En el sentido más estricto de la palabra, quizás esta entrevista haya perdido vigencia. O al menos eso pensaba yo, hasta que la he vuelto a leer y me han revoloteado todas las emociones de golpe.
Digo lo de la vigencia porque la charla tiene fecha y una dirección muy concreta: año 2021, Rita, el proyecto teatral que compartían entonces sus protagonistas: Mapi Sagaseta y Carlos Hipólito.
Me recuerdo entrando entre las bambalinas del Teatro Talía de València con mi «libretita», la grabadora y esa mezcla de nervios y admiración que, por suerte, siempre me mantienen las ganas intactas. Frente a mí, estos dos gigantes de la interpretación, que me calmaron los nervios con la primera palabra, como ese apretón de hombros en el momento justo que te dice que todo está bien.
La conversación fluyó con una cercanía tal que, aún hoy, la siento muy mía. Y es que lo es. Por eso la rescato de nuevo, para no olvidarme de que, como decimos en mi tierra, tota pedra fa paret (toda piedra hace pared). Lo que viene a decir que hay que celebrar cada pequeño logro como una verbena de verano. Y también porque, cuando lancé la pieza en A2VOCES, ellos se tomaron la molestia de darme un feedback emocionado y sincero, algo que me pareció un sueño, para qué negarlo.
Podría decir tantas cosas sobre la trayectoria de ambos que daría para un artículo entero. Como que Mapi fue musa de Garci o cómo un paisano mío, Carles Mira, le despertó el interés por la interpretación, aunque también le da su espacio merecido a la danza, esa disciplina que tanto ama. O que Carlos es uno de los mejores actores que nos ha dado este país, con esa fuerza con la que pisa el escenario —y sé de lo que hablo, porque he tenido la suerte de verlo dos veces— e incluso ese inolvidable timbre de voz que durante tantos años sentimos tan nuestro en Cuéntame.
Si alguien me hubiera dicho que cuatro años después de esta entrevista la rescataría, dándole otra forma, otro tono, más personal quizás, más maduro seguro, pero con el mismo nervio bueno que aquel día en el camerino, no me lo habría creído. Pero aquí estamos otra vez.
Porque hay recuerdos que trascienden la memoria; y para mí este es uno de ellos.
Antes de empezar, te aviso que algunas respuestas pueden oscilar entre el pasado y el presente, según el contexto de la charla. Pero, precisamente, eso es lo bonito de la creación: que siempre está en movimiento, que se puede moldear. Así que no dejes que los formalismos te frenen y disfruta de la conversación.
Como decía en la introducción, Rita, dirigida por Lautaro Perotti, fue el primer proyecto que unió a Mapi y Carlos sobre un mismo escenario. Aunque ya habían trabajado juntos anteriormente, hasta ese momento no habían tenido la oportunidad de compartir tablas cara a cara. Esta obra, que abordaba temas tan trascendentales como la vida y la familia, y otros tan tabú como el derecho a morir y la propia muerte, suponía un reto importante para ambos. Por eso, una pregunta se imponía con claridad: ¿Qué significaba para ellos compartir escenario por primera vez? Esto dijo, en aquel entonces, Mapi Sagaseta:
Un regalo. Como dices no es la primera vez que trabajamos juntos. Ya hicimos ‘La Mentira’ y un Macbeth a la vez que estábamos haciendo ‘Rita’, pero sí es la primera que vez que estamos los dos solos en el escenario. Nos va muy bien, es un acompañamiento fantástico. Durante muchos años Carlos ha estado haciendo giras, dejando atrás a su familia para trabajar, y ahora podemos hacerlo juntos. Es una suerte.
Al hilo de esto, Carlos Hipólito también tenía cosas que decir:
Sí y de hecho, mi idea de que lo hiciera Mapi coincidía plenamente con la idea de Miguel Cuerdo —productor de la obra—. Él quería que lo hiciéramos los dos pero no me dijo nada por aquello de que pensaba que quizás yo no quería trabajar con mi mujer, por esa cosa de estar todo el día juntos y después trabajar todo el día juntos, pero la verdad es que está siendo un viaje estupendo, porque lejos de provocarnos agobio es todo lo contrario.
Estamos súper a gusto, nos entendemos muy bien en el escenario y podría no ser así. Podríamos querernos mucho en la vida y estar muy bien juntos, pero en el escenario no entendernos. Sin embargo, somos dos actores que tenemos una concepción muy parecida del trabajo y hay mucha química entre nosotros a la hora de trabajar cada día. Además, el hecho de poder comentar la jugada al llegar a casa nos une más.
En aquel camerino del Talía empecé a sentir que Mapi y Carlos son dos personas completamente entregadas al servicio de su profesión. O más bien del arte, en general. Pero muy en concreto, del teatro. Ese lugar que, a mí personalmente, tantas veces me ha salvado la vida.
Una casa, al fin y al cabo, en la que se respira escena en cada rincón.
Carlos, apunta:
Totalmente. Yo me iba de gira y Mapi se quedaba cuidando de nuestra hija, que en aquella época era pequeñita, porque decidió hacerlo así, con el trabajo que eso conllevaba. Ahora es una mujer. Nos reímos mucho porque nosotros estamos de gira y ella se queda en Madrid actuando. Fíjate la vida que curiosa.
En 2021, Elisa Hipólito tenía 19 años e interpretaba a una de las integrantes de las Pink Ladies en el musical Grease, en la versión dirigida por David Serrano que tuve el placer de ver en Madrid. Un montaje que, además, reunió a un elenco joven y lleno de energía, muchos de los cuales hoy siguen construyendo una sólida carrera.
Elisa, en concreto, forma parte de LaJoven, una de las compañías teatrales más reconocidas en el panorama escénico actual por su labor de formación e integración de nuevos talentos. Puede que también te suene por su papel de entrenadora en la entrañable Campeonex, de Javier Fesser.
Lo interesante de Elisa —más allá de haber nacido en una familia ligada al teatro— es que está construyendo un camino propio, con una chispa que se nota tanto sobre las tablas como en la pantalla. Ahora sí, añadido el contexto, sigamos con Mapi:
Yo siempre supe que el escenario era mi vida y mi pasión. He tenido suerte porque aunque con muchas pausas e intervalos, al final llevo en esta profesión desde los 18 años. De hecho, fue un valenciano, Carles Mira, el que me metió el «veneno» de la interpretación, con su película ‘Jalea Real’. Me llamó para ser su protagonista. Yo nunca había pisado un plató como actriz y ese momento me enganchó para toda la vida a esta profesión.
Con el bagaje profesional y personal que ambos llevan a sus espaldas, la convivencia con las nuevas generaciones de actores —incluso teniendo una en casa— podría resultar complicada. Sin embargo, tanto Mapi como Carlos tienen claro que el talento, cuando aparece, está para acompañarlo, pulirlo… y disfrutarlo.
Me interesaba saber cómo valoran ellos a los actores emergentes y a los nuevos creadores que surgen en el contexto actual de las artes escénicas.
Empieza Carlos:
De maravilla. Nosotros hemos intentado siempre no convertirnos en unos idiotas que creen que lo saben todo y que no quieren mezclarse con la gente nueva. Para nosotros es todo lo contrario, intentamos arriesgar con ellos, aprender y enseñarles lo que podemos también.
Las nuevas generaciones de actores tienen muy buena formación. Piensa que en la época en la que yo empecé había muy pocas escuelas, y eso que yo soy actor de escuela porque me formé en la Escuela de William Layton, un maestro inglés. De hecho, Mapi fue allí años después, y la verdad es que no era muy común formarte en una escuela sino más bien a pie de escenario. La suerte ahora es que hay muchas escuelas y la gente llega al escenario muy preparada. Además, nosotros estamos en contacto con las nuevas generaciones y sus inquietudes gracias a nuestra hija.
Continúa Mapi:
Yo he trabajado y trabajo con gente joven a la que he visto muy comprometida y muy inteligente. Ellos tienen más medios y más formación que cuando empezamos nosotros y se nota. Es una maravilla trabajar con ellos.
Al final lo que uno desea es que la oferta esté a la altura de la demanda. Hay muchos actores que desean trabajar en esta profesión pero la oferta todavía está muy limitada. Creo que la cultura sigue siendo la hermana pequeña y este país se transformaría mucho más si se apoyara a la creación, a los actores bien formados. No queremos que se vayan a Europa, queremos que se queden aquí, que construyan sus historias y den vida a tantos teatros que están vacíos.
Somos dos actores que tenemos una concepción muy parecida del trabajo y hay mucha química entre nosotros a la hora de trabajar cada día.

Rita era un texto que podríamos enmarcar dentro del llamado teatro contemporáneo, aunque tanto Mapi como Carlos tienen una sólida trayectoria en el teatro clásico. Sin embargo, aquella conversación —y los temas que abordaba la obra, que al final no eran otros que los de la propia vida— me sirvieron para reivindicar algo que creo profundamente: la necesidad de traer a escena textos más afines a los nuevos tiempos, que conecten con un público joven, que se vea reflejado en las historias que se cuentan.
La reflexión que ambos hicieron sobre esto fue especialmente bonita.
Esto dijo Mapi:
Yo creo que la enseñanza teatral se ha enfocado muy mal desde el colegio, igual que la danza, la música, la pintura…se pierde mucho talento en el camino y ese talento después no sabe encontrar las vías que tiene para desarrollarlo y para conocerlo. Hay un problema de infraestructura cultural en este país. Al final el buen teatro es atemporal.
Carlos también lo tuvo claro:
Para mí el teatro clásico no está reñido con el que llamamos contemporáneo. De hecho, hay una compañía nacional que hace una labor de divulgación estupenda. Pero sin embargo, si te fijas en la programación del CDN o de los Teatros del Canal, hay muchos creadores nuevos que están poniendo sus historias sobre el escenario.
Yo creo que es muy importante que los textos sean nuevos y que los directores jóvenes tengan la oportunidad de revisitar textos que ya se han hecho. Muchas veces, la modernidad de un texto depende la lectura que se haga de él, de donde el director cuenta la historia, de cual es su mirada, esto es muy importante.
Un gran maestro que tuve decía: ‘En el teatro no hay géneros, sino más bien dos tipos, el teatro bueno y el teatro malo.‘
Al final el buen teatro es atemporal.

Por el tema de la «promo» y esas cosas que también forman parte de la comunicación cultural, el resto de la entrevista giró en torno a Rita. Con esta función lograron mantenerse doce semanas en Madrid —con repuntes de Covid incluidos y todo lo que eso suponía—. Después, giraron por España de la mano de sus personajes, Julia y Toni: dos hermanos que navegaban por el escenario entre la incertidumbre y la humanidad, a ritmo de Sinatra. Dos personajes deliciosos que no pudieron tener mejores intérpretes.
Fue una función preciosa que me arrancó sonrisas… y alguna que otra lágrima. Un abrazo en la puerta, al despedirnos, fue otro regalo caído del cielo.
De Mapi y Carlos aprendí que amar —al oficio, a la vida, a quienes nos rodean— es una obligación.
Y pienso volver aquí cada vez que me pregunte por qué escribo. Porque de esta charla, me lo llevé todo.



