Kintsukuroi es el concepto que impregnará las siguientes líneas. Pero antes de avanzar, déjame explicártelo.
En su vertiente material, designa una técnica japonesa de reparación de cerámica rota que recompone las grietas con una mezcla de resina y polvo de metales preciosos. El objetivo no es ocultar el daño, sino otorgarle un espacio desde la belleza.
En su dimensión emocional, kintsukuroi se ha convertido en una filosofía de vida: aceptar nuestras heridas e integrarlas como parte de nuestra identidad.
Leído así, parece sencillo y casi familiar, fácil de identificar, pero confieso que, hasta toparme con el disco del protagonista de esta charla, desconocía por completo el término y todo lo que encierra.
Así que, con la teoría ya clara, llega la práctica: ¿qué tiene que ver todo esto con la música? La respuesta la tiene Alberto Pérez, más conocido como Alberttinny, que a través de esta palabra de escritura complicada y sonoridad poética nos abre las puertas a su proyecto más personal.
El exguitarrista de IZAL inició su carrera en solitario poco después de que la banda anunciara su cese. Y a pesar de las dificultades que entraña emprender una aventura así tras haber estado en primera línea de listas de ventas, grandes estadios y festivales, en él sigue habitando esa chispa que se prendió cuando, con solo ocho años, cogió una guitarra por primera vez.
La misma que ha redescubierto al dar forma a sus propias canciones; y la que siente cada vez que se sube al escenario con un único propósito: que sus letras y su música remuevan, de alguna forma, a quien se acerca a escucharle.
Hace poco más de un año, Kintsukuroi se hizo realidad: un álbum delicado y bello, compuesto por diez cápsulas hechas canción, nacidas de su intimidad y de un proceso de recomposición personal y vital que aún hoy le impulsa a seguir creando. También desde la experimentación sonora y el mimo en la producción, que se disfruta desde la primera escucha.
Cuando empezamos la entrevista, le explico un poco lo que quiero conseguir con puntoDgiro y enseguida nos entendemos. Coincidimos en la manera de observar las cosas: con calma, con pausa, con sentido.
Entonces le damos al play y todo fluye. Te animo a quedarte un ratito por aquí, porque el universo de Alberttinny suena increíble.
La tradición manda, y con ella llega la pregunta que inaugura todas las entrevistas. En este caso, me interesa especialmente descubrir cómo se presenta —o se define— Alberttinny, en medio de un proceso de búsqueda cuyo destino final tiene nombre propio: la música.
Soy un tío que, después de haber vivido cosas que han ido bien —y que también han sido muy complicadas, porque que te vaya bien en la música es casi un milagro—, ahora estoy reinventándome. Estoy encontrando retos e ilusiones nuevas en la música y, sobre todo, manteniendo muy presente el motivo por el que empecé: simplemente amo la música y lo que me transmite. Eso es lo que quiero seguir haciendo el resto de mi vida.
Su primera toma de contacto con la música llegó siendo muy pequeño. Gracias a su abuelo y a un amigo de la familia, de origen argentino y vinculado al folclore tradicional latinoamericano, descubrió instrumentos como el acordeón. Aunque, al final, fue la guitarra la que se convirtió en su compañera inseparable.
Empecé a los ocho años a tocar la guitarra y en casa, por parte de mi abuelo, había un acordeón, también lo empecé a tocar. Durante un tiempo estuve con la guitarra y el acordeón, pero luego ya me quedé solo con la guitarra porque era lo que más me interesaba.
En mi familia teníamos un amigo argentino, que tocaba mucho folclore latinoamericano y tenía un gran repertorio de clásicos. A mí eso me llamaba mucho la atención y siempre tenía el impulso de ir a coger la guitarra cuando él la dejaba. No sé por qué, pero me cautivó. Desde entonces, estoy en contacto con la música de alguna manera.
Extremeño de nacimiento y crianza, Alberto se trasladó a Madrid con 23 años para estudiar Música Moderna. Pero un anuncio buscando guitarrista para una banda en formación cambió por completo su rumbo: aquel proyecto se llamaba IZAL, y entrar en él transformó su visión del futuro y de la música.
De repente, la profesión dejó de ser un sueño lejano y se convirtió en un torbellino de oportunidades y aprendizajes, sin perderle el puso al arte:
En IZAL éramos cinco personas, cada una con sus influencias musicales y su manera de ver la vida. Cuando pasas tanto tiempo trabajando con la misma gente, inevitablemente absorbes aprendizajes, incluso sin darte cuenta.
Había compañeros con mucho bagaje muy distinto. Por ejemplo, Iván Mella (teclados) venía del mundo de la música de sesión: era el único profesional cuando entró en el grupo y eso nos aportaba una visión que nosotros no teníamos. En realidad, ninguno había estado antes en una banda grande y el propio proyecto nos hizo aprender mucho de todo: de cómo gestionar cosas, de cómo movernos en este mundo.
Le cuento que IZAL es la banda que más veces he visto en directo: catorce. No me perdía un concierto, un showcase, una firma de discos… Mi corazoncito estalló de pena con su final, pero tener a Alberttinny al otro lado me reafirma en la idea de que la música es de las pocas cosas que persisten cuando todo se complica.
Para él, aquella etapa fue un aprendizaje constante y un impulso decisivo para convertirse en el artista que es hoy:
De todo aquello me llevo la idea de que hay que hacer las cosas con el máximo cariño y cuidado, y esto es lo que me apetece mostrar ahora. Después de una etapa tan grande, siento que estoy en un momento de redescubrimiento, volviendo de alguna manera a los inicios. La diferencia es que ya no tengo la ansiedad de llegar a ningún sitio.
En su momento sí existía esa presión de querer vivir de la música; ahora mi objetivo es más sencillo: seguir viviendo de la música. Con eso me basta.

Superados los inicios, nos adentramos de lleno en su proyecto actual, siempre al compás de su momento vital. Aún no es momento de desgranar el álbum, pero me interesa muchísimo saber cómo se enfrenta Alberto al instante más íntimo de la composición: ese horror vacui que surge en todo proceso creativo.
Para mí esta parte de la composición ha sido bastante curiosa, porque cuando nunca has hecho algo, no tienes método. Y eso me pasó al empezar a componer porque no sabía si lo estaba haciendo bien o mal, ni cómo debería ser. Entonces todo este tiempo me ha servido para conocer mis propios tiempos como compositor. Antes, como guitarrista, sí los tenía claros: sabía cuándo tenía que parar de dar vueltas a un riff. Pero al escribir letras, no sabía cuándo dejarlo.
Ese ha sido mi aprendizaje: llegar a una profundidad en la que diga “esto sí que soy yo”, verme reflejado en la canción.
Pero dime, ¿eres de los que esperan a que las musas lleguen, o planteas la composición casi como un ejercicio de alto rendimiento?
No dispongo de todo el tiempo del mundo, así que he aprendido a aprovechar momentos: dar un paseo, que se me ocurra una melodía y grabarla en el móvil; ir conduciendo y grabar rápido lo que se me ocurre. Grabo todo lo que se me pasa por la cabeza.
Muchas veces las canciones las voy desarrollando más en mi cabeza que en el estudio. Y voy a grabar la maqueta, ya tengo buena parte adelantada solo con notas de voz. Esa es la manera que estoy depurando últimamente: aprovechar el tiempo y avanzar más. A veces las ideas fluyen, y otras no. Pero aunque no sepa qué hacer, me siento, enchufo la guitarra y toco. Eso me inspira. Gracias a eso he vuelto a componer. De hecho, acabo de entrar a grabar música nueva y estoy feliz.
Si has descubierto a Alberttinny, o lo estás haciendo ahora, te recomiendo no saltarte la experiencia de escucharlo con los ojos cerrados. Estrofas, puentes, estribillos… todo convive y se mezcla con el propósito de hacernos latir fuerte.
Quiero saber si, para él, ese latido de la composición resulta de algún modo terapéutico. Por lo que me cuenta, parece tenerlo muy claro:
Sí te diría que es terapéutico pero también tiene una parte de pudor. Recuerdo el estreno de mi primer single en YouTube, ‘Mi propio incendio‘: al escucharlo en directo con la gente, me sentí muy vulnerable. Había escrito cosas muy importantes para mí y me costaba exponerme. Pero aprendí que tenía que hacerlo así, que forma parte del proceso. Reflejar los momentos que uno vive es una alegría.
Ahora mismo estoy en otra etapa, y las canciones que vienen son completamente distintas. ‘Causas perdidas‘, por ejemplo, la compuse dos semanas antes de entrar a grabar el disco y tiene un aire mucho más alegre precisamente porque yo estaba feliz. Veía mi disco cerca y a última hora entró esta canción con un toque distinto.
Al final mis canciones son como un diario: reflejan mi estado de ánimo y quiero que siempre sean así.
Ahora quiero recomponer los pedacitos de ese Kintsukuroi personal que Alberto ha transformado en su primer disco, una declaración de intenciones de lo que está por venir: un autor que se entrega a sus historias y a la delicadeza de contarlas a través de la música.
Aunque el título es muy evocador y podría anticipar una propuesta conceptual, la realidad es que el nacimiento de este álbum surge de otras necesidades más íntimas de su creador.
Así lo explica:
El álbum nace de la necesidad de seguir. Me di cuenta de que si no había canciones, no tenía nada que hacer. Y que las canciones tenía que hacerlas yo. No me veía formando una banda ni buscando a alguien que compusiera o cantara por mí. Lo compuse en un contexto vital concreto, con un estado de ánimo determinado. Descubrí el concepto de ‘Kintsukuroi‘ gracias a una charla del psicólogo Tomás Navarro y me encantó. Vi que describía mi proceso: recomponerme a través de la música.
¿Tan potente fue para ti el descubrimiento del concepto cómo para decidir que el disco llevase su nombre?
Primero existió la canción, y luego decidí que el disco llevara ese nombre, aunque no me gustaba mucho la idea de ponerle el mismo título a un tema. Pero era perfecto, porque resumía lo que estaba viviendo: un proceso sanador en el que, después del disco, yo ya no iba a ser el mismo que cuando empecé.
El proceso de creación de un álbum hoy en día tiene sus tiempos y, para Alberttinny, Kintsukuroi ha supuesto el inicio de un proyecto que busca ser sostenible, pero sin perder ni un ápice de la belleza que caracteriza sus canciones.
Al hilo de esto, lanza una reflexión interesante sobre el punto en el que se encuentra actualmente con este trabajo, un año después de su lanzamiento:
Justo se acaba de cumplir un año desde que salió el disco. El proceso fue largo: composición, grabación, y luego casi un año sacando single a single. Así funcionan las cosas hoy: no puedes lanzar un álbum de golpe si no eres un artista muy grande. Tienes que ir llegando poco a poco a la gente.
Por eso tengo muchas ganas de canciones nuevas, con otra aura. Tengo que defender lo que ya hice, porque fue un momento importante de mi vida. Pero ahora estoy en otro lugar, confío más en mí y en mis canciones. Creo que, con más exposición, podría ser un proyecto sostenible y bonito. Ese es el objetivo.
Esto no se lo conté durante la charla, pero no quería perder la oportunidad de dejarlo aquí escrito, mientras la creatividad me lo permita. La primera vez que escuché Mi propio incendio, sentí un clic en mi mente, como si un calambre despertara un camino secreto por el que transito entre bloqueos y negaciones, sanándome a través de la música.
Si ese estímulo me recorrió a mí, me pregunto qué espera Alberttinny que ocurra cuando alguien se adentra en su universo musical:
Quiero que quien me escuche se vea reflejado y no sienta impostura. Lo que no me gusta en la música es cuando noto que las cosas están hechas “para molar”, en lugar de ser auténticas. Quiero que encuentren verdad y honestidad. Que conecten emocionalmente con mi música.
Y sin perderle el oído al universo, toca intentar desgranar a qué suena Kintsukuroi. Para ello, Alberttinny se rodeó de Santos & Fluren, dos de los productores más reconocidos del panorama independiente nacional. Con álbumes a sus espaldas junto a bandas como Love of Lesbian o Viva Suecia, y voces como Zahara o Chica Sobresalto, han sido los encargados de ayudarle a dar forma y profundidad a la atmósfera sonora del disco.
Tenía claro que quería grabar con Santos & Fluren porque tenemos mucha conexión y confiaba en ellos, me encanta lo que hacen. Sabía que podían ayudarme a potenciar lo que yo quería transmitir. Muchos arreglos son míos, otros de Fluren, pero el sonido del disco es obra de Santos.
Al principio hablamos de hacer un disco más pequeño, con un aire sesentero, baterías apagadas… Pero él quería arriesgar y hacer algo más original, que la mezcla no fuera estándar. Trabaja mucho con sonidos, atmósferas, ambientes pero todo tiene que emocionar y girar en torno a la voz. Para él, el hilo conductor es siempre la voz.
Parece que, como oyentes, siempre estamos obligados a etiquetar cada canción que escuchamos o cada proyecto que descubrimos. Sin embargo, la música es un territorio tan amplio que, si algo nos permite, es precisamente jugar.
Para Alberttinny, la clave está en fusionar lo que se cuenta con lo que se escucha, y en Kintsukuroi esa búsqueda de identidad y la voluntad de experimentar se hacen presentes en cada detalle, en cada forma:
Creo que hay que tener un discurso propio, porque uno se expresa como se expresa. No puedes hablar de un día para otro de otra manera. Pero dentro de eso, siempre intento buscar novedades que me hagan sentir algo nuevo. En este disco, por ejemplo, hay canciones con ‘vocoder’ grabadas en directo. También compuse una en piano, aunque no soy pianista, para salir de la guitarra.
No hago música de vanguardia, pero dentro de mi proyecto quiero probar cosas, traer melodías menos complacientes, experimentar. Siempre estoy dispuesto a cambiar y a evolucionar.
El trabajo de un músico trasciende y se hace verdaderamente vivo sobre el escenario. Kintsukuroi, que desde una escucha íntima podría definirse como un álbum atmosférico y delicado, cobra una nueva dimensión en directo.
Una dimensión que recorrerá distintas ciudades del país y que, para Alberttinny, supone también un nuevo comienzo:
La primera gira no fue muy grande: no pasé por Galicia, ni Valladolid, por ejemplo. Y ahora voy a sitios donde no fui. Siento que es una continuación, pero incorporando música nueva, intros distintas y versiones diferentes. Quiero darle una vuelta al show para no aburrirme y seguir disfrutando.
Como ya ocurrió en la primera etapa de la gira, Alberto estará acompañado sobre el escenario por tres músicos de primer nivel: Alejandro Jordà a la batería y percusión, Txarlie Solano al bajo y David T. Ginzo en guitarras y teclados. Juntos, dan forma a una identidad que se despliega en directo con un objetivo claro: crecer, evolucionar y conectar cada vez más con el público.
La banda sigue siendo la misma: Ale, Txarlie y David. Mantenemos el equipo con muchas ganas de crecer y de ir moviendo la música poco a poco, aunque cuesta mucho que te den la oportunidad.
En mi guion de preguntas tenía previsto cerrar con algo tan concreto como “a qué suena el futuro de Alberttinny”. Sin embargo, me resulta más sugerente la puerta que abre hacia la reflexión: su visión del panorama musical actual y de la realidad que atraviesan muchas salas, obligadas a bajar la persiana por los costes de mantenimiento:
Cada vez es más difícil poder hacer una gira que sea sostenible. Muchas salas están cerrando, se paga más caro alquilarlas y ofrecen menos servicios. Eso rompe el tejido musical. No se fomenta entonces esa lucha que tienes que empezar desde jovencito: tocar en salas, aprender, coger tablas, para que luego, si tienes la suerte de llegar ahí, puedas defenderlo bien y tener esa carrera de base. Yo creo que eso es complicado.
A ello se suma la dificultad de acceder a festivales o grandes eventos, donde a menudo se priorizan fórmulas conocidas como los tributos —incluso de bandas en activo— en detrimento de propuestas más originales:
También me decepciona un poco —aunque sé que no es una opinión popular—, la fiebre que hay por los tributos. Los grupos de versiones siempre han existido, las orquestas siempre han existido, y me parece razonable. Pero tanto grupo tributo sobre bandas que funcionan y que todavía están en activo… no acabo de entenderlo.
Porque al final, si yo voy a tocar a un sitio, y ese mismo día ponen un tributo a Lori Meyers, por ejemplo, el problema no es que sea un grupo de versiones; el problema es que están apropiándose de la imagen y del universo de esa banda para que el fan vaya a ver ese grupo tributo en lugar de apostar por alguien genuino. Y ahí hay un daño inevitable.
A pesar de la enorme cantidad de música emergente que circula y de lo accesible que resulta hoy en día, Alberto percibe que sigue faltando una apuesta real por apoyarla y darle el espacio que merece:
Hay creadores y creadoras que se están rompiendo el alma escribiendo canciones, grabando discos, gastándose su dinero en sacar temas y videoclips… creo que no se está poniendo en valor a gente que hace música original y pienso que se le hace un flaco favor a la cultura.


La gira de Kintsukuroi arrancará el 17 de octubre en Valladolid y recorrerá distintos puntos de la geografía española, con fechas aún por confirmar y el reto de seguir llevando al directo una propuesta que envuelve y resuena.
Este rato de conversación con Alberttinny me ha devuelto a aquellos conciertos de IZAL en los que todo se transformaba. Un recuerdo de lo que fue, sí, pero sobre todo una incursión en lo que ahora es y nunca ha dejado de ser: un músico exquisito, capaz de recomponerse y narrarse desde sus propias cicatrices.
Ahora toca curar esas cicatrices. Seguir. Evolucionar. Y, sobre todo, no dejar de crear ni creer.
Gracias, Alberto, por la honestidad y sobre todo la música.



