Comencé a escribir esta reseña a finales de junio, unos días antes de irme de vacaciones. Pensé que la desconexión sería corta, que volvería, la remataría y la publicaría. Un tentempié antes de lo importante: tener a su creadora delante.
El no-spoiler es que me equivoqué en casi todo, excepto en lo importante.
Entre olas de calor, aumento exponencial de la sensación térmica y, sobre todo, la necesidad desesperada de respirar, mi cerebro se apagó. Apenas he escrito nada en tres meses, y ahora que vuelvo a estas líneas que dejé a medio camino, buscando recolocar las palabras, observo que me ocurre algo: mi silencio dialoga con el suyo.
Y es precisamente ese silencio, a medio camino entre la desazón y el alivio, el que me lleva directamente a la pregunta que este corto me devuelve: ¿cómo se representa el silencio en el cine?
A certa distància, cortometraje dirigido y escrito por Laura Pérez Gómez y uno de los descubrimientos que me dejó la 41.ª edición del Festival Cinema Jove de València, propone una respuesta tan delicada como honesta: dejando que las miradas, los gestos y los espacios vacíos hablen por sus personajes.
Lo que sigue es un acercamiento a esa forma de contar en la que, muchas veces, lo más importante ocurre precisamente cuando nadie dice nada.
Hoy empieza la primera pieza de este díptico escrito. Ojalá te quedes a desplegarlo.
El relato comienza con Alba, interpretada por Elsa Moreno, regresando a su pueblo para celebrar el cumpleaños de su abuela. Es hija, es nieta, ha construido su vida en la ciudad y decide pulsar el botón de pausa para volver a casa. Un gesto aparentemente cotidiano que, sin embargo, termina convirtiéndose en la columna vertebral de una historia que explora las nervaduras de los vínculos familiares a través de la incomunicación y el silencio.
Frente a ella están Sonia Almarcha y Teresa Lozano, que interpretan a su madre y a su abuela. Entre las tres sostienen un metraje de poco menos de veinte minutos en el que la convivencia entre generaciones busca constantemente su lugar. No hay grandes explosiones ni conflictos desmedidos. Todo se construye entre pausas, miradas y conversaciones que se quedan a medias.
Y es precisamente ahí donde el relato encuentra uno de sus primeros grandes leitmotiv: la distancia que da título al corto.
Alba llega a casa de su madre y, aunque nadie verbaliza el conflicto, la película deja entrever una tensión que nos hace adivinar que algo ocurre para que Laura Pérez Gómez lo cuente sin necesidad de palabras.
Hay un plano cenital de una escalera que me resulta especialmente revelador. La madre asciende y la hija la sigue. Una detrás de la otra, hasta desaparecer de plano. La composición rompe el molde y habla por sí sola: hay una distancia física, sí, pero también una emocional que la cámara coloca literalmente entre ambas.
«A certa distància» es una historia comedida, construida entre pausas, miradas y conversaciones que se quedan a medias.

Conforme avanzo en el visionado, más pienso en ese dicho típico que usamos para dejar caer que nuestra familia tampoco está tan mal porque, ya se sabe, en todas las familias cuecen habas. Y así lo confirma la dupla Elsa-Sonia desde la contención. Ambas construyen un clima tenso e introspectivo que, sobre el guion, puede parecer sencillo y que, precisamente por eso, resulta todo lo contrario.
La aparición de la iaia —Teresa Lozano— sirve como detonante para que la cámara vuelva a jugar a “juzgar” y, de algún modo, repita el patrón. Lo hace en un plano bellísimo, con Alba de espaldas y su madre y su abuela cara a cara, como si la composición volviera a colocar delante de nuestros ojos aquello que ellas se guardan.
Y entre canelones y pastel de cumpleaños, aflora el otro protagonista de la narración: el padre ausente. No es novedoso que unos padres estén divorciados, como tampoco lo es que las formas de quererse sean dispares. Alba quiere ver a un padre que la quiere, pero que tiene otra familia y poco tiempo. Al otro lado está una madre que también la quiere y que, de alguna forma, está viviendo su propio duelo. Entre los dos, una hija que busca un lugar en el que ya no reconoce del todo su mundo, pero en el que todavía tiene la posibilidad de construir el suyo.
A certa distància brilla por su sencillez, pero sobre todo por la mano de su directora y por el trabajo de todo el equipo que la acompaña. También por unas actrices cuya labor consiste más en sostener que en explicitar. Todo ello enmarcado, además, en un contexto que introduce otro ademán de distancia: volver al pueblo y descubrir que, quizá, ya no se pertenece al mismo lugar al que una vez se llamó casa.

Tras su paso por València, el cortometraje continúa su andadura por los festivales y formará parte de la programación del Festival de Cine Comprometido de Guadalajara que tiene lugar del 2 al 10 de octubre en la ciudad manchega.
El calor extremo ha dado paso a la lluvia torrencial y, mientras tanto, mi silencio se hace voz en estas líneas. Pienso en cómo continuaría la historia de Alba y sé cómo lo hace la de Laura Pérez Gómez, su directora y guionista. La próxima pieza nos llevará hasta ella, para hablar de todo aquello que ocurre detrás de ese silencio que acabamos de contar.
El díptico ya está abierto… seguimos.


