Aquí manda la palabra.
Ese es el mantra que utilizo cada vez que planteo una charla como la que traigo hoy, aunque quizá me lo salte, porque el reto en las próximas líneas es afinar bien la retina.
Eva Blanco es la primera fotógrafa que se cuela en este pequeño espacio que me he empeñado en convertir en un cosmos abierto a la creatividad. Y me hace especialmente feliz que sea ella quien abra la veda para charlar sobre la adrenalina del disparo —metafórico, no se asusten—, porque siento que, en sus primeros pasos —a pesar de sus cinco años de trayectoria profesional—, mantiene intacta el alma que define sus fotografías.
Su mirada —y un móvil siempre a mano— fueron los primeros culpables de que Eva diera el paso de convertir un hobby en su profesión. A partir de ahí, llegó un cúmulo de experiencias con la cámara siempre entre las manos.
Tras finalizar sus estudios en Espacio Modotti, empezó a explorar la fotografía de retrato a través de sesiones con amigos, al tiempo que cubría eventos locales en su pueblo de nacimiento y alrededores. También formó —y forma— parte de colectivos culturales como el Misterio de la Pasión, uno de los actos de mayor relevancia cultural y patrimonial del municipio de Moncada (València), además de vincularse al mundo fallero, tan arraigado a su persona.
Ahora, Eva está a punto de inaugurar su primera exposición fotográfica como autora, Eres y Significas: un pequeño gran homenaje a todas las personas de su alrededor que, de una forma u otra, la han impulsado a crecer como fotógrafa y como persona.
Un proyecto que lleva por bandera la ilusión, la generosidad y el amor y, por encima de todo, la esencia. Ese concepto que Eva defiende una y otra vez en su manera de mirar y de crear.
La composición está lista; solo falta el clic. Vamos con ello.

Fuente imagen: Eva Blanco
Identifico enseguida la energía de Eva al otro lado de la pantalla. Es una energía bonita, muy auténtica. La imagino observando a través del visor y, de alguna forma, me retrotraigo a lo que yo llamo mis años mozos: los que pasaban entre cámaras, lentes, tiempos de exposición y ediciones imposibles.
Nunca me llevé bien con la fotografía, pero sí con la observación. Y gracias a ella, miro cómo Eva emerge con naturalidad, como lo hacen sus ganas de contarte quién es y qué la ha traído hasta aquí:
Me llamo Eva, tengo veinticuatro años y soy de Alfara del Patriarca, en Valencia. Estudié fotografía hace ya unos cinco años y desde entonces no he parado de hacer fotos. Me dedico sobre todo al retrato y a los eventos, aunque, como estoy empezando, he trabajado un poco en todo: cine, conciertos… un poco de todo, la verdad.
A nivel personal me definiría como una persona muy creativa, bastante nerviosa —en realidad, no tanto— y con una necesidad constante de estar creando. Siempre que se me viene una idea a la cabeza, necesito llevarla a cabo.
El camino de Eva como fotógrafa empieza de casualidad, como casi todo lo que tiene sentido. Sus primeras fotos se guardaban en la memoria de su móvil como anécdotas de una afición que poco a poco empezó a pedir algo más:
Desde pequeña siempre he tenido una cámara en la mano. Empecé haciendo fotos con el móvil, casi sin darme cuenta, y en un momento pensé: “¿Y por qué no convertir este hobby en una profesión?”.
A partir de ahí me apunté a un curso de fotografía en Valencia, en Espacio Modotti, y creo que ahí empezó todo de verdad. Hasta entonces la fotografía era solo una afición, pero en ese momento me planteé dedicarme a ello de una forma más profesional y tirar hacia delante.
¿Y hubo algo o alguien que te hiciese el clic definitivo?
Fueron llegando oportunidades en mi entorno, como en las Fallas o en el «Misterio de la Pasión«, espacios en los que me sentí acogida y donde percibí que se valoraba mi trabajo, que quizá sí valía para esto. A partir de ahí todo empezó a rodar: vas conociendo gente, te van recomendando y, poco a poco, vas cogiendo confianza y base para seguir.
La exploración y la experimentación con distintos lenguajes fotográficos forman parte del aprendizaje de Eva. Sin embargo, el retrato se ha convertido en una de sus señas de identidad: el lugar en el que ha encontrado muchas de las razones por las que la fotografía es, de verdad, el motor que la mueve.
Creo que lo que más me mueve del retrato es la esencia de las personas: poder capturar lo que son, sus emociones, sus sentimientos, todo lo que tiene que ver con eso. Me gusta mucho mirar a alguien y decirle: “ponte así, porque yo te veo así”.
También creo que lo que más destaco del retrato son las miradas y los gestos, porque en una foto se puede transmitir muy rápido lo que tú estás viendo a través de la cámara.
Al final todo pasa por hacer que la persona se sienta cómoda, que confíe en ti y darle la seguridad necesaria para que se suelte. Porque en un retrato no ves tanto la foto como a la persona.


Como ocurre en todas las disciplinas artísticas, la fotografía también tiene su propio proceso creativo. Empaparse de referentes e ideas es solo el primer paso para construir una sesión que conecte con lo que el fotógrafo tiene en mente.
Ella se nutre de referentes cercanos, de miradas que nacen aquí, en Valencia, y especialmente del mundo fallero, que atraviesa su imaginario de forma natural. También la música ocupa un lugar importante en su proceso creativo: una fuente constante de inspiración de la que va recogiendo sentidos y atmósferas.
Cuando algo le despierta una pulsión, por pequeña que sea, lo anota —en una libreta o en las notas del móvil— y lo guarda para más adelante. A partir de ahí, el proceso se va ordenando poco a poco, dejando que cada idea encuentre su momento.
Así, para Eva, la travesía entre preparar una fotografía y entregarla comparte un denominador común: no perder nunca la esencia.
La verdad es que siempre miro muchas ideas y referencias, pero intento centrarme sobre todo en la persona y en cómo es. No es lo mismo plantear una sesión para una persona que para otra, y eso lo tengo muy en cuenta.
En cada sesión busco que la persona se sienta a gusto, encontrar un estilo que sé que le va a encajar y en el que se va a sentir bien. También busco inspiración y referencias, claro, pero siempre intentando mantener mi esencia y la de la persona, porque al final eso es lo que tiene que destacar en mis fotos.
Concluida la sesión, llega el momento de la segunda parte: la edición.
Más allá del típico chiste fácil de “quítame el grano con Photoshop”, el proceso de postproducción puede convertirse en un bucle infinito, casi obsesivo, para cualquier fotógrafo. Eva tiene muy claros cuáles son los requisitos para que sus fotografías brillen como lo hacen:
A la hora de seleccionar las fotos me guío mucho por lo que me llega a mí. Voy viendo qué momentos tienen que estar y cuáles no, fijándome en las expresiones, en las caras o en lo que transmite cada imagen.
No es lo mismo que una foto te guste que sentir que es realmente tuya. Puede pasar que a una persona le encante una imagen, pero si a mí no me convence, no tiene sentido publicarla, porque al final es mi trabajo. Así que reviso si la foto está bien, si la composición funciona y, sobre todo, si es 100% yo.
En cada sesión busco que la persona se sienta a gusto, encontrar un estilo que sé que le va a encajar y en el que se va a sentir bien.

Fotografía de Eva Blanco.
Aunque no soy muy creyente en las energías, tengo claro que 2026 será el año de Eva. Su primera exposición como creadora, Eres y Significas, ya es una realidad.
Lo bonito es que este proyecto tan personal nació en un momento vital complicado para ella, y, aun así, se ha convertido en el más especial hasta la fecha:
Empecé en un momento en el que estaba pensando en dejar la fotografía, mira por dónde. Mientras hacía la película de «Misterio de la Pasión» me surgió la idea y me motivaron a profundizar más en todo esto.
Pensé: llevo cinco años en la fotografía, quiero volver a ella de una forma más personal y hacerlo con personas que me han acompañado en el camino… ¿por qué no hacer una exposición? Y así nació «Eres y Significas«.
Me interesa descubrir los entresijos de su exposición, pero sobre todo, qué quiere transmitir con ella. Quiero saber qué busca lograr a través de cada imagen, cada gesto y cada mirada que forma parte de Eres y Significas:
Es una forma de dar las gracias a toda la gente que me ha apoyado y me ha ayudado a seguir adelante. He escogido entre quince y veinte protagonistas, más o menos, y cada uno de ellos representa algo que me ha aportado, algo que me ha hecho seguir.
Hablábamos antes de proceso creativo, y para este proyecto fue fundamental poner la emoción al servicio de la obra. Eva eligió a diferentes personas de su entorno, les escribió una carta, les colocó unos cascos y las situó frente a ella y a su cámara.
Lo que vino después ya forma parte de su historia como creadora:
Las sesiones se hicieron en mi casa, porque no tengo estudio, y fue un momento muy bonito con cada uno de ellos. No sabían nada: simplemente les ponía unos cascos y ahí empezaba todo. Era una manera de agradecerles lo que han hecho por mí. En la exposición se verán las fotos, las cartas y todo lo que son ellos, lo que significan.
Cada persona reaccionó de una forma distinta: algunos se quedaban en shock, otros se reían, otros se emocionaban… un poco de todo. Y creo que ahí está lo principal de la exposición: la emoción.
Otro de los ingredientes de Eres y Significas es el criterio creativo de su autora. Si el retrato es el protagonista, el blanco y negro viste cada imagen con acierto, buscando crear una atmósfera única que acompañe la esencia de cada persona fotografiada.
Todas las fotografías son en blanco y negro, porque siento que la esencia no necesita alteración de color. Creo que ya brilla por sí sola.
Conceptos como el vínculo, el agradecimiento, la admiración o el refugio están presentes en la exposición a través de las cartas que Eva escribió a cada uno de los protagonistas.
Palabras que se transforman en fotografías, y un cartel cargado de simbolismo que abre la puerta a su universo:
La persona que aparece en el cartel de la exposición es mi amiga María. Ella fue la primera persona a la que le hice fotos de retrato, así que tenía que estar ahí. Quise unir la imagen con las palabras que les dedicaba a cada persona en las cartas. Son conceptos que reflejan lo que me transmitían y lo que significan para mí.
También me fijé en el simbolismo del yin y el yang, dos fuerzas distintas que se complementan. Creo que esa idea refleja bastante la esencia del proyecto: las personas tienen un vínculo, y «Eres y Significas» es un poco eso, esa conexión y ese reconocimiento mutuo.
Es inevitable preguntarle a Eva por el momento en el que tuvo que decir “hasta aquí”, ese instante en el que toca poner un límite y tomar aire antes de seguir:
Hubo momentos en los que pensé en incluir a más personas, pero creo que con las que están se engloba todo lo que es el proyecto. Al final son personas que me apoyaron cuando yo lo necesitaba, de una manera u otra, muchas veces sin saberlo. Para mí ellas son las protagonistas y ahí está la clave de todo.
Todas las fotografías de «Eres y Significas» son en blanco y negro, porque siento que la esencia no necesita alteración de color. Creo que ya brilla por sí sola.

Cartel y fuente imagen: Eva Blanco.
Llegadas aquí y con la conversación a punto de terminar, no quiero dejar pasar la oportunidad de charlar con ella sobre ese caramelo envenenado que es la Inteligencia Artificial.
Uno de los usos más extendidos de la IA para el usuario medio es, precisamente, la generación de imágenes. ¿Cómo se vive este fenómeno desde dentro, desde alguien que construye su mirada a través de una cámara y no de un prompt?
La inteligencia artificial no puede captar lo mismo que una cámara, eso está claro. No va a ver lo que tú ves a través del objetivo ni va a sentir lo que tú sientes. Sí puede ayudarte a editar o a crear cosas, pero no puede sustituir momentos únicos: un recuerdo, una parte de tu vida que guardas y que dentro de unos años recuerdes como algo muy especial.
Al final, no puede transmitir lo que una cámara puede capturar. La inteligencia artificial ha venido para quedarse, y eso es evidente, pero no puede competir con una persona que cambia la luz, que ve lo que hay delante, que compone según lo que siente. La IA es correcta pero es irreal y no puede sustituir a un fotógrafo.
Acabemos entonces por todo lo alto.
Si tienes claro que la IA no podrá con ella, ¿cuál dirías que es, para ti, el superpoder de la fotografía?
Yo creo que el superpoder de la fotografía es mantener los recuerdos en el tiempo. Eso es lo esencial: cuando seas mayor, tendrás esos momentos grabados en una foto. Poder recordar lo que sentiste y todo lo que conlleva.
El futuro simple de Eva Blanco tiene fecha y lugar. Eres y Significas se inaugura el 16 de enero en el Palau de la Senyoria de Alfara del Patriarca (València) y podrá visitarse hasta el 20 de enero en horario de 18h a 21h.
Una cita que no solo invita a descubrir a la Eva fotógrafa, sino también a comprender por qué la esencia —ese concepto que ella reivindica con tanta verdad— forma parte de su identidad.
A partir de aquí, todo está por delante, aunque ya lleva ventaja: tiene talento, tiene ganas y, sobre todo, el criterio artístico y humano para convertirse en la mejor creadora de recuerdos.
Gracias por mostrarme tu mirada, Eva.


