Si esta pieza que vas a leer a continuación fuese una película de sobremesa, podría llamarse Secreto de una obsesión o tener alguno de esos títulos rimbombantes que prometen más de lo que después son.
Y es que hoy quiero hacer algo un poco distinto a lo que estoy acostumbrada.
No voy a contar la historia de otras personas ni a observar sus obras; porque lo que quiero hacer es pararme en los porqués de mi propio proceso creativo. O, al menos, intentarlo.
Un pacto con mi narradora interior.
Todo esto empezó con una idea que se me ocurrió con la excusa de que puntoDgiro cumplía un año y que, casi sin darme cuenta, ha terminado por convertirse en un formato vivo que está a punto de volver a empezar.
Ojalá te quedes a descubrirlo.
A veces, cuando llevas un tiempo haciendo algo, te preguntas qué más podría ser. Cómo avanzar. Cómo crecer. No necesariamente porque lo que tienes no funcione, sino porque te apetece explorar otros caminos, probar cosas nuevas y comprobar qué sucede cuando una idea sale del lugar en el que nació.
puntoDgiro es el proyecto más genuino que he llevado a cabo nunca. Mi refugio creativo. De aquí salen algunas de las charlas más maravillosas que he tenido en mi vida, no exagero. También piezas que me llevan a mirar más allá de las obras que me remueven: una obra de teatro, una película, un libro, un disco, una ilustración… Todo cabe en esta casa mía que, a pesar de la locura de la vida, intento construir día a día.
Y quizá por eso, cuando se acercaba el primer aniversario del proyecto, empecé a darle vueltas a una pregunta: ¿y si traspasábamos la pantalla?
El punto de partida ya estaba ahí: por fin tenía un hilo del que tirar. Hasta entonces, mi manera de acercarme a la cultura había sido, sobre todo, a través de las palabras. Entrevistas, reseñas, conversaciones que empiezan delante de una grabadora y terminan convertidas en una pieza que alguien puede leer desde cualquier lugar del mundo. Me pirra ese proceso: observar a las creadoras y creadores y encontrar la forma de contarlo. Pero también me apetecía probar algo distinto. No dejar de escribir sobre cultura, sino buscar otra manera de descansar en ella.
Y así empezó a tomar forma Donde empieza una historia.
La idea era sencilla: reunir a varias autoras emergentes alrededor de una mesa para conversar sobre todo aquello que ocurre antes de escribir. No tanto sobre el libro que ya está terminado, sino sobre las preguntas, las dudas, las decisiones y los caminos que, de una forma u otra, acaban dando lugar a una historia. Todo eso que sucede antes de que alguien pueda abrir un libro y empezar a leerlo. Lo que llamamos el proceso creativo. Puro, duro y real.
Con toda esta mezcla de ideas, marqué en rojo una fecha en el calendario: 14 de mayo de 2026 y llegado el día, celebramos la primera edición en la librería Vuelo de Palabras, con Carmen Bosch, Sofía Costa, Rosa María García Ros y Clara Solaz. Cuatro autoras con recorridos y universos diferentes, que decidieron acompañarme con generosidad y todas las ganas.
Yo llegaba con mis preguntas preparadas y esa mezcla de ilusión y nervios que aparece cuando una idea deja de ser una idea y empieza a depender también de lo que ocurre alrededor. Porque una cosa es imaginar una conversación y otra muy distinta sentarte delante de cuatro personas, abrir el encuentro y descubrir hacia dónde os lleva.
Y pasó algo que, aunque parezca obvio, no siempre se puede anticipar: la conversación empezó a bailar. Las autoras se escuchaban, se encontraban en algunas ideas y se alejaban en otras. Aparecieron matices, complicidades y reflexiones que no dependían únicamente de las preguntas que yo había llevado preparadas. También participó el público, que se sumó a la charla y contribuyó a que aquello fuese algo más que una conversación entre compañeras. De hecho, me gustó especialmente comprobar que las historias no empezaban y terminaban en sus autoras. En aquella pequeña tribuna que improvisamos, convivían cuatro maneras de escribir, pero también cuatro formas de mirar, de trabajar y de entender lo que significa ponerse delante de una página en blanco.
Y, de pronto, aquello que había imaginado para celebrar el primer año de puntoDgiro tenía vida propia. Un formato nuevo con otra manera de observar y quizá lo más interesante fue comprobar que no hacía falta que pasara nada extraordinario.
Bastaba con sentarnos a escuchar y también entender que sacar adelante una iniciativa así implica muchas cosas que no siempre se ven: buscar a las personas, encontrar un espacio, preparar la conversación, coordinar agendas y confiar en que habrá gente al otro lado. Al fin y al cabo, esa parte práctica, menos romántica, que también forma parte del proceso creativo. Aunque reconozco que, cuando las cosas salen bien, una tiende a quedarse con la emoción y a olvidar por un momento todo lo demás.
Ahora Donde empieza una historia vuelve con una segunda edición. Carmen Bosch regresa y se incorpora Sergio Molina. Los dos son amigos míos, así que te puedes imaginar el entusiasmo.
Esta vez nos acercaremos a la novela negra y a la histórica para conversar sobre documentación, construcción de personajes y voz narrativa. Otra mesa, otras preguntas y las ganas de descubrir qué aparece cuando personas con experiencias distintas comparten un mismo espacio.
Todavía no puedo desvelar dónde nos encontraremos esta vez, pero pronto podré contaros más. De momento, me quedo con las ganas de volver a poner en marcha este formato y descubrir hasta dónde nos lleva.
Y aunque no sé con certeza hasta dónde llegará ni en qué otras direcciones podría crecer, me gusta pensar que, si las circunstancias acompañan, quizá algún día podamos acercarnos a lo que ocurre antes de actuar, de componer, de ilustrar o de dar forma a otras historias.
Por ahora, lo dejaremos en un ojalá.
Lo que sí sé es que las ganas de seguir explorando están intactas. Y que, a veces, no hace falta tener demasiado claro dónde te llevará una idea para darle una oportunidad.


