Alex Gadea escribe la historia que siempre quiso contar

Darle todo lo que tienes a lo que haces tiene un riesgo: empezar a normalizar las cosas bonitas que te pasan. Y en un territorio creativo —como pretendo que sea este rinconcillo virtual—, la norma me parece un rollo.

Quizá por eso esta conversación se salta cualquier convención. Desde el principio siento que estoy delante de un colega al que hace tiempo que no veo, y esa sensación lo coloca todo en su sitio.

Alex Gadea es actor. Valenciano afincado en Madrid. Valencianista en territorio hostil (hablo de fútbol, no de geopolítica, tranquilos todos) y humano que rinde pleitesía a Randy, Betty, Teo, Chelito y Federico: sus gatos.

Ahora también es la raíz de Un viaje sin retorno, su primera obra de teatro como autor, que comparte con la también actriz y productora Ana Ruiz. Juntos cuentan la historia de Chelito y Federico —sí, de ahí el nombre de los dos últimos gatetes—: dos personajes que hacen de la comedia su forma de vida mientras la vida, con todo lo que tiene de complicada y universal, pasa a su alrededor.

Podría ponerme a enumerar uno por uno todos los proyectos en los que ha estado inmerso a lo largo de su extensa trayectoria como actor (alguna pincelada daré, claro), pero esa información hoy está a golpe de clic. Lo verdaderamente interesante —creo— está en hablar de pulsión creativa, del valor del teatro, de cómo se le entrega el cuerpo y el alma a un personaje y, sobre todo, de si la vida cambia cuando por fin escribes la historia que siempre has querido contar.

Alex está en algún punto de la sierra y yo en mi laboratorio de ideas. Pero prefiero imaginar que estamos en un bar cerca de Mestalla, divagando sobre si hoy ganaremos.

Empieza el tiki-taka. Vamos con la primera pregunta, la que engancha y espanta a partes iguales y que no puedo dejar de hacer: ¿quién es Alex Gadea?

Alex es hoy uno de los rostros más reconocibles de la pequeña pantalla y de nuestra escena. Antes de todo eso hubo una adolescencia marcada por la desmotivación propia de la edad y, sobre todo, por un amor a primera vista llamado teatro:

Tardó poco en encontrar en las artes escénicas ese cosquilleo que otras asignaturas nunca le despertaron. Hablando de ello, coincidimos en que el teatro, como herramienta pedagógica, debería ser, si no obligatorio, al menos optativo, por su valor en el desarrollo social, creativo, corporal y físico.

Para él, descubrirlo fue un punto de inflexión: ahí empezó todo.

La terreta —Alzira como lugar de nacimiento y València como escenario de crecimiento— es su hábitat natural. Pero al poco de empezar a formarse, a Alex le tocó hacer la maleta para mudarse a Madrid para continuar sus estudios y dar sus primeros pasos como actor: publicidad, pinceladas de teatro y personajes episódicos en series que, por aquel entonces, reventaban los medidores de audiencia, como El Comisario u Hospital Central.

Fue, sin embargo, una producción made in València, L’Alqueria Blanca —nuestra serie autonómica más exitosa—, la que lo puso frente a frente con Diego: un personaje de largo recorrido que lo acompañó durante años y que, de algún modo, encendió la mecha de todo lo que vendría después.

A partir de ahí, Alex ha ido acumulando personajes inolvidables. Protagonizó junto a Megan Montaner El Secreto de Puente Viejo, una de las series más longevas de nuestra televisión y un auténtico fenómeno que traspasó fronteras. Desde entonces, su trayectoria se ha ido construyendo a base de registros diversos y papeles muy distintos entre sí, confirmándolo como uno de los actores más versátiles de su generación:

Como el teatro va a ser el gran protagonista de esta conversación, cierro este breve recorrido por su trayectoria audiovisual pidiéndole que dibuje un pequeño trazo sobre lo que significa para él formar parte de un lenguaje que se construye desde la interpretación, pero también desde la técnica y, como siempre, desde las historias.

Alex Gadea es actor y el autor de Un viaje sin retorno, su primera obra de teatro.
Fotografía de Beatrix Manri (@truephotoalsol).

Cuando lanzo propuestas de entrevista siempre parto de la base de que me van a decir que no, por razones bastante evidentes: ni esto es un gran medio, ni tengo cientos de miles de seguidores. Pero, por lo que sea, estoy teniendo la suerte de mi vida. Aquí la prueba.

Pero el impulso de escribirle a Alex tenía varias razones: la primera, admiración; la segunda, una conexión valenciano-emocional; y la tercera, Un viaje sin retorno, su primera obra de teatro como autor.

Empezamos, precisamente, por lo que en parte nos ha traído hasta aquí: ¿De dónde surge esta historia?

En un contexto cultural actual en el que parece que todo debe ser rompedor y radical, pero también complaciente y buenista, siento que no queda espacio para hablar de lo cotidiano.

Para el Alex Gadea autor, más allá de la época histórica y social en la que se enmarca la función —la España de posguerra y el posterior expansionismo de los años 60—, lo importante era poner nombre, raíces y acento a sus dos protagonistas: Chelito y Federico. Un arrocero valenciano y una pollera sevillana que, entre la migración, la casualidad y la supervivencia, se encuentran para hacer de la comedia su nuevo motor de vida:

La llegada a Madrid y el contacto con su nuevo mundo, entre grandes teatros y bambalinas, sirven para sentar las bases de los personajes. Pero en Un viaje sin retorno, la visceralidad del teatro y sus múltiples capas hacen presentes temas universales: el amor, la renuncia, la ambición, la consecución y caída del éxito, y también el arraigo.

Aunque más adelante hablaremos del proceso creativo y de escritura, ahora quiero saber de qué elementos formales se ha servido Alex para dar voz a Chelito y Federico:

Además de dar vida a Chelito, Ana Ruiz es la otra mitad de Un viaje sin retorno. Su camino común con Alex comenzó sobre las tablas, cuando coincidieron en proyectos como Cyrano de Bergerac, una producción de La Nariz de Cyrano, la compañía que Ana levantó junto a José Luis Gil. También han compartido escenario en funciones como La Regenta, dirigida por Helena Pimienta, y Ortega, de Ernesto Caballero.

Pero es ahora, bajo el sello de su propia compañía, Rualanga Teatro, cuando dan un paso definitivo: la primera producción conjunta que refleja plenamente su visión. Una propuesta que no solo es un proyecto compartido, sino que lleva el sello personal de ambos, y en la que Ana asume un papel central, tanto en la vertiente artística como en esa parte tediosa de la producción que normalmente no se ve:

Alex Gadea y Ana Ruiz producen y protagonizan Un viaje sin retorno.
Fotografía de @marcosgpunto.

Ahora que sabemos de dónde nace Un viaje sin retorno, es momento de adentrarnos en cómo se ha construido la historia. Hablemos de creatividad, de esos pequeños y grandes pasos que han convertido este relato en algo con vida propia.

Y, como suele ser natural en un proyecto así, todo empieza por la escritura: ¿cómo ha sido ese proceso para Alex Gadea?

¿Y en ese proceso de escritura, antes de empezar a encajar el resto de elementos, sentiste que tuviste que hacer alguna concesión o sacrificio como autor?

Tener una buena dirección es una de las claves para que una obra de teatro brille. Ernesto Caballero, dramaturgo, director de escena y profesor de interpretación en la RESAD, cuenta con una trayectoria tan sólida como reconocible: durante ocho años estuvo al frente del Centro Dramático Nacional y su firma aparece en adaptaciones y textos originales que han cosechado el aplauso de la crítica y del público.

En Un viaje sin retorno ejerce como director, sí, pero su presencia va más allá del gesto escénico. Caballero se convierte aquí en una extensión natural del autor detrás del escenario: alguien que acompaña, cuestiona y expande el texto sin invadirlo, poniendo su mirada al servicio de la historia y de quienes la habitan.

Entregar un texto propio a otro director siempre implica un pequeño salto al vacío, pero en Un viaje sin retorno, el relato no solo se separa del autor para ponerse en manos de Ernesto, sino que además Alex debe volver a desprenderse de él para habitarlo desde otro lugar: el del actor.

La asesoría de movimiento fue una apuesta clara de Alex: Marta Gómez. En una función donde el cuerpo habla tanto como la palabra, su mirada era imprescindible.

El vestuario lo firma Dani Torres Cano, a quien conocieron en La Regenta y que Ana tenía clarísimo que debía estar aquí. Dirección y producción encontraron pronto un equilibrio honesto, de esos que hacen que todo fluya sin fricciones.

El primer contacto con el público de Un viaje sin retorno tuvo lugar en Sanchinarro, ante un auditorio lleno hasta la bandera, que dictó su veredicto de la mejor manera posible: en pie y con aplausos. Lo mismo ocurrió en el estreno oficial en Alcalá de Henares y en las primeras paradas de una gira que tras su paso por Sevilla, Alzira o Murcia, ya suma más de quince fechas confirmadas entre lo poquito que queda de 2025 y parte de 2026, con una agenda que sigue creciendo a buen ritmo.

Para Alex, esa reacción del público es un regalo: una especie de reconocimiento al trabajo bien hecho, un instante que recompensa todo el esfuerzo.

Alex Gadea durante la representación de Un viaje sin retorno.
Fotografía de @marcosgpunto.

No me cabe duda de que esta función, con el imaginario y los personajes que él mismo ha creado, es —y seguirá siendo— uno de los acontecimientos más importantes de su vida. Pero ahora que nos acercamos al final de la conversación, quiero ampliar su mirada y detenerme en otra arista que siempre me ha fascinado: qué es lo que realmente mueve a un actor a decir sí o no a un proyecto:

Casi llegamos al final, y esta va directa, como en un podcast moderno con un montón de preguntas rápidas: ¿pisar el escenario o el plató?

El telón está a punto de caer, y después de todo lo que hemos compartido, no podríamos despedirnos de otra manera: ¿qué significa el teatro para ti?

Con Un viaje sin retorno Alex Gadea escribe la historia que siempre quiso contar.
Fotografía de Beatrix Manri (@truephotoalsol).

Como habrás deducido, el presente inmediato de Alex Gadea está muy ligado a Un viaje sin retorno, que despide el año el 26 de diciembre en el Teatro EUM Fernando Pallarés de Isla Mayor (Sevilla) y que en 2026 recorrerá ciudades como Valladolid, Madrid, Granada, Alicante o València, entre muchas otras. Puedes ver todas las fechas de la gira aquí.

Durante los últimos meses de la primavera pasada, también estuvo rodando en la Comunidad Valenciana La mala madre, la ópera prima de la directora novel Alicia Albares, a quien Alex destaca por su enfoque propio, íntimo y femenino. Se trata de una película de terror, aunque alejada del género al uso: mezcla subgéneros y aborda temas candentes, todo al servicio de una historia terrorífica que promete enganchar.

Por último, con el estreno reciente de Las hijas de la criada —la serie disponible en Atresplayer basada en la novela de Sonsoles Ónega— vuelve a la pequeña pantalla con un personaje que aparecerá en los dos últimos capítulos.

Hace muchos años, cuando las tardes en Mestalla eran gloriosas y Pablo Aimar se adentraba en el área como un resorte, cantábamos al unísono aquello de otro pibe inmortal.

Hoy me tomo la licencia de traerme aquel cántico para concluir esta conversación, que va directa a mi cajita de recuerdos imborrables.


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