los fragmentos más oscuros de este viaje entre dos tiempos. Está la violencia más atroz, la que se ejerce contra las mujeres, y que es, en parte, lo que la trae hasta aquí. Pero también está esa otra violencia —más silenciosa, más sistémica— que atraviesa la vida entera: la falta de vivienda, la explotación laboral, los cuerpos que se ahogan en el mar con un nombre y un apellido buscando una vida mejor.

Todo eso que hemos ido construyendo —como sociedad— y que, para desgracia nuestra, nos está asfixiando. Así lo hemos decidido.

No obstante, quiero volver a nosotras. A ella.

En ToDa Mi VioLeNciA eS tUyA ^^, la supervivencia se vuelve una obligación. Pienso en cuántas chavalas de catorce o quince años se habrán quedado por el camino después de llevarse una hostia seguida de un “TKM”. Cuántas veces hemos validado el discursito de Romeo Santos —hasta que no seas mía no viviré en paz— con la mano pegada al vaso de tubo, burbujeante con esa atrocidad llamada peché con naranja.

Aunque no sé por qué digo “hemos”, si seguimos entregándonos a la vocecilla bachatera de este señor que nos regaló perlas como si te falto el respeto y luego culpo al alcohol… pero ahora lo hacemos con Puerto de Indias, tónica rosa y copa de balón. Que es más chic.

No sé. Quizás antes nos faltaban herramientas para identificar lo que nos pasaba.
Quizás ahora queremos volver a ser las de antes.
Quizás la esclavitud del cuerpo (muy presente en la novela, con pasajes tan complicados como necesarios) nos empuja a esta espiral de autodestrucción con la que convivimos constantemente, sin llegar —milagrosamente— a perder la dignidad.
O quizás nos hemos acostumbrado a conformarnos con que esto es lo que nos ha tocado.

Creo que Carolina va narrando todo esto, línea a línea. Y construye un relato completo sobre la rabia intrínseca que dejaron aquellos años. Pero también sobre el contraste con el ahora, que —aunque sigue siendo sombrío— también se llena de luz.

La danza lo llenó de luz.
Los nuevos amigos lo llenaron de luz.
Las experiencias más cercanas al amor real se impregnaron de luz.
Y Badahó, con sus 33º grados nocturnos y su raíz, sigue teniendo SU luz.

ToDa Mi VioLeNciA eS tUyA ^^ editada por Barrett.

Próxima estación: València – Joaquín Sorolla, dice la megafonía.
Cállate, joder, que me queda una página y está sonando A mi manera. Me encanta esta canción. Y quiero seguir viendo a la Jara perseguir su sueño sin perder el sur. También a Carolina, visualizando la Vía Láctea, sintiéndose amada —como dice ella misma—. Con todo el peso de la subsistencia personal sobre los hombros y la conciencia de lo que es: una tía de p*** madre. Con las cosas bien claras, quiero decir.

Dos apuntes rápidos antes de acabar: hay una playlist bien guapa al principio, enlazada con un QR, que me he gozado de inicio a fin. Y tanto el diseño de la portada como la maquetación del libro son una delicia fosforita. De la belleza de los libros se habla poco. Y hay que hablar más.

En fin. ToDa Mi VioLeNciA eS tUyA ^^, qué maravilla.
Ahora quiero pillarme un MP4 e irme a Badahó.
Pero que suene Ivy Queen.
Y Que lloren, esta vez, quienes tengan que llorar.

*La imagen principal de la reseña es de Barrett.


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