Antes de empezar a escribir esta introducción, estoy contestando un e-mail para cerrar otra entrevista en la que ha aparecido el famoso concepto del síndrome del impostor. Y pienso en cómo este término se ha instalado —sin pedir permiso— en la mente de todos los que nos dedicamos a alguna forma de creación.
Le doy un par de vueltas y entonces me parece buena idea hilarlo con la valentía, que va a estar muy presente en las siguientes líneas gracias a los protagonistas de esta charla. A través de su nuevo disco, Si hubiéramos sido más valientes, me han hecho pensar en las veces que no me atreví a hacer algo; y, después de tantas escuchas, siento que, de alguna forma, ya puedo ponerle banda sonora a aquellos conatos de valentía que no llegaron.
Después de esta autoexploración repentina, que nadie me ha pedido, empieza lo bueno: la banda malagueña, formada por Lucas Bauer, Gabriel Bauer, Abel Asensio y Fernando Gallardo, debuta en 2014 con Azul eléctrico y, desde entonces, su propuesta transita por diferentes sonidos que exploran atmósferas diversas desde el rock y la experimentación. Tras el lanzamiento de Otra vuelta al sol (2018) y el espléndido La salvación (2022), BAUER busca trascender con una propuesta que confirma su buen camino como grupo: llevando más allá el mensaje, agarrando con orgullo sus canciones y regalándolas a quien quiera descubrirlas.
Hay que ser valiente, sí, pero también muy generoso.
Charlar con Lucas ha sido como tener delante a un colega que disfruta de lo que hace. Ojalá poder transmitir todo eso en las siguientes líneas porque, para mí, los BAUER ya son casa.
Lo primero que le digo a Lucas nada más verlo aparecer en pantalla es que ayer escuché un tema de BAUER en el Mercadona. Se ríe y me cuenta que no soy la primera que se lo dice… con lo original que me parecía entrar así, pienso yo. Así que, manteniendo el espíritu de este espacio, voy al lío.
Evito que se presente; al fin y al cabo, la esencia de la banda está en lo que hacen.
Quiero saber qué es para él Si hubiéramos sido más valientes.
Para mí «Si hubiéramos sido más valientes» es el mejor disco que hemos hecho de los cuatro que tenemos. Son diez temazos; no hay ninguno de relleno. En todos los discos —no solo los nuestros, sino en general— siempre hay canciones que funcionan mejor y otras que están ahí para completar. Pero en este caso siento que todas tienen su sitio.
No quiero abusar del adjetivo valiente —llevo usándolo desde la introducción—, pero sí me interesa entender si, para Lucas y el resto del grupo, este álbum tiene algo de eso.
Creo que es un disco valiente, porque hemos cambiado ciertas cosas con respecto a los anteriores y hemos trabajado muchísimo en la preproducción. Es un disco que, si le llega a la gente, puede gustar a un público bastante amplio.
Más adelante hablaremos de lo que supone crear música en la era del streaming, pero saco el tema ahora porque tengo la sensación de que quienes se atreven a lanzar discos todavía lo hacen movidos por algo más que la inercia: un concepto, una búsqueda, una forma de mirar el mundo.
En el caso de BAUER, ese impulso va un paso más allá. En este álbum se la juegan y dejan que sean las propias canciones las que marquen el rumbo:
El álbum no nace de un concepto concreto. Empezamos a componer y fue surgiendo solo. Hay discos conceptuales, pero este no lo es. No nos sentamos a decir: “Vamos a hacer un disco que hable sobre esto”.
Simplemente fuimos componiendo y las canciones nos llevaron a ese punto.
Una cosa que siempre me despierta curiosidad —y que casi siempre se me olvida preguntar— es dónde van esas canciones que se descartan. ¿Existe un Narnia para las canciones olvidadas?
En nuestro caso normalmente las canciones que descartamos se olvidan. Yo me encargo de la preproducción, así que las tengo guardadas en mi estudio, pero casi nunca las vuelvo a escuchar, aunque debería.
Nuestra forma de trabajar es sencilla: hacemos un primer filtro nosotros y luego otro el productor, que suele ser más tajante. Al final, cuando haces una canción te acostumbras a oírla, la ves con cariño, pero él llega desde fuera y juzga con más distancia.
¿No te dan ni un poquito de pena, esas que se quedan a medio camino?
Personalmente, pienso que si una canción se ha descartado una vez, no tiene sentido reutilizarla. Si no ha funcionado, prefiero hacer una nueva. A veces el productor busca mantener una línea coherente entre todas las canciones, y puede que alguna que me guste mucho se quede fuera porque se va a otro terreno: más rockero, más electrónico… Si en algún momento hacemos un disco más cercano a ese tipo de sonido, quizá la rescataríamos. Pero por ahora, ahí se quedan.
Como toda banda, ellos también tiene su proceso creativo, algo que a mí me fascina descubrir. Le pido a Lucas que me explique cómo es el de ellos y cómo ha sido el camino hasta llegar a esta delicia de disco:
Yo compongo toda la música y también las melodías vocales. Hago la instrumentación completa —batería, bajo, guitarras, teclados— y luego lo maqueto en mi estudio. Se lo mando al grupo, elegimos las canciones que más nos gustan y, de esa selección, se las mandamos a Pablo Cebrián que en este caso ha sido nuestro productor, y él hace un nuevo filtro.
En este disco debimos tener unas treinta canciones y acabamos grabando nueve. De esas, una se cayó al final porque no nos terminaba de convencer, e hicimos dos más en el estudio casi exprés, en un par de días.
Para mí «Si hubiéramos sido más valientes» es el mejor disco que hemos hecho de los cuatro que tenemos.

Dentro de este proceso creativo, como en cualquier viaje de introsprección, también pueden aparecer momentos de bloqueo: esos instantes en los que las ideas parecen esconderse o las canciones se resisten a nacer. ¿Cómo los afrontáis?
Claro que hay momentos en los que te estancas. En discos anteriores nos ha pasado mandar treinta canciones y que Pablo se quedara solo con dos. Es un golpe, pero confiamos mucho en su criterio musical. Si él dice “estas dos”, solemos hacerle caso.
Alguna vez hemos insistido con alguna canción que nos encantaba, pero en general respetamos su selección. Al final, componer no es como cocinar; no puedes forzar la inspiración. Trabajar todos los días ayuda, pero las buenas canciones no nacen de la obligación, sino de un momento de inspiración.
En este disco, por suerte, de las veinte o treinta canciones que teníamos se seleccionaron nueve, y Pablo coincidió bastante con nuestras favoritas, así que salimos contentos.
Venís de tres álbumes anteriores, cada uno explorando distintos sonidos y etapas, siempre con una identidad muy marcada. La Salvación era más introspectivo; Si hubiéramos sido más valientes, en cambio, se siente más expansivo. ¿Es una evolución natural o una propuesta completamente nueva?
Creo que ‘Si hubiéramos sido más valientes‘ es una evolución. Cambia un poco el estilo y la voz también. En este disco hemos bajado los tonos; la voz es más grave, menos chillona. A Gabriel le queda mejor así, se siente más cómodo y suena más natural.
¿Y qué me dices de las canciones?
Las canciones son más directas. No hay grandes partes instrumentales; la voz entra casi desde el principio. Pienso que hoy en día tienes treinta segundos para enganchar a quien te escucha. Hay tanta música que tienes que ir al grano: una melodía pegadiza, un estribillo pronto. Eso buscábamos, canciones que atrapen rápido y a la vez nos gusten a nosotros.
Siempre que tengo la fortuna de entrevistar a músicos, no puedo evitar adentrarme en la dimensión visual de su proyecto. En el caso de BAUER, veo nuevas formas de explorar esta vertiente: portadas que se sostienen en colores cálidos, ilustraciones realistas y elementos reconocibles.
Quiero saber de dónde nace todo esto:
El responsable de toda la parte visual es Álvaro Pérez Fajardo. Le mandamos las canciones y le dijimos: “Haz lo que te dé la gana”. Él está siempre liadísimo, hace portadas para un montón de artistas, pero cuando empezó con el boceto del chico en la bici —vestido de superhéroe en una carretera desierta— le gustó tanto la idea que decidió seguir adelante.
Creo que refleja perfectamente el concepto de ser valientes: un chico en bici, solo, pero con su capa, avanzando. Hemos hecho merchandising con las ilustraciones y ha quedado precioso. El uso del color es brutal; el vinilo, en azul, quedó chulísimo.
¿Y en qué os ayuda a vosotros trabajar con un perfil cómo el de Álvaro?
Álvaro es muy claro: no te pregunta veinte veces, te dice “tiene que ir en azul, porque es así”. Y a mí eso me encanta. Cuando haces un disco tienes mil cosas en la cabeza, y es genial que alguien externo te diga con convicción cómo debe ser. Es parte de su arte también.
Me revienta tener que pasar de hablar de creatividad a hacerlo de algoritmo, pero hoy en día es lo que toca. BAUER es una banda independiente que se ha trabajado sus cuatro discos y, a día de hoy, se mantiene firme con su propuesta en esta industria tan interesante como incontrolable.
Toca ir al grano: ¿cómo se sobrevive siendo indie de verdad?
Todo ese tema del algoritmo, las playlists, los oyentes mensuales… me parece un rollo. Hay mucha competición por ver quién tiene más oyentes, quién entra en más playlists. Pero mucha gente no sabe que puedes tener 200.000 oyentes mensuales solo por estar en cuatro listas grandes. Luego haces un concierto y no va esa gente.
Conozco grupos con cifras altísimas por colaboraciones o algoritmos, y luego no llenan salas. Es una competición que sirve para enseñar en redes, pero la realidad es otra. Antes, si vendías discos, esa gente iba a tus conciertos. Ahora te escuchan como quien pone la radio: pasa una canción, luego otra, y ya está.
Lo de los oyentes mensuales es un temazo y, de algún modo, rompe un poco la magia de crear, ¿no crees? Cada vez hay menos propuestas de gente que se atreve a sacar discos completos; muchos prefieren lanzar canciones sueltas:
Sí y lo entiendo. Cada vez que lanzas una canción, Spotify te hace promoción. Si sacas un disco, te da visibilidad una vez y ya está.
Para los grupos emergentes, eso de compararse todo el rato es una presión innecesaria. Al final todo se mide en seguidores, likes, métricas… y no sé hasta qué punto tiene sentido en el arte.
Como uno de sus temas, este es el comienzo del final de la entrevista y las palabras de Lucas sobre el algoritmo me vienen genial para enlazar con lo siguiente: los festivales. Siento que el streaming es a la música lo que los festivales son al directo. Le cuento que, aunque me encanta el concepto de festival, he dejado de ir, porque, irónicamente, dejé de disfrutar de la música.
En este punto, él tiene una visión muy clara:
Los festivales están bien porque te dan visibilidad, pero te obligan a tocar un tipo de repertorio. Tienes cuarenta minutos y un público que muchas veces va a pasarlo bien, no necesariamente a escucharte. Nosotros tenemos canciones más tranquilas que no encajan ahí, porque la gente se aburre.
En cambio, tocar en salas es mucho más reconfortante. Ahí puedes hacer el concierto que quieres, con las canciones que más te gustan. En los festivales tocas lo que mejor funciona; en sala tocas lo que mejor representa al grupo. Aun así, me encanta tocar en festivales; te tratan de lujo, el público ya está allí. Solo que, desde el punto de vista artístico, una sala tiene otra magia.
En el directo, todo el ADN de BAUER se traduce en sonido y emoción; cada canción lleva consigo la esencia de la banda, viva y palpable para quien escucha.
Sobre su próxima gira, Lucas comenta:
Justo ahora estamos preparando la gira. Si no tocamos el disco entero, quedarán fuera una o dos canciones como mucho. Y sí, cualquier músico te dirá lo mismo: es más gratificante tocar en tu propio concierto, donde la gente va a verte a ti, no a pasar el rato.
Ahora mismo estamos preparando nuevas fechas. Imagino que Málaga y Madrid seguro, y ojalá Barcelona, Valencia y Sevilla. A ver cómo sale.
Y para cerrar, quiero lanzar una pregunta que, aunque seguro que ya les han hecho, en mi cabeza suena perfecta: si hubiérais sido más valientes, ¿qué habríais hecho?
Cuando planteamos el título del disco, pensaba en esas cosas que habríamos hecho si hubiéramos sido más valientes. Hace poco fui yo el que hice esa pregunta en un festival y la mayoría de la gente me decía que habría viajado más cuando era joven. Coincido con eso.
Quizá yo también habría viajado más cuando tenía tiempo. No sé si por falta de valentía o simplemente por las circunstancias, pero sí me habría gustado.
Ahora que termino de maquetar la entrevista y suena Aún hay fuego, uno de mis temas favoritos del disco en el que colaboran con Conchita, me doy cuenta de lo importante que es no dejar de descubrir nuevas voces. La de BAUER, que ya conocía, se ha convertido para mí en un lugar al que acudir cuando quiero refugiarme en mis propios ratos, en mi yomimeconmigo. Me encanta cómo la música se hace presente así, tan capaz de acompañarnos.
Si te apetece desconectar un rato de playlists y algoritmos, tienes por delante los cuatro discos maravillosos de BAUER; este último, una propuesta honesta y, por supuesto, valiente.
El próximo 8 de noviembre tocarán en el teatro MVA de Málaga, con entradas gratuitas a partir del 1 de noviembre. Desde aquí, les deseo una gira que les traiga a la terreta con doble objetivo: conocerles y disfrutar de sus temas en directo.
Tras esta charla, solo se confirmó lo que ya intuía: BAUER vinieron para quedarse.



