Hace poco me dio por buscar en Google “palabras bonitas en español” porque me hace mucha gracia cómo somos capaces de convertir vocablos que apenas entendemos en una forma de vida. ¿Quién no ha usado —y hasta se ha tatuado— términos como resiliencia, serendipia o etéreo sin tener del todo claro qué significaban? Que levante la mano quien esté libre de pecado.
Todo este rodeo viene porque me parece fatal que conexión no esté considerada una de las cuarenta palabras más bellas de nuestro idioma, cuando en realidad lo contiene todo.
Es verdad que es un concepto con muchas aristas y lecturas posibles, pero hay una que quiero reivindicar aquí: la conexión humana. Esa que todavía existe —sí, incluso en tiempos de inteligencia artificial— y que puede generarse a partir de algo tan sencillo y, a la vez, tan poco habitual como sentarse frente a otra persona y escuchar.
Así que eso es exactamente lo que hemos hecho la protagonista de esta conversación y yo: escucharnos bonito.
Mamen Camacho es actriz y su identidad artística comenzó a formarse desde muy pequeña. Una poesía en la voz de su padre, una canción en la garganta de su madre, un zapateo sobre las calles de Villacarrillo, su pueblo natal en Jaén… y el descubrimiento de la danza como la primera disciplina que tomarse en serio.
Después, un profesor le descubrió el teatro… y a partir de ahí —previo paso por la universidad, donde se licenció en Química (a mí esto me tiene loca)— se entregó por completo a la interpretación, para dar lugar a una trayectoria que vamos a desgranar juntas enseguida, construida paso a paso, mujer a mujer, personaje a personaje, sumando vidas y voces para colocarla en el centro de todas las historias que se atreve a habitar, ya sea al otro lado del telón o en el silencio de un set de rodaje.
Ahora, mientras me preparo para escribir sobre su mirada bella y pulida, me doy cuenta de que lo mejor de hablar con Mamen es que no hay prisa ni expectativas.
Solo hay ánimo de ser y estar. Conectar, al fin y al cabo.

Fotografía: Lau Ortega (@lau_ortega_pin) – Fuente imagen: Mamen Camacho
Pensando en cómo empezar esta pieza, me ha venido a la cabeza la idea de que una cosa es identificar y otra muy distinta descubrir.
A Mamen Camacho la identifico gracias a la televisión, en los tiempos de Servir y Proteger (2017–2023), de la mano de su enérgica Espe. Durante años, llenó de luz las sobremesas de lunes a viernes con uno de esos personajes que atraviesan la pantalla y se convierten en familia: el poder de las series diarias, del que hablaremos más tarde.
Pero en realidad a Mamen la descubro no hace tanto, cuando empiezo a explorar los rincones de La Fortaleza, la obra escrita y dirigida por Lucía Carballal. Un proyecto que ambas comparten y que, a mí, me pincela los recuerdos.
Ahí empiezo a entender quién es la Mamen que pone uno de los cimientos de la historia de Lucía. Y también comprendo que su trayectoria está llena de matices, de capas y de decisiones. Las suficientes como para no querer dejar de indagar en ellas.
Antes de llegar a todo eso, sin embargo, necesito detenerme en el presente. Porque en el momento de esta conversación estamos a dos días del reestreno de Cumpleaños, el texto de Luisa Carnés que Laura Garmo trae de nuevo al Salón de los Balcones del Teatro Español – Andrea D’Odorico y en el que Mamen vuelve a Eva, la protagonista de un monólogo descarnado sobre la condición femenina.
¿Cómo tienes el cuerpo 48 horas antes de volver a reencontrarte con este texto?
Tengo muchas ganas de volver al Salón de los Balcones porque fue una función muy especial. Era una cosa muy chiquitita, muy cercana al público, y además recuperaba textos de Luisa Carnés, una dramaturga olvidada del siglo pasado. Me parece fundamental que se recupere su voz.
Pero estoy nerviosa porque ya lo hicimos el año pasado y tuvo muy buena acogida, pero al ser una recuperación, son muy poquitos ensayos. En muy poco tiempo tienes que volver a habitar a esa mujer, en ese estado extremo de su vida y es un reto desafiante pero muy bonito.
La primera etapa de Cumpleaños culminó con el aplauso unánime del público. El tándem Laura–Mamen vuelve ahora con fuerza para atravesar los pensamientos de Luisa Carnés, con una propuesta escénica que brilla, precisamente, por la ausencia de artificio y la reivindicación del oficio.
La investigación como punto de partida, la palabra como vehículo y el vínculo de lo que se narra con la actualidad —a pesar de tratarse de un texto escrito en 1966— elevan el valor de este teatro que mira de frente al presente. Pero si hablamos en primera persona, para Mamen retomar una función después de un tiempo supone, sobre todo, una nueva búsqueda:
Siempre que me reencuentro con un texto se me despierta la intriga: si ha variado, si yo he vivido muchas cosas durante ese tiempo, si se habrán perdido matices, si seré capaz de volver a su profundidad… Todas esas dudas aparecen. Es inevitable y, por tanto, mi manera de enfrentarme a él es completamente diferente.
A pesar de las dudas, el reposo —cuando se convierte en regreso— también juega a favor de obra:
Las funciones, de todas maneras, siempre vienen muy bien con el reposo. Porque cuando estás en un proceso de ensayos muy potente y muy vertiginoso hay aspectos y detalles que no ves hasta que no tomas distancia, como pasa con otros aspectos de la vida.
A mí me ha pasado muchas veces que, cuando ya ha pasado una función, luego sueño con ella y pienso: «Ay, acabo de entender esto que no entendí… y ya nunca más puedes volver a hacerlo». Y tener la suerte y la oportunidad de volver a caminar por esos lugares está muy bien, porque te permite situarte de nuevo —aunque lo mires diferente— en ese estado en el que sé que estaba el personaje y que conectaba tanto con el público.
Después de todo lo que has contado sobre la exigencia del teatro, el cuerpo y la responsabilidad, ¿qué cambia emocionalmente entre estrenar una obra de teatro y estrenar un proyecto audiovisual?
Se vive diferente. El gusanillo y los nervios siempre están, pero en teatro todo depende de ti, sobre todo en un monólogo. El día del estreno la concentración está en prepararte: calentar, descansar, centrarte en la acción y en la atmósfera de la obra. Es un estado de energía concentrada que, aunque carga de responsabilidad, también quita nervios porque sabes en qué enfocarte.
En cambio, en un estreno de película ya no depende de ti. Es confiar en el equipo, esperar que todo esté bien y que haya salido una película bonita. De todas maneras, no hay día de estreno en el que no diga: «Pero ¿quién me mandaría a mí?» Eso es así.
Durante la conversación bromeamos sobre el batiburrillo de emociones que conviven en la mente de una actriz, pero coincidimos en que la despedida es, quizá, una de las que más peso tiene.
El particular Inside Out de Mamen cuando llega el momento de cerrar un proyecto mezcla una pizca de tristeza, una sensación de nostalgia y grandes dosis de cariño y agradecimiento hacia quienes la han acompañado en el camino:
Es un proceso que hay que vivir y que hay que trabajarse. A mí siempre me cuesta. No consigo hacer ese trance de una manera suave; siempre es una despedida dolorosa. Ya me he acostumbrado a que sea así, he tratado ese dolor y convivo con él, pero siempre es un poco triste despedirse.
Es verdad que, para mí, los procesos teatrales, sobre todo, son muy intensos, tanto en el aspecto creativo como en el humano. Me encariño mucho con los personajes y muchísimo con el equipo, y eso a veces puede confundir el proceso creativo con una relación más familiar. Te hermanas con la dramaturga, con la directora; te metes en su cabeza y, al intentar entenderla, te unes mucho a ella.
Si seguimos deshaciendo el hilo de los proyectos más recientes de Mamen, la variedad de personajes y procesos se vuelve evidente. La riqueza de su profesión —aun atravesada por la despedida— también se traduce en una forma de suerte:
También es verdad que, por otro lado, me cuento a mí misma que es una fortuna encontrarse con tanta gente diferente y acercarse a tantos textos distintos. Me encanta. Fíjate que vengo de ‘1936‘, que son treinta personas; eso parece un campamento de verano y te haces amiguísima de todos, como si hubiera sido el verano de tu vida.
Y luego voy a ‘Cumpleaños‘, que es casi monacal: súper íntimo, pequeño, yo con la directora hablándole a los ojos. Y lo mismo con ‘La Fortaleza‘. Son relaciones muy diferentes, pero también es una suerte vivir cada una de ellas. Por eso intento aliviar esa nostalgia con la comprensión de la fortuna que hay detrás de todo.
Para mí los procesos teatrales son muy intensos, Es una fortuna encontrarse con tanta gente diferente y acercarse a tantos textos distintos.

Fuente imagen: www.teatroespanol.es
Lo mejor de que esta no sea una conversación de promo es que podemos permitirnos pequeños saltos entre las distintas etapas de la vida de Mamen, como si fueran charquitos de lluvia recién caída y tuviéramos botas nuevas que estrenar. Y como no hay nadie que nos riña por mancharlas, vamos a remontarnos a sus inicios.
Con apenas cuatro años comenzó a tomar contacto con la danza y terminó cursando la carrera de Danza Española en Córdoba, compaginándola con el estudio de piano en el conservatorio y con su primer acercamiento al teatro en el grupo del instituto. Sin embargo, esa clara tendencia hacia las artes se pausó momentáneamente cuando llegó el momento de decidir qué estudiar “en serio”.
Procedente de una familia estrechamente vinculada al mundo científico y sin contacto profesional con el arte dramático, optó por licenciarse en Química. Y tras hacerlo, surge la gran pregunta: ¿cómo una química decide dejarlo todo por la interpretación?
Yo me preguntaría lo contrario: ¿por qué una actriz de nacimiento pasó años de su vida metida en la tabla periódica? Mi familia es toda de ciencias. En mi casa la pregunta de ciencias o letras no existía, porque la respuesta era muy clara.
Desde pequeña había hecho danza y teatro; se veía a la legua el camino que llevaba. Pero esta carrera era muy alejada y desconocida para mi familia, y les provocaba mucho miedo. La frase más repetida era: «Vale, muy bien, sabemos que eres artista, pero tienes que hacer una carrera que te sostenga».
Ellos conocían la vida científica, pero no la artística, y sentían la danza o el teatro como mis aficiones, no como lo que había que hacer en la vida. Les daba pavor, por puro desconocimiento, y creo que en parte también me transmitieron ese miedo. Aun así hice química, y el día de mi graduación les dije: «Vale, muy bien, ya está. Capítulo cerrado: ¿podemos continuar por donde íbamos?».
Dentro de lo injusto que me parece que la vida te empuje a abandonar tu pueblo o ciudad natal para poder dedicarte a lo que quieres —c’est la vie del artista—, siempre que imagino a una actriz llegando a Madrid pienso en algo parecido a la sensación de un niño al pisar por primera vez Disneyland.
Los grandes teatros, las salas pequeñas, una Gran Vía iluminada por encima de sus posibilidades, los planes infinitos… todo eso forma parte del imaginario de la capital y, seguramente, también de los primeros años de Mamen allí. Pero quizá es más honesto detenerse en lo menos brillante: en las doce horas de estudio continuo en la RESAD —así es como se estudia esta profesión— y en la entrega completa a la formación.
Su inicio en LaJoven y el posterior paso por la Compañía Nacional de Teatro Clásico fueron una transición natural que ella misma narra así:
Para mí la etapa de LaJoven fue un proceso de profesionalización pero seguía siendo formación. Fue muy intenso, porque aunque teníamos representaciones en la Compañía Nacional de Teatro Clásico y era muy profesional, a nosotros nos seguían formando, pasábamos horas y horas: canto, movimiento, percusión, verso…
Luego, cuando decidieron que algunos pasábamos a la compañía “mayor”, me hizo mucha ilusión. Ahí casi que me lo creí: ya sí que soy una trabajadora de esto, una profesional, una actriz que trabaja en la Compañía Nacional. Ya no tenía el prefijo “joven”. Fue bastante natural.
Aunque su vinculación con la CNTC ha continuado a lo largo de los años en diversos montajes y con diferentes directores y directoras, es en 2012 cuando, tras nueve años de representaciones —como La moza del cántaro, Enrique VIII o El burlador de Sevilla, entre muchas otras—, abandona la compañía y echa a volar hacia otro tipo de proyectos.
Un vuelo que, todavía hoy, le provoca cierto vértigo:
Al salir del clásico, sentí vértigo mezclado con ganas de explorar otras cosas: prosa, audiovisual, teatro más contemporáneo…pero también siempre está ese gusanillo que aparece al terminar un trabajo porque piensas: «¿Alguna vez volveré a subirme a un escenario?», ¿Alguna vez volveré a ponerme delante de una cámara?» Afortunadamente, luego siempre ocurre.


Y si hablamos de fortuna, hoy soy yo quien se lleva el premio: poder desgranar con tanta minuciosidad la carrera de Mamen Camacho.
Lejos de querer enumerar un currículum tan nutrido y extenso —y dado que el proceso atraviesa toda la conversación—, es momento de adentrarnos en él tomando como ejemplo algunos de sus proyectos más recientes y ya mencionados, como Cumpleaños, 1936 o La Fortaleza.
Quiero entender si su proceso creativo a la hora de preparar un personaje sigue un patrón reconocible o si, por el contrario, cada proyecto le obliga a empezar de cero:
Suelo hacer el acercamiento de una forma bastante parecida al principio y, conforme va pasando el tiempo y voy conociendo más al personaje y todo lo que le rodea, voy variando los procesos. Creo que sí podría definirse así, porque al inicio toda la información está en el texto y trato de extraer lo máximo posible de él.
¿Y qué notas que empieza a cambiar en ti una vez superado ese primer acercamiento?
Todo depende de con quién trabaje. Si es una dramaturga contemporánea, como Lucía, cuanto más la conoces, más entiendes qué está contando y desde dónde, porque mezcla de forma muy directa su historia personal con la ficción.
En cambio, con Luisa Carnés el trabajo es muy distinto: partes del texto, pero necesitas comprender a fondo el contexto en el que vivía y de dónde bebía. Me acerqué a su obra —’Tea Rooms‘, ‘Natacha’—, vi imágenes suyas enseñando a niños, hablé con su familia; incluso conservan una polvera suya y me la dejaron. Todo eso me permitió empaparme de su atmósfera y trabajar desde muchos lugares distintos, no solo para acercarme a ella, sino para entender su cuerpo, su presencia.
Hacemos un pequeño alto en el camino para detenernos en 1936, bajo la dirección de Andrés Lima, una de las propuestas escénicas más celebradas de los últimos meses. Una mirada contemporánea sobre la Guerra Civil que ha conectado de lleno con el público y con nuestra historia reciente, convirtiendo cada función en un nuevo lleno absoluto.
Un proyecto coral cuyo grado de compromiso ha derivado en un proceso creativo necesariamente distinto:
Con ‘1936’ el proceso creativo fue completamente distinto: es un material infinito. Andrés Lima me dijo desde el principio que la Guerra Civil es el tercer suceso más documentado de la historia, y enseguida te das cuenta de que no hay fondo: libros, biografías, documentales… no se acaba nunca. Tuve que parar y decirme:“Hasta aquí, ahora confía en tu intuición”, porque, aunque te engancha y siempre quieres saber más, no te da la vida.
Al final, el punto de partida puede ser parecido, pero cada proceso tiene su propia identidad y acaba abriéndose a lo infinito.

Fuente imagen: https://dramatico.inaem.gob.es
Como no podía ser de otra manera, el teatro seguirá latiendo con fuerza en esta pieza; pero es momento de girar la mirada hacia el audiovisual, un territorio al que Mamen llegó casi por azar en sus primeros años como actriz y que, todavía hoy, continúa siendo un espacio de aprendizaje constante.
En cine, Los Tortuga (2024), escrita y dirigida por Belén Funes —La inútil (2016), La hija de un ladrón (2019), La Ruta (2022)— ha supuesto para ella una auténtica revolución personal. Ambientada en Jaén —lugar de origen de Mamen—, una de las capas más significativas de la película es la reivindicación del arraigo pese a las dificultades personales que atraviesan sus personajes.
El contacto con la tierra y el duelo se convierten en ejes emocionales del relato, que dialogan con el problema de la vivienda y trascienden lo íntimo para tocar lo social. De esa mezcla nace un film delicado y honesto, capaz de acoger múltiples lecturas sin perder la belleza en el camino.
Según me cuenta Mamen, cuando vio Los Tortuga por primera vez sintió algo muy profundo: la certeza de que, de no haber formado parte del reparto, esta habría sido la película en la que le hubiese gustado estar. Para ella, este proyecto es, de alguna forma, una manera de volver a casa:
Me fui de mi pueblo con 17 años y llevo mucho más tiempo fuera que dentro, pero lo que vives de niña se queda para siempre, aunque creas que lo has olvidado. Volver a hablar con mi acento —lo más natural y cercano que tengo— y volver a esos campos, a la aceituna, a ese lenguaje que ha formado parte de mi vida, ha sido muy importante para mí.
Todo mi entorno giraba en torno a eso, aunque mi familia no fuera especialmente aceitunera. Ha sido un reencuentro con mi infancia, con mis orígenes, y no solo como una vuelta al pasado, sino como una reflexión hacia el futuro y hacia la apertura de un nuevo camino en mi carrera.
En esa apertura de la que habla Mamen hay también una reivindicación clara del acento: ese mismo que, a lo largo de su trayectoria, ha tenido que aparcar para ampliar el abanico de papeles y personajes posibles, desplazándose hacia una forma de hablar más neutra, más “amigable” para el espectador. Una concesión —al fin y al cabo— necesaria para trabajar.
Por eso, Los Tortuga se convierte también en un punto de partida hacia otro tipo de cine:
El castellano lo tengo muy integrado, pero mi chico me hizo una observación muy interesante: cuando trabajo con mi acento, me nota más libre, como si neutralizarlo también hubiera significado neutralizar cierta manera de estar y de gestualizar. Y puede que tenga razón.
En parte, ‘Los Tortuga‘ me ha servido para mirar a mi origen, pero también como una reflexión hacia el futuro y hacia un nuevo camino profesional. Cuando terminé la RESAD, el mensaje era claro: “Enmascara tu acento si quieres trabajar”. Sin embargo, desde 2007 hasta hoy el discurso ha cambiado radicalmente, y la integración de todos los acentos y de toda la diversidad a la hora de contar historias me parece algo precioso.
Con su papel de Inés en la película de Belén Funes, Mamen ha sido nominada en la 38.ª edición de los Premios Asecan del Cine Andaluz a Mejor interpretación femenina, así como en la quinta edición de los Premios Carmen en la categoría de Mejor interpretación femenina de reparto.
Al mismo tiempo, la película se abre paso en la carrera por algunos de los galardones más prestigiosos del cine español —Feroz, Gaudí y Premios Goya—, confirmando que Los Tortuga funciona como un espejo necesario para una parte del público que demanda historias reales:
Ha habido una respuesta muy bonita. Mi personaje era pequeño, casi de acompañamiento, y aun así ha tenido una acogida preciosa. En los premios de ASECAN en Sevilla, la gente mostraba mucho cariño por Inés, y ahora también estoy nominada a los Premios Carmen como actriz de reparto. Lo vivo como un impulso hacia un nuevo camino,quizá acercarme más al cine andaluz y abrir puertas que antes tenía cerradas. No sé adónde me llevará, pero tener alternativas siempre es positivo.
Volver a hablar con mi acento —lo más natural y cercano que tengo— y volver a esos campos, a la aceituna, a ese lenguaje que ha formado parte de mi vida, ha sido muy importante para mí.

Fuente imagen: https://dianaellerker.com
Aquí, hacemos un pequeño paréntesis para reflexionar juntas sobre la importancia de figuras como la de Belén Funes y otras directoras que por fin, han encontrado su hueco en una industria poco generosa con las historias que nos mueven:
Este surgimiento de directoras con historias tan distintas me fascina. No hay un “cine de mujeres” único: cada una tiene su visión y su forma de contar. Que esto ocurra, tras un esfuerzo por abrirles espacio en un mundo muy copado por hombres, es una suerte: amplía el abanico de historias, miradas y personajes. Pertenecer a esto me parece una verdadera fortuna; las admiro muchísimo por su valentía.
Ahora es momento de abrir una pequeña ventana a la televisión, otro medio en el que, en los últimos años, Mamen ha encadenado personajes inolvidables y de largo recorrido. Ya hablábamos al principio de la importancia de Espe en Servir y Proteger, una de las series diarias de mayor éxito de la última década; y también de uno de sus trabajos más recientes, el de la Comandante Serrano en La Encrucijada.
¿Qué retos plantea, como actriz, sostener personajes tan prolongados en el tiempo dentro de este tipo de producciones?
Cuando pasas tanto tiempo con un personaje casi se produce una simbiosis: no sabes muy bien dónde acaba él y dónde empiezas tú, porque convives prácticamente 24 horas entre rodaje y estudio. Es un trabajo muy exigente, y por eso valoro tanto las series de larga duración: son un máster en interpretación.
A mí lo que más me alucina es la lealtad del público a este tipo de series y, por supuesto, a sus personajes. Hay algo casi ritual en ese seguimiento diario o semanal, una fe ciega que se construye con el tiempo y convierte a los personajes en parte de la vida de quienes los miran.
Para Mamen, la respuesta del público es un acto de generosidad total:
Hay gente que literalmente te dice que tus personajes le han cambiado la vida, y eso llena muchísimo.
No sé si todavía ocurre, pero siempre ha habido un pequeño grupúsculo de actores y actrices que han denostado mucho este tipo de series.
Yo debo reconocer que antes decía: “Es una diaria, yo aspiro a hacer cine”. Y sí, es un proceso diferente: a mí me gustan los procesos largos, investigar, empaparme del personaje, hacer propuestas…mientras que una diaria se trata más de resolver y estar atenta constantemente. Pero, al mismo tiempo, se me han quitado esas tonterías: me ha crecido una admiración enorme por quienes hacen este trabajo, por el esfuerzo intenso y rapidísimo que requiere y por la mente que hay que tener para gestionarlo.
De todas formas, tanto en ‘Servir y Proteger’ como en ‘La Encrucijada’ me han permitido jugar, investigar y descubrir cosas nuevas: algunas se descartan, pero otras se convierten en hallazgos maravillosos.


Se acerca el final, pero mi curiosidad se resiste: podría pasar mil horas más hablando con ella y seguiría alucinando.
Así que, para ser seria, lanzo la típica pregunta sobre su visión de la industria audiovisual actual —centrada en el algoritmo desenfrenado— y, sobre todo, cómo es la Mamen espectadora. Una mirada que, por cierto, ya comparte con sus dos hijos, que poco a poco descubren cómo las series pueden tejer costumbres y pequeños rituales familiares.
Con un ritmo tan frenético de producción y estrenos, ¿crees que el espectador aún puede conectar de verdad con las historias y los arcos de sus personajes?
Creo que puede pasar y pasa, pero echo de menos ese tiempo de digestión y reflexión: comentar con tu círculo cercano lo que pasó, lo que puede pasar, lo que desea el personaje… Esa espera y ese deseo influyen en la recompensa, y hoy, con la rapidez de consumo, se pierde.
Lo noto con mis hijos porque quiero que les deje huella. Por eso intento recrearles ese rito, como cuando nosotros veíamos algo un día, una hora concreta, todos sentados en el sofá, comentando después, esperando con tensión el siguiente capítulo. Creo que ese tiempo, ese deseo y ese ritual son fundamentales para que la experiencia de la serie se marque de verdad.
Sin embargo, en la contradicción constante en la que navegamos como espectadoras, esta proliferación de plataformas ha abierto para las actrices y actores un abanico de oportunidades, ¿me equivoco?
Es una bendición y, a la vez, una condena: tenemos mucho más trabajo, más oportunidades y acceso a muchos personajes, pero también pasamos más desapercibidos en medio de la marabunta de series, programas y contenidos.
Por eso creo que lo que se cocina a fuego lento se nota: películas como ‘Los Tortuga‘, pensadas y escritas durante tantos años, en realidad llevan la voz de Belén, su infancia, su familia y su conexión con la tierra. Eso se posa de manera diferente a la rapidez con la que a veces consumimos series, donde casi no distingues una de otra.
El desenlace está a puntito de llegar, pero antes de bajar el telón quiero volver a lo que hay detrás y entender qué le aporta el teatro que no le aporte ningún otro medio.
Lanzo la pregunta aquí, casi descontextualizada dentro de la conversación, porque su respuesta resume a la perfección todo lo que hemos hablado: quién es ella y, sobre todo, la importancia y el valor que tiene ser canal y contadora de historias.
El teatro es más energético y físico, y permite estar en contacto con todas las partes del proceso. A diferencia del audiovisual, donde entras en la última fase con todo muy pensado y tu margen de acción es más limitado —aunque tiene otras cosas maravillosas—, en el teatro se trabaja desde cero. Aportas, incluso al texto, junto a compañeras y compañeros, directoras y directores…muchas ideas surgen durante los ensayos y puedes sumarlas al trabajo.
Formar parte del proceso desde el inicio hasta el final me hace sentir portadora de la historia. No solo contarla, sino ser un canal para que llegue bonita al público, me da una sensación de pertenencia y responsabilidad que disfruto muchísimo.
Y, para cerrar este viaje, la última pregunta —que curiosamente siempre es la primera—: ¿Quién es Mamen Camacho para Mamen Camacho?
No tengo ni idea. Por eso necesito buscarme en los personajes y conocer tantas personas en la ficción: no para ver si me encuentro a mí misma, sino para hacer un collage con ellas. No podría definirme con una frase o una palabra, y además sería mentira, porque siempre tienes una percepción errónea de ti misma. Por eso intento buscarme allí, en esos lugares y en los personajes.


Llego a este cierre con la energía por las nubes y también un poco exhausta, pero desde que colgué con Mamen tenía claro que si algo merecía esta charla era todo el mimo y cuidado que puedo ponerle para agradecerle su tiempo, su buen rollo y su predisposición infinita.
A modo de recordatorio —y aunque con las entradas agotadas— hasta el 8 de febrero Cumpleaños se asoma al Salón de Balcones del Teatro Español. 1936 renace por tiempo limitado en una grabación que tendrá lugar del 26 al 29 de enero en el Auditorio UC3M (Universidad Carlos III de Madrid, Campus de Leganés).
La Fortaleza, quizás volverá… porque siempre vuelve.
Pura Sangre, su proyecto audiovisual más reciente, con fecha de estreno por confirmar, verá la luz muy prontito en los lares televisivos de Mediaset. Y con La Encrucijada recién terminada, junto a otras propuestas como Mar Afuera en Atresplayer, puedes darle un toque más molón a tu algoritmo si Mamen Camacho aparece en él.
En un intercambio de mensajes, en los últimos días de 2025, Mamen y yo nos encontramos en un ojalá:
Ojalá vernos en la puerta de un teatro.
O al menos en un café virtual.
Dicho y hecho.
La conexión haciendo de las suyas.
*La imagen principal es una fotografía de Carlos Villarejo.



