Carmen Puras, la actriz efervescente

Reencuentro es el acto de volver a encontrarse, y septiembre es ese instante en que todo lo que el verano dejó aparcado vuelve a su sitio.

Carmen Puras es actriz y comunicadora audiovisual. La descubrí gracias a mi amiga Elvira, cuando Carmen y su equipo creaban y producían un cortometraje durante el confinamiento y yo empezaba a escribir en serio. Entonces, ella tenía la misma energía y entusiasmo que percibo hoy, en este helado de tarta de queso de pistacho y de principios de rutina.

Años después venimos con la excusa de ponernos al día y con el fin de transformar todo ese brío que desprende en una conversación sobre quién es ahora y cómo busca convertirse en lo que quiere ser.

Graduada en Comunicación Audiovisual y terminando sus estudios en interpretación en El Estudio de Actores de Madrid, Carmen ya ha construido un recorrido sólido entre el teatro y el audiovisual. Su participación en cortometrajes como El guion definitivo (Camila Fernández-Cruz), Rapan (Álvaro Leivas) o Cuando ya no estés (Amín Villalba), la han llevado a explorarse en diferentes registros interpretativos.

El escenario, hábitat que ha hecho suyo, se convierte en el lugar donde más veraz se siente. XOXO, tus muertos (Gon Ramos), su proyecto más reciente, es la prueba fehaciente de su pasión por la escena.

De su primera maestra, Anaïs Duperrein, dice que le cambió la vida. También lo hicieron West Side Story, que lleva en la piel, o la sacudida personal que vivió con diecisiete años viendo Rocky Horror Picture Show. Le inspiran Almodóvar y Penélope en Volver, aunque si pudiera elegir un papel soñado sería Laurencia en Fuenteovejuna.

Agradece poder dedicarse a esto. Se le enciende la voz cuando imagina el proyecto perfecto. Y lo más bello es que la claridad con la que piensa no le resta ni un ápice de ilusión.

Carmen y yo no compartimos aulas, pero quizá por eso este encuentro tiene todavía más sentido: porque nos une lo esencial, el teatro, las historias, la creatividad.

Conocerla de cerca me reafirma en lo que ya intuía: la efervescencia no se aprende, simplemente se tiene.

Carmen Puras. Fotografía de Ainoha Muñoz.

Empezar hablando de una misma puede resultar tedioso, pero tengo la certeza de que cada etapa nos va mostrando quiénes somos en realidad, de alguna forma nos define. Hoy quiero detenerme en Carmen y en ese espacio donde su vida y su arte se encuentran, ese lugar que parece abrirse paso entre la escena y lo cotidiano.

Es ahí donde nos invita a entrar, y así se presenta:

Carmen se mueve entre dos lenguajes distintos que, sin embargo, dialogan constantemente. El audiovisual le ha dado la mirada analítica, la conciencia del encuadre y la disciplina del rodaje; la interpretación, en cambio, le regala la posibilidad de dejarse llevar, de jugar y habitar otras realidades.

En ese equilibrio entre la técnica y la emoción ha ido encontrando su voz propia. Me interesa descubrir de dónde surgió su curiosidad por estos dos mundos, cómo se encuentran en su mirada y qué los separa en su experiencia:

Puede parecer que desde bien pequeña ya tenía el gusanillo de la interpretación dentro, pero la realidad es que no fue del todo así.

Carmen y yo nos conocemos por el audiovisual, un mundo que, pese a las dificultades del sector, se considera “una carrera de verdad”. Por desgracia, el Arte Dramático, en algunos contextos, todavía se percibe socialmente como una afición. Una tarea menor.

En ese momento tan complicado de escoger el camino al que dedicarnos en la vida, sus padres jugaron un papel importante. La animaron a estudiar audiovisuales y a compatibilizarlo con Arte Dramático, prometiéndole que, una vez finalizara sus estudios, podría lanzarse a los brazos de la interpretación si todavía quería.

Hoy lo ve así:

Me detengo un momento en el ámbito audiovisual, porque gran parte de su trayectoria como actriz está ligada a los cortometrajes y a la creación propia.

Su mirada formada detrás de la cámara aporta una perspectiva única a su manera de actuar: influye en cómo se relaciona con el rodaje, con los directores y con la cámara misma. Esa combinación de roles le permite habitar los personajes desde varios ángulos, acercándose a cada escena con la sensibilidad de quien también sabe mirar y contar historias desde fuera.

Carmen Puras en el cortometraje El guion definitivo de Camila Fernández-Cruz.

Entramos de lleno en la vida de la actriz. Dar vida a un personaje implica algo más que interpretarlo: es dejar que evolucione contigo y, llegado el momento, aprender a soltarlo para guardarlo en la memoria.

Para Carmen, este proceso no es teoría, sino impulso vital:

Durante la conversación, subraya constantemente la importancia del colectivo, del trabajo en equipo. Más adelante profundizaremos en ello, pero ya desde ahora merece destacarse su forma de entender al compañero y la manera en que ella —y sus personajes— se relacionan con los demás.

Al hilo del proceso creativo, quiero llegar a su proyecto más reciente: XOXO, tus muertos, una obra de teatro dirigida por Gon Ramos que sirvió como cierre de su formación regular en Arte Dramático. Algo así como un Trabajo de Fin de Grado, pero llevado al terreno de la escena.

Antes de hablar de Nines, su personaje, le confieso a Carmen que no tengo ni idea de cómo se pronuncia “XOXO” —créditos a mi amiga Victoria, que me enseñó el significado de la palabreja; yo, tan millennial que asusto—. Entonces ella se ríe, me confiesa alguna cosilla que no puedo escribir aquí y me cuenta de dónde nace esta idea tan loca convertida en obra de teatro.

XOXO, tus muertos es la creatividad llevada al extremo. Un grupo de actrices y actores en formación, capitaneados por Gon —uno de esos seres que, deduzco, dejan huella— levantan una obra en la que todos los personajes están muertos y habitan “el otro barrio”. A partir de ahí se suceden vivencias entre ellos, que surgen tanto de la improvisación como de la escritura. Casi como una dramaturgia compartida que sirve no solo para cerrar su periplo en la escuela, sino también para poner el talento al servicio del equipo, por encima de la individualidad.

Así, de lo genuino, nace Nines:

Siempre que converso con actores o actrices me gusta detenerme en su manera de entender la profesión. En el caso de Carmen, este punto me interesa especialmente: su mirada de actriz que está dando los primeros pasos no solo puede servir de referencia a quienes atraviesan el mismo camino, sino que también aporta un ángulo fresco y revelador para cualquiera que se acerque a leer esta pieza.

Hablamos de vocación, de pasión, de entrega… pero también de lo que significa defenderse en un oficio donde, además de artista, eres trabajadora:

Es complicado no meter la política en cualquier ámbito cotidiano, pero cuando hablamos de cultura, la cosa se vuelve especialmente turbia.

Carmen lo expresa así:

No quiero dejar pasar la oportunidad de hablar del intrusismo en el universo de la interpretación. Ese mundo donde la vida se mide en likes y la valía en followers puede convertirse, a la vez, en impulso para romper las reglas o en obstáculo que desvía del camino por falta de oportunidades.

Aunque no sea del todo justo buscar la polémica —porque al final todos formamos parte del mainstream, queramos o no—, sí me parece necesario poner el foco en cómo Carmen percibe la irrupción de perfiles totalmente ajenos a las artes escénicas.

Carmen también reflexiona sobre cómo esta realidad afecta a su generación y a sus compañeros, reconociendo que es tema de conversación entre ellos y que además, les preocupa:

Quiero que este último tramo de la entrevista sea casi un epílogo, una manera de recoger todas las sensaciones descritas entre recuerdos, presente y reivindicaciones.

Ahora le cedo a Carmen una varita mágica para imaginar su proyecto soñado, el personaje que aún no ha habitado y que espera en algún rincón para ser descubierto.

Ahora sí, la última pregunta llega directa, sencilla, redonda.

Después de todo lo compartido, me atrevo a lanzarla: ¿has conseguido cambiar la visión que tenían tus padres sobre estudiar Arte Dramático?

En la canción de Shinova, Con la sonrisa intacta, hay un verso que me flipa y dice algo así como: de la comedia al drama y tu sonrisa intacta.

Encuentro en él una definición perfecta de la Carmen Puras actriz, pero también de la Carmen persona: la que sigue formándose porque no quiere dejar de jugar.

¿Futura dramaturga? Quizá. ¿Planes relacionados con la docencia? Seguro. Pero, por encima de todo, es quien busca el equilibrio entre cabeza, cuerpo y corazón, dando al último todo el espacio que necesita para latir en este escenario inmenso que es la vida.

Nos despedimos con la promesa de reencontrarnos otra vez, pero con la certeza de que después del helado y las risas, quedan estas líneas.

*La imagen principal es una fotografía de Sandra Sasera.


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