Ellas son «La Fortaleza»: Lucía Carballal, Mamen Camacho, Natalia Huarte y Eva Rufo

Y La Fortaleza también son:

Pablo Chaves (Escenografía y vestuario), Pilar Valdelvira (Iluminación), Benigno Moreno (Diseño de sonido), Elvira Ruiz Zurita (Videoescena), Pablo Carballal (Texto videoescena) y Aitana Sar (Ayudante de dirección).

Pero todos no cabían en el título. Los títulos de los artículos, de los posts… nunca hacen justicia al espíritu de equipo que transmite el teatro. Para ser impactantes tienen que ser cortos. Y ya se sabe: el impacto está sobrevalorado.

Aunque, eso sí, el concepto de “fortaleza” es poderoso por sí mismo.

Vuelvo entonces a la pregunta que no me suelta: ¿de qué puede hablar una obra cuyo título es este sustantivo femenino tan cargado de sentido? Puede hablar de la cualidad de ser fuerte; de un espacio protegido y preparado para la defensa; de legado y memoria; del anhelo de pertenecer; de qué hago yo con esto que me han encargado; de Calderón de la Barca; de disciplina… Quizás también de la convivencia entre actrices y directora, entre amigas.

Yo quise ser como Lucía Carballal, pero cuando estudiaba la carrera no teníamos referentes. Aunque lo de la falta de referentes empieza a sonar manido, quizá, porque ella tampoco los tenía.

Sin embargo, aquí la tenemos como lo que es: una de las dramaturgas más relevantes de nuestro teatro contemporáneoLas Bárbaras (2019), Los Pálidos (2023), Los Nuestros (2025), entre otras— construyendo su propia fortaleza desde un montón de aristas en las que se fusionan la parte personal, a través de la autoficción, y la experiencia de lidiar con la figura del padre ausente.

También con el reto de crear un diálogo actual a partir de El castillo de Lindabridis de Calderón de la Barca, con todo lo que implica moldear los clásicos a la manera de una. Algo que, a pie de texto y trayectoria —lo que de momento he podido descubrir hasta que vea la obra—, Mamen Camacho, Natalia Huarte y Eva Rufo hacen muy bien.

Las tres actrices formaron parte de La Joven, y después de la Compañía Nacional de Teatro Clásico, que, en el universo teatral, debe de ser como poner un pie en la luna. Ellas también son las que empezaron a construir, junto a Lucía, La Fortaleza, cuando el texto estaba en sus primeros borradores, y había que darle alas a un castillo volador.

A Natalia la quise abrazar todo el rato en Legado, porque Guadalupe —su personaje— me ponía un poco nerviosa; pero también me hacía empatizar muchísimo con su deseo de abrir un camino diferente y más justo. También en Querer, que me revolvió las tripas y me fascinó a partes iguales. En breve pondrá voz y cuerpo a la Leonora que Alberto Conejero ha creado para rendir homenaje a una mujer creadora que lo fue todo.

Está clarísimo que la Aixa adolescente sería presidenta del club de fans de Eva. A la Aixa adulta (más tranquilita) le basta, con por fin, poder verla en teatro. Y esto es muy importante para mí, porque ya sabes: esa charla a la que siempre vuelvo. En 2026, junto a María Morales, estrenará El nudo gordiano en el Teatro Español. Quizás, el próximo año, también vea la luz La Silla, su último proyecto en cine, basado en el best-seller de David Jasso.

Abro el Zoom y aparecen Lucía Carballal y Mamen Camacho. Y yo, de repente tan disociada como Lindabridis, pienso: ¿ahora qué? Pero vamos pa’lante: esto es un sueño.

Suspiran, pero sonríen. Entonces sé que todo irá bien. Es Lucía quien se atreve a romper el hielo: la primera en responder.

Aquí se plantea el primer reto, una de las tantas capas que se abren en La Fortaleza: conversar con el clásico, o más bien, a través de él. De alguna manera, Calderón de la Barca reta a Lucía Carballal —y me parece muy poético decirlo así— a llevarse a su terreno una de sus obras más representativas.

Ahora es el turno de Mamen. Su mirada sobre la obra se enraíza en un recorrido que comenzó en LaJoven y continuó después en la Compañía Nacional de Teatro Clásico. Para una actriz, este camino implica estudio, disciplina y un conocimiento que va más allá del verso o del teatro de texto; también atraviesa otros estratos de su propia percepción sobre la profesión.

Y, en ese cruce de trayectorias y preguntas, La Fortaleza ha sido para ella un proyecto clave:

Por orden: Eva Rufo, Mamen Camacho y Natalia Huarte son las actrices de La Fortaleza. Imagen de Sergio Parra. Fuente: https://teatroclasico.inaem.gob.es

El texto de La Fortaleza —editado por La uÑa RoTa y que recomiendo leer incluso antes de ver la obra— cobra vida gracias a las interpretaciones. En escena, Eva Rufo, Mamen Camacho y Natalia Huarte comparten un rasgo en común: las tres se relevaron en la Compañía Nacional de Teatro Clásico.

Para Lucía, este hecho no quedó en una simple anécdota, sino que se convirtió en un hilo del que tirar a la hora de concebir la dramaturgia:

Más allá de la idea de relevo, las tres actrices son la llave que abre los horizontes de La Fortaleza, invitando a recorrer las múltiples capas e interpretaciones que su texto encierra:

Desde la perspectiva de Mamen, convivir con Eva y Natalia a través de la mirada de Lucía no ha sido solo parte del trabajo, sino una pieza esencial de su proceso creativo: un recorrido que —como ella misma recuerda— comenzó mucho antes de que el texto existiera sobre el papel, cuando lo que se estaba gestando era también una manera de mirarse y acompañarse entre ellas.

Traspaso. Cambio. Observación. Movimiento. Para Mamen, todo suma. Y todo sigue en La Fortaleza:

Me quedo en esta parte de la honestidad y dejo de lado mi propio guion. Comparto con ellas mi historia, la que, en parte, me ha traído a concebir La Fortaleza como un espejo en el que mirarme.

Les cuento que la lectura del texto ha resignificado para mí el concepto de ausencia, y, más concretamente, la naturalización de esa ausencia. Me adentro un poco en mi pasado y hablo de mis pérdidas. Lejos de plantear un drama, ocurre algo muy bonito entre las tres: se despliega una complicidad que nos permite poner sobre la mesa otra de las capas —la que más me conmueve— de la obra: la figura del padre ausente.

La Fortaleza es Lucía Carballal en primera persona, y su padre, Jesús Carballal, arquitecto de éxito, uno de los protagonistas de un relato que se muestra a ratos irónico, otras veces resignado; en algunas partes triste, en otras luminoso.

Justamente sobre el relato familiar y mientras le doy forma a la entrevista, recuerdo una charla reciente con mi chico sobre esta idea de la “nueva paternidad”, que, en el fondo, no es más que ejercer lo que eres: padre.

Al hilo de esto, la autora plantea una reflexión interesante sobre un problema que muchas hijas e hijos de su generación experimentaron, y del que se ha servido para dar forma a su obra más personal:

Para Mamen, Lucía es dramaturga y directora, pero por encima de todo amiga. En este punto, la pregunta es muy directa: ¿qué ha supuesto para ti abordar un tema tan personal de alguien tan cercano como ella?

Eva, Mamen y Natalia durante la representación de La Fortaleza. Imágenes de Sergio Parra. Fuente imagen: http://www.festivaldealmagro.com

Sin perder la intimidad del momento, Lucía recoge el testigo de Mamen y hace brillar otro de los matices del texto: el que se sostiene en la entrega de sus tres actrices.

Ahora mismo, los modernos dirían que estoy en mi peak, pero yo —como buena intensita— prefiero decir que estoy a tope de emoción. No sé si es por tener a Lucía y a Mamen al otro lado, porque la conexión con la obra me resulta tan potente que quiero seguir descubriendo, o porque se me junta un poco todo. Sea como sea, hay que continuar. Este es el momento de poner en valor el trabajo en equipo.

Vamos con la parte técnica: la que se ve y se escucha, la que convierte a La Fortaleza en una experiencia que va más allá de la palabra. Empezamos por la escenografía:

Seguimos con el sonido, un elemento que me encanta reivindicar y que, en este proyecto, late —valga la redundancia— con una fuerza especial.

Por aquí se cuela otra baza escénica imprescindible: la iluminación y su diálogo con la parte audiovisual, que a lo largo de la obra va adquiriendo un papel cada vez más relevante.

Lucía se detiene un momento para explicarme cómo la dramaturgia y el trabajo escenográfico se funden en una misma pieza, tomando la teoría del teatro del Siglo de Oro y trasladándola al universo que ella y su equipo han creado.

Otro de los trabajos de las actrices sobre las tablas consiste, precisamente, en relacionarse con los elementos de la escena. En el caso de Mamen, plantea un segundo acto cuyo tono es, por decirlo de alguna forma, más educativo.

Por eso le pregunto cuánto ha influido para ella el contacto con todo lo que nutre La Fortaleza:

Mamen Camacho en una de las escenas de La Fortaleza. Imagen de Sergio Parra. Fuente imagen: teatroclasico.inaem.gob.es

Desde su estreno en el Teatro de la Comedia de Madrid en 2024, La Fortaleza ha logrado un éxito unánime de crítica y público, lo que ha permitido que su viaje continúe. Tras su paso por la última edición del Festival de Teatro Clásico de Almagro, la función inicia ahora una gira que hará parada en mi terreta, València, y en otras ciudades como Sevilla o Valladolid.

Aunque reponer o girar puede parecer el camino habitual de un proyecto teatral, no siempre es así. Gracias a las múltiples dimensiones que aborda la obra, esta consigue conectar con el público de manera directa y profunda.

Así lo cuenta su autora:

Esta emoción también trasciende a Mamen, quien narra así la relación que se está estableciendo con el público desde que comenzó la obra:

Y ahora, sí, con un poquito de pena y para poner el broche final a este tremendo paseo por La Fortaleza, se me ocurre cerrar la charla con una pregunta que les permita imaginar otros mundos posibles juntas: si pudiérais reuniros las cuatro en un proyecto completamente distinto, uno que no tuviera nada que ver con lo que ya habéis hecho, ¿cómo sería?

Mamen coincide con Lucía y se deja llevar por la idea… pero, sobre todo, por la sorpresa:

Ojo que todavía no hemos terminado, Lucía tiene una más y Shakespeare hace acto de presencia:

La Fortaleza es una obra de Lucia Caraballal. Imagen de Sergio Parra.
Fuente imagen: http://www.gulliveria.com

Por supuesto, este patrón se ha vuelto a repetir con las voces cercanas de Lucía y Mamen, que han sido un amor conmigo. Gracias también a la Compañía Nacional de Teatro Clásico por hacerlo posible.

Del 16 al 19 de octubre, el Teatro Rialto de València se volverá un lugar mejor porque lo pisarán Eva, Natalia y Mamen bajo la mirada y la mente audaz de Lucía. También con el trabajo de un equipo que se une para contarnos esta historia de ruinas, ausencia, reflexión, y, creo, también de esperanza. Después, seguirán girando hasta Sevilla y Valladolid.


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