Lola Eme, cuidar lo imperfecto

Desde siempre he necesitado que la música me pellizque, porque no concibo otra forma de escucharla.

Y me refiero a escucharla de verdad. Porque claro que me encanta cuando los auriculares me revientan con bailes torpes de reggaeton antiguo o con alguno de esos hits discotequeros que piden pista. Pero creo que el acto de escuchar va mucho más allá de cualquier pelotazo momentáneo. Requiere pausa y respiro.

Lola Eme es cantautora, y con solo veinte añitos tiene muy claro que esto de hacer canciones no es una anécdota para ella. Desde pequeña, su relación con la música ha sido estrecha: sus padres y sus ganas de aprender fueron clave para despertarle la curiosidad, que después ha ido alimentando a base de escribir, cantar y, por supuesto, escuchar.

También Jesús, su profe de música de toda la vida, ha tenido un papel importante: además de amigo, es una especie de sensei musical que la acompaña y la ayuda, aportando criterio y cuidado. La importancia de rodearse bien.

En 2024, Lola participa en La Voz dentro del equipo de Pablo López y llega a la final, culminando así una experiencia que le permitió compartir escenario con artistas como Dani Fernández o Vanesa Martín. Pero, sobre todo, marca el punto de partida de su propio proyecto musical: tres canciones publicadas hasta ahora que empiezan a vislumbrar un futuro con mucha música, sí, pero sin perder la autenticidad.

Estos días, que se habla tanto de LUX, el nuevo disco de Rosalía —que es fantástico—, pienso mucho en el valor de la escucha. Y mientras suenan las canciones de Lola Eme, me llega esa energía suya: el abrazo cálido que tanto desea dar y que no solo transmite a través del sonido, sino también de las palabras.

Porque al final, todo consiste en eso: crear para no perder nunca las ganas de escuchar.

Te invito a descubrirla.

A pesar de estar atrapada en un tremendo resfriado, Lola me lo pone muy fácil desde el primer minuto de nuestra charla. Se lo agradezco, porque nunca me cansaré de valorar que alguien me dedique su tiempo y quiera formar parte de esto.

Así que antes de ponernos en modo intenso, le lanzo la primera pregunta, afinadita como las cuerdas de una guitarra.

¿Quién es Lola Eme? Y desde aquí, todo fluye.

De entrada, me desmonta un poco la idea que tenía en la cabeza: yo, que venía dispuesta a descubrir un alter ego musical, comprendo enseguida que no hace falta. Ella deja muy claro que no hay nada que diferenciar, y por eso quiero saber cómo fueron sus inicios en la música y de dónde viene ese destello que la acompaña desde siempre.

Aunque enseguida nos adentraremos en su música, hay que destacar que sus referentes son muy diversos y se han ido forjando gracias al imaginario musical de su casa y a los descubrimientos que, con el tiempo, ha ido haciendo con paciencia y curiosidad.

Eso sí, tanto el rock como la música de autor toman la delantera en su universo sonoro:

Reescucho la grabación de la entrevista y salen a la palestra nombres como Joaquín Sabina o Los Secretos. Después me voy a ver algunos de los clips de su paso por La Voz y aparecen Morgan o Amaral. Entonces imagino alguno de sus temas dentro de esa playlist vital que ella misma empieza a construir sin darse cuenta.

Es el momento, entonces, de hablar del proceso creativo:

Aprovecho su respuesta para preguntar por esos temas que se quedan a medias. Me contaba Lucas, de Bauer —una banda malagueña que te recomiendo muchísimo—, que para ellos las canciones descartadas se quedan ahí: en el descarte. Rara vez las recuperan. Su visión me pareció tan interesante que, desde entonces, tengo mucha curiosidad por saber qué hacen otros músicos con ese material que no termina de cuajar.

En el caso de Lola, ¿esas canciones que se quedan a medio camino van a un limbo o existe alguna posibilidad de rescatarlas algún día?

Rescatadas o no, las canciones exigen una implicación máxima a la hora de ser escritas. Historias propias o ajenas que encuentran su banda sonora, y una labor que para muchos artistas se convierte en una forma de autoterapia.

En el caso de Lola, la composición va más allá de alimentar un proyecto: es un ejercicio de encuentro consigo misma del que, además, se siente profundamente orgullosa.

En todas las disciplinas culturales —y en la música, quizá con especial intensidad— trazar tu propio camino es un ejercicio complejo que exige esfuerzo, voluntad y, por qué no admitirlo, también una pizca de fortuna.

Para Lola, que creció en un hogar lleno de música y entendió su lenguaje desde muy pequeña, el recorrido ha estado lleno de aprendizajes. En 2024, con apenas dieciocho años, consiguió girar a los cuatro coaches del programa en el que participaba: Pablo López, Antonio Orozco, Malú y Luis Fonsi —ahí es nada—.

Así, pasito a pasito y llegando hasta la gala final, vivió una experiencia que, inevitablemente, la marcará de por vida:

Supongo que participar en un programa de tanto éxito implica abrirte en canal y vivir cada momento con una intensidad enorme. ¿Con qué te quedas de todo aquello?

Para los espectadores, este tipo de talents pueden resultar contradictorios: por un lado eres testigo del arte más puro y, por otro, puedes pensar que no dejan de ser una fábrica de cantantes con un objetivo meramente comercial.

Lola, sin embargo, valora su paso por La Voz como una aventura en la que pudo sentirse artista sin perder la inocencia propia de su edad:

Y ahora que otros programas, como Operación Triunfo, vuelven a estar de actualidad, me pregunto: ¿te presentarías?

Para ella, y con esa elocuencia tan suya, este es el pistoletazo de salida de un concepto que apenas comienza a gestarse:

Cualquiera que se acerque a escucharla entenderá rápidamente la importancia de las letras en su música y el pulso que marcan en su manera de crear. Pero lo interesante de su propuesta no se queda ahí: también está en lo sonoro.

Moldeable, cambiante, viva. Sin tener todavía muchas nociones de producción, y como filosofía que atraviesa todo su proyecto, Lola se ha rodeado de figuras que aportan a este concepto que ella misma define como suyo:

¿Y cómo es tu trabajo con ellos?

Ya hemos hablado de componer, producir y lanzar, pero ahora quiero detenerme en el directo: ese instante en el que el público empieza a hacer suyas las canciones. Aunque me has dado algunas pinceladas sobre tu experiencia en La Voz, ¿qué significa para ti subirte a un escenario?

Una de las cosas que más me gusta de charlar con artistas emergentes es darles una licencia imaginaria: la oportunidad de soñar cómo sería su espectáculo perfecto.

Intuyo que, en el caso de Lola, la atmósfera irá por la senda de lo honesto… pero prefiero que sea ella quien me lo cuente:

Tener a la gente que quiero en el escenario, apunta. Si indagas un poco en las redes de Lola Eme, una de las primeras cosas que se perciben es cómo funciona su mecánica de trabajo: rodearse de un buen equipo. Y, en su caso, ese equipo son sus amigos.

En la intro hablaba del poso que ha dejado Jesús, su profe de música de siempre, y cómo ella ha tomado eso como referencia para construir un entorno que no solo sea rico en creatividad, sino también en cuidado personal.

Con la filosofía del “pico y pala” que su madre le recuerda cada día, Lola tiene muy claro quién está llamado a formar parte de su periplo musical:

Y teniendo en cuenta la importancia que hoy en día tiene la imagen en redes sociales para cualquier proyecto musical, le pregunto: ¿cómo trasladas todo este imaginario visual al formato efímero de las stories, reels y demás contenidos digitales?

Sin dejar de mirar a las redes sociales —que no sé si por suerte o por desgracia son el escaparate en el que nos fijamos cuando descubrimos nuevas propuestas como la de Lola— me apetece adentrarme en cómo concibe ella la industria y hasta qué punto los números y el éxito son un quebradero de cabeza o una motivación para no naufragar en el intento.

Como cierre y mientras escribo esto, está terminando de sonar Alguna vez que acaba de salir en todas las plataformas de streaming así que la pregunta es obligada: ¿qué tipo de artista te gustaría ser?

Vuelvo al principio y retomo esta idea de escuchar que nos ha traído, a Lola Eme y a mí, a una conversación sobre música. De lo enriquecedor que es que alguien con tanta ilusión y naturalidad te explique su movida. Tan joven y, a la vez, con una intuición envidiable.

Sin miedo a crecer y caer. A cambiar de opinión y seguir evolucionando. De sus canciones, que son como la yema del dedo lento sobre la mejilla cuando todo está torcido.

Ella apela a lo íntimo, a lo sincero, a lo cálido, a lo imperfecto incluso… Mi opinión después de descubrirla es que eso ya lo tiene, lo ha conseguido. Ahora, como diría su mami, toca seguir en el “pico y pala”, desde la tranquilidad de saber que esto no deja de ser un juego.


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