A veces siento que soy un caos creativo y que debería regirme más por las leyes de lo académico, por eso que los gurús de la comunicación llaman productividad.
En este espacio, sin embargo, todo nace de algo tan pequeño y propio que sostener un ritmo alto de creación de contenido —ese puto concepto que no soporto— se vuelve imposible. Las responsabilidades de adulta me sobrepasan y, a veces, me cabreo con ellas, porque ojalá pudiera pasarme el día entero escribiendo lo que se me viene a la cabeza.
El caso es que hoy no tenía previsto publicar nada, pero Información Sísmica, el nuevo disco de Chica Sobresalto, ya está fuera, y he temblado tanto en la primera escucha que casi sin ordenar las ideas, me he abierto el bloc de notas y he empezado a soltarlo todo.
Pero este arrebato creativo no es la primera vez que me ocurre con ella. Ya lo hice con Sobresalto (2017), cuando Maialen todavía estaba en la academia de Operación Triunfo, y con Sinápsis (2021), un segundo álbum bellísimo de tonos pastel y sistema nervioso. Cuando lanzó Oráculo (2023) no escribí nada porque no tenía un lugar donde publicarlo, pero, de vez en cuando, le canto a Rubén esos versos de El Milagro: “Solo creo en Dios cuando te miro a la cara… solo creo en fantasmas cuando te vas de la cama”.
En resumen, que desde que descubrí a aquella chavala en mi programa favorito del mundo, con su guitarra al hombro y sus canciones, supe que me iba a dar muchos motivos para escribirle… y menuda suerte la mía.
Entra en Bragas es la canción que abre las puertas del búnker sonoro que es Información Sísmica. Y hablo de búnker en positivo porque me flipa el concepto de encerrarme de repente en ese sonido que Chica Sobresalto nos propone. Me da igual que no haya ventilación: solo quiero cerrar los ojos y bailarme el beat inicial, electrónico y repetitivo, que evoluciona hasta un instrumental que culmina con su voz diciendo: “Solo esto me hace feliz y no quiero hacer nada más”. Se me ocurre darle las gracias por la generosidad de dejarnos entrar en su nuevo universo.
Llorando con Bad Gyal es el segundo tema del disco, con tintes más poperos, quizás similares a lo que escuchábamos en Sinápsis, y que también son su esencia. La capacidad de nadar en el fango absoluto con unas letras que eluden claramente procesos vitales complicados (por no utilizar términos médicos que no conozco), y que se acurrucan en un sonido enérgico, forma el contraste más puro de la música y su sentido: el conjunto de lo que se vive con lo que se escucha.
Desamor es el tercer corte y, para mí, la mejor canción del disco y una de las mejores de toda su discografía. Porque no es solo una cuestión de lo que se cuenta, sino de cómo lo cuenta.
De hecho, si sigues un poco su carrera, como yo lo hago, y te fijas en sus intervenciones —tanto en redes, entrevistas, o en el podcast que comparte con Samantha Gilabert, Triunfitas con traumitas (un espacio seguro, alejado de Twitter, para los fans de OT y de la vida en general)— te percatas rápido de que Maialen escribe desde la honestidad, precisamente defendiendo que lo único importante son las canciones. Y efectivamente, esta es LA CANCIÓN.
La ruptura escrita en primera persona se sostiene sobre una atmósfera sonora que nos remite a un ritmo sostenido, como un bombo de batería, con delicadeza pero con ese mood vitamínico de querer tirar para adelante. Qué importante es escuchar la identidad del artista mientras somos conscientes de su evolución. Aquí, en Desamor, convive todo lo que para mí es ella, y creo que ese es el verdadero éxito… si es que el éxito existe, claro.
Amor, por su parte, es el contraste perfecto de su predecesora en el disco: el antónimo del dolor, siguiendo una estela parecida a Desamor, hasta el punto de que podrían funcionar como un pequeñito EP formado por los dos temas. Como un pastillero emocional que sirviese de tratamiento para el corazón.
Es una carta a la amistad, que no tantas veces está presente en el proceso creativo y que, sin embargo, resulta luminoso escuchar porque consigue que te identifiques. Mientras sonaba Amor en mis auriculares pensaba en Marta, Maria, Coral, Soraya, Carmen, Bea, Vivi, Gemma… y en la importancia de sostenernos las unas a las otras.
Y justo después he saltado conscientemente a Mala feminista —la canción que Chica Sobresalto presentó al Benidorm Fest 2024— y he caído otra vez en mis propias contradicciones como mujer que intenta sobrevivir con dignidad a los vaivenes de sus pensamientos y al sistema chungo del que forma parte. “A veces quisiera ser un poco menos yo y más como cualquiera”. Pues dilo, reina.
«Información Sísmica«, el nuevo disco de Chica Sobresalto, ya está fuera, y he temblado tanto en la primera escucha que casi sin ordenar las ideas, me he abierto el bloc de notas y he empezado a soltarlo todo.
Vuelvo para atrás y me paro en Bella Rareza. Bajamos las pulsaciones con una intro a piano, mezclado con algo que me resuena a sintetizador (mis disculpas por no ser muy capaz de describirlo técnicamente). El instrumental va in-crescendo hasta convertirse en una pieza que me transporta a la calma tensa de la electrónica suave, para luego virar hacia un estribillo con una cadencia más pop-rock, llevándome, por ejemplo, a algunos temas de Zahara, claro referente de Maialen en su trayectoria.
Y entonces suena Bienestares y Malestares, que toma de nuevo el recurso narrativo de la primera persona y el juego que dan los conceptos contrarios. Porque eso es lo que somos, amigas: pura contradicción, un concepto sobre el que Chica Sobresalto escribe sin tapujos. Esto también se hace presente en Fuera de la fiesta y su reflexión sobre la industria, las redes, el postureo, los números… nada de esto nos interesa, pero nos lo comemos con patatas. Ella se desahoga escribiéndolo, yo me desahogo escuchándolo. Así que todo fenomenal.
Me va entrando el bajoncillo de saber que me quedan tres canciones (aunque luego volveré a ponerme el disco entero), y para mi sorpresa aparece el noveno tema, Casa 16, que antecede a Virgen de la Luz. Se me vuelve a ocurrir esa idea de EP aislado formado por dos canciones que mencionaba antes, y si tuviera que titular este, sin duda sería: ORIGEN.
La primera vez que escuché Virgen de la Luz —fue uno de los avances de Información Sísmica— me sorprendió la propuesta, y reconozco que me costó un poco conectar con la canción. Me imagino que era porque me sentía un poco fuera de la historia, pero conforme la escuchaba, me retumbaban canciones magníficas como Nana del Mediterráneo, de Maria José Llergo; alguna de las tantas preciosidades que escribe Valeria Castro, como la corriente; o una muy concreta de Anaju, titulada Carbón. Seguramente, sin tener mucho que ver en lo que al sonido se refiere —igual que Virgen de la Luz y Casa 16— se da aquí un signo de pertenencia y de cultura que me parece interesante poner en valor entre tanto ruido y algoritmo.
Llego al final con Primeros Auxilios, el tema que cierra el disco, y visualizo a la Maialen —ya ves tú, como si fuese su amiga— que limpiaba colegios para autoproducirse su primer disco: Sobresalto. Luego me recuerdo escuchando Menosperdida (un tema de este primer álbum) y recordando aquella cosa que escribí entonces, que quizá algún día rescate aquí.
Siguen sonando estos Primeros Auxilios y creo que no ha cambiado mucho la cosa para ella. Su banda de entonces sigue acompañándola, y también su apuesta por ser independiente y no formar parte del circo que intuyo que es una major. Es cierto que ahora le abrazan Santos & Fluren, unos productores fantásticos, seguramente los mejores y más entendidos en estos códigos del indie, pop, rock… no sé, dan igual las etiquetas si lo que escuchas te revuelve.
Y a mí escucharla a ella me revuelve tanto como la primera vez.
En definitiva, Información Sísmica es un disco bello y honesto, bien producido y empaquetado para crear una experiencia. Pero, de nuevo —y como siempre ocurre con Chica Sobresalto—, lo único que importa son las canciones.



