Mamen Camacho, todas las vidas en una

Hace poco me dio por buscar en Google “palabras bonitas en español” porque me hace mucha gracia cómo somos capaces de convertir vocablos que apenas entendemos en una forma de vida. ¿Quién no ha usado —y hasta se ha tatuado— términos como resiliencia, serendipia o etéreo sin tener del todo claro qué significaban? Que levante la mano quien esté libre de pecado.

Todo este rodeo viene porque me parece fatal que conexión no esté considerada una de las cuarenta palabras más bellas de nuestro idioma, cuando en realidad lo contiene todo.

Es verdad que es un concepto con muchas aristas y lecturas posibles, pero hay una que quiero reivindicar aquí: la conexión humana. Esa que todavía existe —sí, incluso en tiempos de inteligencia artificial— y que puede generarse a partir de algo tan sencillo y, a la vez, tan poco habitual como sentarse frente a otra persona y escuchar.

Mamen Camacho es actriz y su identidad artística comenzó a formarse desde muy pequeña. Una poesía en la voz de su padre, una canción en la garganta de su madre, un zapateo sobre las calles de Villacarrillo, su pueblo natal en Jaén… y el descubrimiento de la danza como la primera disciplina que tomarse en serio.

Después, un profesor le descubrió el teatro… y a partir de ahí —previo paso por la universidad, donde se licenció en Química (a mí esto me tiene loca)— se entregó por completo a la interpretación, para dar lugar a una trayectoria que vamos a desgranar juntas enseguida, construida paso a paso, mujer a mujer, personaje a personaje, sumando vidas y voces para colocarla en el centro de todas las historias que se atreve a habitar, ya sea al otro lado del telón o en el silencio de un set de rodaje.

Ahora, mientras me preparo para escribir sobre su mirada bella y pulida, me doy cuenta de que lo mejor de hablar con Mamen es que no hay prisa ni expectativas.

Mamen Camacho en 1936 de Andrés Lima, Albert Boronat, Juan Cavestany y Juan Mayorga.
Fotografía: Lau Ortega (@lau_ortega_pin)
Fuente imagen: Mamen Camacho

Pensando en cómo empezar esta pieza, me ha venido a la cabeza la idea de que una cosa es identificar y otra muy distinta descubrir.

A Mamen Camacho la identifico gracias a la televisión, en los tiempos de Servir y Proteger (2017–2023), de la mano de su enérgica Espe. Durante años, llenó de luz las sobremesas de lunes a viernes con uno de esos personajes que atraviesan la pantalla y se convierten en familia: el poder de las series diarias, del que hablaremos más tarde.

Pero en realidad a Mamen la descubro no hace tanto, cuando empiezo a explorar los rincones de La Fortaleza, la obra escrita y dirigida por Lucía Carballal. Un proyecto que ambas comparten y que, a mí, me pincela los recuerdos.

Ahí empiezo a entender quién es la Mamen que pone uno de los cimientos de la historia de Lucía. Y también comprendo que su trayectoria está llena de matices, de capas y de decisiones. Las suficientes como para no querer dejar de indagar en ellas.

Antes de llegar a todo eso, sin embargo, necesito detenerme en el presente. Porque en el momento de esta conversación estamos a dos días del reestreno de Cumpleaños, el texto de Luisa Carnés que Laura Garmo trae de nuevo al Salón de los Balcones del Teatro Español – Andrea D’Odorico y en el que Mamen vuelve a Eva, la protagonista de un monólogo descarnado sobre la condición femenina.

¿Cómo tienes el cuerpo 48 horas antes de volver a reencontrarte con este texto?

La primera etapa de Cumpleaños culminó con el aplauso unánime del público. El tándem Laura–Mamen vuelve ahora con fuerza para atravesar los pensamientos de Luisa Carnés, con una propuesta escénica que brilla, precisamente, por la ausencia de artificio y la reivindicación del oficio.

La investigación como punto de partida, la palabra como vehículo y el vínculo de lo que se narra con la actualidad —a pesar de tratarse de un texto escrito en 1966— elevan el valor de este teatro que mira de frente al presente. Pero si hablamos en primera persona, para Mamen retomar una función después de un tiempo supone, sobre todo, una nueva búsqueda:

Después de todo lo que has contado sobre la exigencia del teatro, el cuerpo y la responsabilidad, ¿qué cambia emocionalmente entre estrenar una obra de teatro y estrenar un proyecto audiovisual?

Durante la conversación bromeamos sobre el batiburrillo de emociones que conviven en la mente de una actriz, pero coincidimos en que la despedida es, quizá, una de las que más peso tiene.

El particular Inside Out de Mamen cuando llega el momento de cerrar un proyecto mezcla una pizca de tristeza, una sensación de nostalgia y grandes dosis de cariño y agradecimiento hacia quienes la han acompañado en el camino:

Si seguimos deshaciendo el hilo de los proyectos más recientes de Mamen, la variedad de personajes y procesos se vuelve evidente. La riqueza de su profesión —aun atravesada por la despedida— también se traduce en una forma de suerte:

Mamen Camacho protagoniza Cumpleaños, la adaptación teatral de Laura Garmo al texto de Luisa Carnés. Fotografía de Carlos Pascual (@twinpasq).
Fuente imagen: www.teatroespanol.es

Lo mejor de que esta no sea una conversación de promo es que podemos permitirnos pequeños saltos entre las distintas etapas de la vida de Mamen, como si fueran charquitos de lluvia recién caída y tuviéramos botas nuevas que estrenar. Y como no hay nadie que nos riña por mancharlas, vamos a remontarnos a sus inicios.

Con apenas cuatro años comenzó a tomar contacto con la danza y terminó cursando la carrera de Danza Española en Córdoba, compaginándola con el estudio de piano en el conservatorio y con su primer acercamiento al teatro en el grupo del instituto. Sin embargo, esa clara tendencia hacia las artes se pausó momentáneamente cuando llegó el momento de decidir qué estudiar “en serio”.

Procedente de una familia estrechamente vinculada al mundo científico y sin contacto profesional con el arte dramático, optó por licenciarse en Química. Y tras hacerlo, surge la gran pregunta: ¿cómo una química decide dejarlo todo por la interpretación?

Dentro de lo injusto que me parece que la vida te empuje a abandonar tu pueblo o ciudad natal para poder dedicarte a lo que quieres —c’est la vie del artista—, siempre que imagino a una actriz llegando a Madrid pienso en algo parecido a la sensación de un niño al pisar por primera vez Disneyland.

Los grandes teatros, las salas pequeñas, una Gran Vía iluminada por encima de sus posibilidades, los planes infinitos… todo eso forma parte del imaginario de la capital y, seguramente, también de los primeros años de Mamen allí. Pero quizá es más honesto detenerse en lo menos brillante: en las doce horas de estudio continuo en la RESAD —así es como se estudia esta profesión— y en la entrega completa a la formación.

Su inicio en LaJoven y el posterior paso por la Compañía Nacional de Teatro Clásico fueron una transición natural que ella misma narra así:

Y si hablamos de fortuna, hoy soy yo quien se lleva el premio: poder desgranar con tanta minuciosidad la carrera de Mamen Camacho.

Lejos de querer enumerar un currículum tan nutrido y extenso —y dado que el proceso atraviesa toda la conversación—, es momento de adentrarnos en él tomando como ejemplo algunos de sus proyectos más recientes y ya mencionados, como Cumpleaños, 1936 o La Fortaleza.

Quiero entender si su proceso creativo a la hora de preparar un personaje sigue un patrón reconocible o si, por el contrario, cada proyecto le obliga a empezar de cero:

¿Y qué notas que empieza a cambiar en ti una vez superado ese primer acercamiento?

Hacemos un pequeño alto en el camino para detenernos en 1936, bajo la dirección de Andrés Lima, una de las propuestas escénicas más celebradas de los últimos meses. Una mirada contemporánea sobre la Guerra Civil que ha conectado de lleno con el público y con nuestra historia reciente, convirtiendo cada función en un nuevo lleno absoluto.

Un proyecto coral cuyo grado de compromiso ha derivado en un proceso creativo necesariamente distinto:

En 1936 Mamen Camacho interpreta a La Pasionaria, General Rojo y Mika Etchebéhère. Fotografia de Geraldine Leloutre (@geraldineleloutre)
Fuente imagen: https://dramatico.inaem.gob.es

Como no podía ser de otra manera, el teatro seguirá latiendo con fuerza en esta pieza; pero es momento de girar la mirada hacia el audiovisual, un territorio al que Mamen llegó casi por azar en sus primeros años como actriz y que, todavía hoy, continúa siendo un espacio de aprendizaje constante.

En cine, Los Tortuga (2024), escrita y dirigida por Belén Funes —La inútil (2016), La hija de un ladrón (2019), La Ruta (2022)— ha supuesto para ella una auténtica revolución personal. Ambientada en Jaén —lugar de origen de Mamen—, una de las capas más significativas de la película es la reivindicación del arraigo pese a las dificultades personales que atraviesan sus personajes.

El contacto con la tierra y el duelo se convierten en ejes emocionales del relato, que dialogan con el problema de la vivienda y trascienden lo íntimo para tocar lo social. De esa mezcla nace un film delicado y honesto, capaz de acoger múltiples lecturas sin perder la belleza en el camino.

Según me cuenta Mamen, cuando vio Los Tortuga por primera vez sintió algo muy profundo: la certeza de que, de no haber formado parte del reparto, esta habría sido la película en la que le hubiese gustado estar. Para ella, este proyecto es, de alguna forma, una manera de volver a casa:

En esa apertura de la que habla Mamen hay también una reivindicación clara del acento: ese mismo que, a lo largo de su trayectoria, ha tenido que aparcar para ampliar el abanico de papeles y personajes posibles, desplazándose hacia una forma de hablar más neutra, más “amigable” para el espectador. Una concesión —al fin y al cabo— necesaria para trabajar.

Por eso, Los Tortuga se convierte también en un punto de partida hacia otro tipo de cine:

Con su papel de Inés en la película de Belén Funes, Mamen ha sido nominada en la 38.ª edición de los Premios Asecan del Cine Andaluz a Mejor interpretación femenina, así como en la quinta edición de los Premios Carmen en la categoría de Mejor interpretación femenina de reparto.

Al mismo tiempo, la película se abre paso en la carrera por algunos de los galardones más prestigiosos del cine español —Feroz, Gaudí y Premios Goya—, confirmando que Los Tortuga funciona como un espejo necesario para una parte del público que demanda historias reales:

Mamen Camacho en Los Tortuga, de Belén Funes.
Fuente imagen: https://dianaellerker.com

Aquí, hacemos un pequeño paréntesis para reflexionar juntas sobre la importancia de figuras como la de Belén Funes y otras directoras que por fin, han encontrado su hueco en una industria poco generosa con las historias que nos mueven:

Ahora es momento de abrir una pequeña ventana a la televisión, otro medio en el que, en los últimos años, Mamen ha encadenado personajes inolvidables y de largo recorrido. Ya hablábamos al principio de la importancia de Espe en Servir y Proteger, una de las series diarias de mayor éxito de la última década; y también de uno de sus trabajos más recientes, el de la Comandante Serrano en La Encrucijada.

¿Qué retos plantea, como actriz, sostener personajes tan prolongados en el tiempo dentro de este tipo de producciones?

Para Mamen, la respuesta del público es un acto de generosidad total:

No sé si todavía ocurre, pero siempre ha habido un pequeño grupúsculo de actores y actrices que han denostado mucho este tipo de series.

Se acerca el final, pero mi curiosidad se resiste: podría pasar mil horas más hablando con ella y seguiría alucinando.

Así que, para ser seria, lanzo la típica pregunta sobre su visión de la industria audiovisual actual —centrada en el algoritmo desenfrenado— y, sobre todo, cómo es la Mamen espectadora. Una mirada que, por cierto, ya comparte con sus dos hijos, que poco a poco descubren cómo las series pueden tejer costumbres y pequeños rituales familiares.

Con un ritmo tan frenético de producción y estrenos, ¿crees que el espectador aún puede conectar de verdad con las historias y los arcos de sus personajes?

Sin embargo, en la contradicción constante en la que navegamos como espectadoras, esta proliferación de plataformas ha abierto para las actrices y actores un abanico de oportunidades, ¿me equivoco?

Llego a este cierre con la energía por las nubes y también un poco exhausta, pero desde que colgué con Mamen tenía claro que si algo merecía esta charla era todo el mimo y cuidado que puedo ponerle para agradecerle su tiempo, su buen rollo y su predisposición infinita.

A modo de recordatorio —y aunque con las entradas agotadas— hasta el 8 de febrero Cumpleaños se asoma al Salón de Balcones del Teatro Español. 1936 renace por tiempo limitado en una grabación que tendrá lugar del 26 al 29 de enero en el Auditorio UC3M (Universidad Carlos III de Madrid, Campus de Leganés). 

La Fortaleza, quizás volverá… porque siempre vuelve.

Pura Sangre, su proyecto audiovisual más reciente, con fecha de estreno por confirmar, verá la luz muy prontito en los lares televisivos de Mediaset. Y con La Encrucijada recién terminada, junto a otras propuestas como Mar Afuera en Atresplayer, puedes darle un toque más molón a tu algoritmo si Mamen Camacho aparece en él.

En un intercambio de mensajes, en los últimos días de 2025, Mamen y yo nos encontramos en un ojalá:
Ojalá vernos en la puerta de un teatro.
O al menos en un café virtual.

*La imagen principal es una fotografía de Carlos Villarejo.


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