Si tú me dices Beatriz, yo digo Arjona – BORRADOR

Este es, sin duda, el título más friki que le he puesto a una entrevista hasta el momento.

Lo que he hecho es una pequeña alteración de la canción de Love of Lesbian (poco hablo de ellos para ser mi banda favorita de la historia), que se titula Si tú me dices Ben, yo digo Affleck. La protagonista del videoclip de este tema es la misma que, a continuación, va a copar estas líneas. Es fuerte, si me preguntas.

Durante la conversación no le menciono nada sobre esto —una se guarda sus cartas creativas—, pero adelanto que mi intuición no falla. Tenía muchas ganas (y desde hace tiempo) de compartir este ratito con ella y, de paso, se me ha desbloqueado la necesidad de bailar juntas la canción de los lesbianos o tomarnos un prosecco, un Aperol o un vermut al sol (o un agua, que tampoco quiero yo contribuir a la ingesta de bebidas espirituosas). Quién sabe…

Beatriz Arjona es actriz. Sevillana de nacimiento, podríamos decir madrileña de adopción e italiana de pasión —lo de la pasión lo afirmo yo, porque hablaremos de Italia por razones que en breve comprenderás—, pero me queda claro que le gusta descubrir el mundo, tanto el terrenal como el artístico, desde la curiosidad genuina.

Su vinculación con el arte empieza de niña, a través del flamenco, aunque es su hermano —que hoy es bailarín de danza contemporánea— el primero que cae rendido a los pies del teatro. Lejos de quedarse atrás, ella empieza a macerar un caldo creativo propio que la empuja a explorar las artes escénicas sin abandonar otras inquietudes, como la fotografía. Hace las pruebas para entrar en la ESAD de Sevilla y, tras licenciarse en Arte Dramático, se marcha a Madrid para continuar formándose y probar suerte en la capital.

Allí comienzan sus primeras incursiones en el audiovisual, especialmente en el cortometraje —es de las pocas actrices que conozco que sigue haciéndolos a día de hoy, y esto me encanta—, antes de dar el salto al largometraje sin abandonar nunca las tablas.

En 2013, tras su participación en Casting, de Jorge Naranjo, recibe la Biznaga de Plata a Mejor Actriz de Reparto en el Festival de Málaga. A partir de ahí, su recorrido suma títulos como A quién te llevarías a una isla desierta, de Jota Linares, o trabajos más recientes como Solos en la noche, de Guillermo Rojas, y Fin de fiesta, de Elena Manrique. En televisión, también ha dejado huella en ficciones como Las chicas del cable, El Ministerio del Tiempo, Ana Tramel. El juego o Amar es para siempre, entre otras.

Algo me imaginaba, pero ella me lo confirma: en su carrera, ya consolidada, la entrega sigue intacta. Lo que ella llama el “pico y pala”.

Si como espectadora es complicado identificar la meritocracia en el mundo de la interpretación, hacerlo desde dentro debe de ser incluso delirante; sin embargo, la mirada de Beatriz sobre su trabajo empieza a fascinarme: hay vocación y una forma muy consciente de convertir la pasión en oficio.

En este punto ya tenemos todo lo necesario para construir juntas esta pieza. Ella lo hace súper sencillo y yo ya estoy dentrísimo.

Beatriz Arjona en Fin de Fiesta (2024) de Elena Manrique.
Fotografía: Julio Vergne (@ljuliovergne) – Fuente imagen: Kuranda

Empezar a amasar la charla por el presente me parece la mejor opción. Quiero que esta conversación nos quede bien al dente, y Beatriz Arjona nos va a dar todos los ingredientes que necesitamos. Como una buena pasta italiana hecha por una nonna.

No es que me haya dado ahora por abrir un blog de recetas, pero la metáfora viene al pelo para hablar de Buen Camino, la película más taquillera de la historia de Italia. Sí, más que la última de Avatar, más que cualquier movida de Marvel… y con un éxito que ni los grandes blockbusters consiguen: salas llenas desde el mismo día de su estreno —todo un 25 de diciembre—, público repitiendo, y hasta cines pequeños que estaban a punto de cerrar volviendo a latir gracias a ella.

Detrás de este hito hay un equipo completo, pero, por poner algún nombre sobre la mesa, destaca el de Luca Medici: actor, músico y cómico. La mente tras la máscara de Checco Zalone —su nombre artístico— y uno de los rostros más reconocidos de la comedia en Italia.

En medio de toda esta locura que parla italiano, Beatriz no solo cumple el sueño de participar en una producción de un país al que ama, sino que le ha dado ese bocado artístico que solo llega tras mucho tiempo proyectando y trabajando.

Antes de entrar a entender las claves del éxito de Buen Camino, quiero saber cómo Bea se convierte en Alma:

¿Y en medio de ese cúmulo de casualidades sentiste que esta vez sí podía pasar?

Aunque en un ratito nos adentraremos de lleno en sus procesos creativos y de construcción de personajes, no quiero dejar pasar la oportunidad de preguntarle por las diferencias entre rodar en Italia y en España.

¿Nos unen más cosas de las que nos separan?

Buen Camino se mueve en ese territorio que parece ligero, pero aprieta donde importa. La comedia, sí, pero también, y como dice Bea, ese pellizquito. Dirigida por Gennaro Nunziante, la historia habla del autodescubrimiento, de la forma en que nos miramos por dentro y de esa relación padre-hija que se reconfigura cuando la vida empieza a ir más rápido de lo previsto, con el Camino de Santiago como telón de fondo.

La curiosidad es que, si bien la película tiene alma italiana, se ha rodado en España. Lo que ella no esperaba, desde luego, era que el fenómeno creciera a este nivel:

Una de mis máximas a la hora de plantear entrevistas es que, de base, la persona que está al otro lado me interese de verdad.

No me escondo: llevo años bicheando la carrera de Beatriz y siendo testigo de un éxito que no solo se ha materializado en Italia, sino también en nuestro país, con reconocimientos recientes como el Premio a Mejor Interpretación Femenina Protagonista en los Premios Carmen por Fin de fiesta o el Premio a Mejor Interpretación Femenina en los Premios del Cine Andaluz ASECAN por Solos en la noche.

Galardones que empujan, claro, pero que en su caso no parecen capaces de despistar a la hormiguita hecha actriz. Porque si algo me intriga de verdad, más allá de la foto del premio y del titular fácil, es cómo se convive con todo esto cuando llevas años sosteniendo la carrera desde el compás del pico y pala.

Siempre defiendes que tu cuna ha sido el teatro, pero también el cine independiente:

Si no estás muy familiarizado con el universo actoral, es fácil caer en la tentación de pensar que una actriz se consagra por ciencia infusa, como si la interpretación fuese un ente al que aferrarse cuando otras carreras o labores no te llenan. La realidad, sin embargo, es muy distinta.

En su caso, varios caminos se fueron cruzando hasta convertirla en lo que es hoy.

Por un lado, unos padres que, aunque no estaban vinculados al mundo artístico, siempre animaron a sus hijos a canalizar sus energías a través de él. Por otro, su tío José, que eligió la filología y la docencia como carrera estable, pero que sembró en ella la pasión por el arte a través de la música y el teatro.

Y, como suele ocurrir, también estuvo la amiga (y si no, la amiga seguro que hubiese sido ella) que te convence de dar el primer paso: en su caso, presentarse a las pruebas de Arte Dramático y lanzarse a probar suerte.

De Sevilla al mundo, Beatriz lleva siempre su raíz andaluza por bandera. Tiene esas vibras que la acompañan y le permiten mantenerse conectada a su tierra, incluso cuando interpreta historias que se desarrollan lejos de ella. Su decisión de continuar sus estudios en la capital respondió a la necesidad de seguir formándose y forjar su propia trayectoria, en un camino que nunca ha dejado de estar vinculado al audiovisual y a la escena andaluces.

Hasta hace poco, esta industria no era muy amiga de la diversidad de acentos e idiomas; hoy, sin embargo, la autenticidad y la riqueza de matices son cada vez más valoradas, y Bea lo ha sabido integrar a la perfección en su camino profesional, sin renunciar a su identidad:

Beatriz Arjona en el documental Tierras solares (2018) de Laura Hojman.
Fotografía de Curro Medina (@curro.medina) – Fuente imagen Kuranda

Con esa convicción y en este punto de la conversación llega el momento de hablar de teatro.

Le confieso una de mis espinitas: no haber visto Otra vida, la obra escrita y dirigida por Oriol Tarrasón (en esta casa se le venera), que se estrenó en 2022 y giró por buena parte de la España postpandemia. Nunca llegó a València ciudad y yo me quedé con todas las ganas de adentrarme en esa historia que se preguntaba cómo se mira la vida desde la perspectiva de quien, supuestamente, ya lo ha vivido casi todo.

En ese proyecto, Beatriz compartía tablas con intérpretes de la talla de Beatriz Carvajal, Juan Gea, Jesús Castejón o, posteriormente, Juan Fernández.

Pedirle que escoja entre el teatro y el audiovisual sería forzar una frontera que quizá no existe; pero si el teatro le recorrió las venas casi desde el principio, me intriga saber qué espacio habita ahora en ella.

Si tuviéramos que trazar el mapa artístico de Beatriz sobre las tablas, aparecería un recorrido especialmente amplio: desde textos clásicos como El avaro, de Molière, hasta propuestas contemporáneas como Ejercicios de violencia para abejas, de Abel Zamora; o piezas convertidas en auténticos artefactos de alto voltaje escénico, como Las dependientas, con dramaturgia de Julio León Rocha y dirección de Fran Pérez Román.

Una cartelera personal nutrida que, además de permitirle cambios de registro y explorar mundos muy distintos entre sí, comparte un mismo denominador común: la fugacidad.

Porque si el teatro es mágico, también tiene ese punto efímero que lo hace tan especial:

Has participado tanto en montajes íntimos como en propuestas marcadamente corales. ¿Cómo condiciona tu trabajo la relación con el resto del elenco?

Lo comentaba en la charla fantástica que me regaló Mamen Camacho y ahora lo comparto con Beatriz: creo que, si yo tuviese que enfrentarme a tantas despedidas a la vez —las que llegan cuando los proyectos concluyen—, no sé cómo encajarían en mi forma de ser.

Aunque para ella al principio era algo doloroso, con los años ha aprendido a convivir con ello y a percibirlo también como la puerta a nuevos comienzos:

Mientras seguimos hablando, percibo que hay algo que acompaña tanto a la Beatriz actriz como a la Beatriz persona: la curiosidad. Honestamente, no siento que estén tan separadas la una de la otra, pero me permito la licencia literaria. Y también la adrenalina. Todo a la vez.

Una especie de buscavidas emocional y artística, que mantiene vivas sus pulsiones creativas y le permite adentrarse en lo que ya son sus aliadas para siempre: todas y cada una de las personajes a las que ha dado su sello.

Y ahí es donde quiero detenerme, en ese primer acercamiento, en cómo empieza a construirse una vida que todavía no existe:

Un proceso creativo vivo del que nace lo que ella llama su propia biblioteca emocional y sensorial:

Me interesa detenerme en lo que ocurre por dentro cuando toca ponerse en la piel de alguien completamente alejado de una misma: ¿caes en la tentación de juzgarlas o, precisamente por eso, las abrazas todavía más fuerte?

Ya sea en teatro o en audiovisual, ella insiste en la importancia de equilibrar la fisicidad del personaje con su mundo interno. Y eso me lleva inevitablemente a pensar en cómo cambia —o no— el desarrollo de un arco según el medio.

Si nos centramos en la televisión, Bea ha formado parte de seriones fantásticos como Los años nuevos, Operación Barrio Inglés o Libertad; y de nuevo, la versatilidad por bandera.

Entre risas, comentamos también la saturación de las plataformas y esa proliferación de ficciones “de consumo rápido” que parecen cortadas por el mismo patrón. Pero, más allá de la industria y sus dinámicas, mi curiosidad va por dentro: ¿es muy distinta la relación con un personaje cuando se desarrolla a lo largo de una serie?

Para ella, por las dinámicas actuales de producción, apenas hay diferencia entre rodar una película y una serie, aunque sigue defendiendo ese valor artesanal que solo tiene el teatro. Pero aquí me interesa hacer un pequeño alto en el camino y detenerme en un territorio que no siempre aparece en las conversaciones con intérpretes: el cortometraje.

Desde que terminó sus estudios y se instaló en Madrid, ha mantenido un vínculo constante con el corto, primero desde lo amateur y después desde lo profesional. Lejos de verlo como el hermano pequeño del cine, enfrentarse a este formato es algo que tiene claro que no quiere soltar.

Es curioso que, con una carrera tan visceral, Bea siga sintiendo ganas de entregarse a esas historias breves que condensan tanto en tan poco tiempo:

Otro punto súper bonito al respecto de esta reflexión sobre los cortometrajes, es precisamente, poner en valor la existencia de nuevas voces y talentos que empiezan. La realidad de acercarse a realidades actuales que se canalizan a través del cine:

Uno de los primeros largometrajes en los que participó Beatriz Arjona fue Casting, de Jorge Naranjo, un proyecto muy meta-cine que exploraba cómo los actores se buscan la vida para trabajar. La película, aunque compartía filosofía de trabajo con los cortos por su enfoque comunitario y lenguaje audiovisual, se estrenó en 2013 con gran acogida crítica, especialmente gracias a su paso por el Festival de Málaga.

Una historia pequeña que se fue haciendo grande y que supuso un punto de partida clave para ella, permitiéndole construir una filmografía sólida y trabajar con directores como Jota Linares, Enrique Urbizu o la ya mencionada Elena Manrique, entre muchos otros.

Géneros y texturas diferentes que la mantienen con los pies en la tierra y alimentan ese vértigo que recorre el cuerpo cuando se enciende el piloto y el silencio del rodaje lo llena todo.

Beatriz Arjona en Solos en la noche de Guillermo Rojas. Fuente imagen: Kuranda

Me llama la atención que, pese a todo lo que ya hemos comentado sobre su experiencia en la profesión, siga mostrando esas pequeñas dosis de vulnerabilidad cuando se enfrenta a un nuevo proyecto.

Adivino, entonces, que en esta industria que antes bebía los vientos por la linealidad de la televisión y las salas de cine, y que ahora se ha convertido en una pócima donde conviven algoritmos y espectadores sedientos de relatos rápidos, Bea experimenta una mezcla de emociones encontradas.

¿Y en ese no todo depende ti estarían las redes sociales?

Este es un comentario un poco de cuñado y una opinión personal, pero comparto con ella que como espectadora que intenta afinar la mirada y la observación, creo que se nota mucho al actor o la actriz que viene de teatro y al que se ha lanzado directamente al audiovisual, no digo que sea mejor ni peor, pero sí creo que abre la conciencia de forma diferente.

Para ella, que también da clases a nuevas generaciones de actrices y actores, el cambio de su generación a esta y la forma de percibir la profesión, es abismal:

En la recta final de esta charla —un flipe absoluto— quiero detenerme en dos territorios que siento suyos: su diálogo con otras artes y ese impulso, cada vez más nítido, de convertirse en narradora de sus propias historias, ya sea desde la escritura, la dirección o en ese cruce preciso entre ambas.

Y aquí asoma también otra cuestión: cómo se convive con la ansiedad creativa. Esa chispa que se enciende al entregarse por completo a la interpretación, pero que no se conforma y reclama otros lenguajes artísticos:

Y ahora sí, para ponerle un broche a este baile vital que nos hemos marcado juntas, llega esa pregunta que siempre me gusta reservar para el final: la que invita a mirarse hacia dentro y, de paso, le da sentido a todo lo compartido. Porque lo que hemos recorrido aquí ha sido un viaje honesto y luminoso, de principio a fin.

Le aseguro que no busco que se defina. Pero no es del todo cierto: en el fondo sí quiero saber cómo se nombra a sí misma. No le doy demasiado margen para pensarlo; me interesa esa respuesta que aparece primero, la que surge sin tiempo de ensayo.

Beatriz Arjona es actriz y creadora.
Fotografia de Lázaro Cabrera (@_lazaro_cabrera) – Fuente imagen: Kuranda

Del futuro no me cuenta mucho, porque no puede, pero hay una película en ciernes que tendrá como escenario Andalucía. Quizá más pronto que tarde llegue esa historia propia y, ojalá, también el teatro vuelva a llamarla para seguir creando en todos los lenguajes que la habitan.

En los primeros minutos de nuestra conversación le confieso a Bea que justo había visto una entrevista suya reciente en El País y me dio un poco de vértigo. Ella, que ya lleva unas cuantas charlas con periodistas a sus espaldas, me decía con una naturalidad abrumadora que todo tiene cabida. Agradecí mucho ese abrazo virtual.

Mientras le doy forma a este cierre, escucho otra conversación que tuvo hace apenas unos días con Àngels Barceló en Hoy por Hoy, de la SER. Otra gigante.

Y entonces me entra la risa, pero enseguida reacciono: quizá esta pieza podría ser un corto protagonizado por la actriz en movimiento. La que no se conforma. La que abraza las historias que le conmueven de verdad. La que no quiere dejar de bailar.

Voy a subir la música, terminar de remover el Aperol imaginario y ponerle el punto final al relato de Beatriz Arjona, pero con todo el feeling que ella se merece:

*La imagen principal es una fotografía de Alejandra Amere.


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