Natalia Huarte, pies para qué los quiero – BORRADOR

Quiero quitar este título.

Pero hay algo en el teclado que se resiste al retroceso, como si borrar esta frase fuera también parar el pulso que ha tenido esta conversación desde el principio.

La razón es Frida Kahlo. Esta cita suya: pies para qué los quiero si tengo alas para volar, me conecta de lleno con lo que la protagonista de esta charla me contó.

Lo medito. Corrijo. Borro. Pero conforme escribo ya sé que se va a quedar.

Afirmar que es actriz por casualidad es una mentirijilla piadosa y por eso prefiero que sea ella quien cuente cómo pasó de lo que se esperaba a lo que decidió ser.

De Pamplona a Madrid. De la RESAD a la Joven Compañía Nacional de Teatro Clásico. De los trajes de época al set de rodaje. De chica Carballal a compartir plano con Coronado. De Querer a meterse en la piel de Leonora Carrington.

La trayectoria de Natalia Huarte no es una secuencia temporal, sino una forma de abrirse a personajes muy distintos, a los que siempre termina por imprimir algo propio.

Cuando salí de ver La Fortaleza, ensimismada y entusiasmada, pensé en el respeto por el trabajo y lo que hay detrás de alguien capaz de decirlo todo sin moverse un centímetro del centro del escenario.

Eso lo hace ella. Y así la reconozco.

Natalia Huarte x Lázaro Cabrera.
Fotografia de Lázaro Cabrera | (@_lazaro_cabrera)

Los lunes por la tarde tienen algo de rutinario que me gusta: ya pasó el madrugón, ya sobreviviste a la jornada, y lo único que queda es la vida de verdad. Pero este lunes pisotea la rutina. Me planta en casa deseosa de hablar con Natalia Huarte. Ella también tiene ganas y lo percibo enseguida.

Para empezar, le cuento que por fin cierro con ella el círculo de La Fortaleza. Y de paso, aprovecho para felicitarla por el reconocimiento que acaba de recibir en los Premios de la Unión de Actores y Actrices: Mejor actriz de reparto por Ena, donde interpreta a Carmen Ruiz Moragas. Una vida más que se suma a su universo.

Reconocida y emocionada, nos quedamos en el presente sin desconectar de la historia.

Actualmente, Natalia se encuentra de gira con Leonora, un monólogo poético escrito por Alberto Conejero a partir de Memorias de abajo, de la artista Leonora Carrington.

Lo que comenzó como una lectura dramatizada terminó creciendo hasta convertirse en una propuesta escénica que ha evolucionado con el tiempo y con ella. Especialmente en su forma de habitar a un personaje tan complejo:

Si bien Natalia se ha criado en la cuna del teatro clásico con el verso de fondo, en los últimos años ha empezado a explorar otro lugar: uno en el que el cuerpo gana peso.

Solemos asociar esa fisicidad a grandes formatos o a espectáculos de teatro musical, pero hay textos que también la exigen. Que piden al intérprete sostenerlo todo desde el gesto sin perder la voz.

Así, En Leonora, Natalia se despoja de cualquier artificio escénico y se apoya en un lenguaje mucho más esencial:

Además, incide en la importancia de tener al lado un equipo artístico que sume. Porque escenografía no es solo lo visual: también son las luces, la música, el vestuario, el maquillaje. Todo lo que construye la obra:

Bromeamos sobre cómo sería su trabajo si nunca tuviera elementos escenográficos. Me la imagino diciéndole a Bayona: Señor Bayona, quíteme ese tsunami, yo solo uso mi cuerpo. Mientras escribo me río. Es la sensación que tengo todo el rato: la risa. Su cercanía.

Pero ¿qué pasa cuando está completamente sola en el escenario? ¿Y cuándo comparte la escena con un elenco nutrido? El escenario vacío versus el escenario compartido. Dos miradas, dos relaciones distintas con el espacio.

Profundizando en esta idea, se confiesa apasionada de los documentales deportivos, sobre todo esos que cuentan el proceso de entrenamiento y hace una analogía interesante: las funciones corales son como un equipo de fútbol, donde todos pasan el balón.

El monólogo es más como el tenis: uno a uno con el público. Estás solo contigo mismo en el escenario, y la cabeza a veces juega malas pasadas. Por eso necesitan al entrenador.

En Psicosis 4.48, dirigida por Luz Arcas, Natalia encarnó a Sarah Kane, dramaturga británica que exploró en sus textos las vísceras humanas: la inadaptación social, la tortura, la depresión. Una interpretación que le valió el Premio Max a Mejor Actriz en 2024.

Veo conexiones entre Kane y Carrington. ¿Crees que seguirás investigando sobre Leonora cuando cierre la gira?

Y si hablamos de hablar, teatro es también hablar del público.

Si bien pienso que las artes escénicas viven un momento gozoso y que es de lo poco que se salva de las garras de la inteligencia artificial, le confieso a Natalia que, como espectadora, a veces me cabreo cuando veo que los de mi alrededor no están conectados con lo que esta pasando sobre el escenario.

Reflexionamos juntas sobre el uso del móvil, de las toses y de los caramelos que se abren en mitad de una escena. Y, aun así, para ella nada de esto tendría sentido si nosotros no estuviésemos sentados en la butaca.

Los inicios de Natalia en la interpretación no fueron casualidad. En bachillerato comenzó a coquetear con el teatro gracias a Ignacio Aranguren, un profesor que respiraba para la escena. Allí protagonizó La Posadera, de Carlo Goldoni, y casi como una aparición, lo supo: quiero ir a la RESAD.

No sin antes indignar a un claustro de profesores que la vislumbraban en algo más «digno», con más salidas, más acorde a su excelente expediente académico.

Por suerte, Natalia tenía a su padre cerca. Él no dudó un segundo en apoyar la decisión de su hija:

¿Y sientes que esa inocencia te ha hecho valorar tu profesión desde una perspectiva más consciente?

El verbo disfrutar puede significar muchas cosas, pero siempre que hablo con alguien vinculado al teatro clásico me surge la misma curiosidad: hasta qué punto la disciplina de la que allí se empapan sigue influyendo en su manera de entender la profesión.

En el caso de Natalia, me interesa saber si su paso por la CNTC le ha enseñado a aceptar la imperfección o, por el contrario, a exigirse más control.

Si hemos ido del presente al origen, ahora es el momento en el que la conversación está en el punto perfecto para desplazarse hacia los procesos creativos.

¿Cómo es ese primer abrazo con los personajes?

Decidido el punto de partida, me entra curiosidad por saber cuánto se guarda Natalia del personaje en ese tiempo de estudio que, poco a poco, desemboca en el ensayo.

Si hay una deliberación previa que le permita avanzar cuando llega al set de rodaje o a la sala, terminando de esculpir los matices de cada proyecto:

¿Y cuándo descubres que se te hace tan necesaria esa valentía de la que me hablas?

Natalia Huarte en Psicosis 4.48 de Sarah Kane. Fotografia de Esmeralda Martín
Fuente imagen: https://www.teatroespanol.es/psicosis-448

Aludía antes a que, en sus proyectos recientes, Natalia se ha enfrentado a textos y personajes especialmente exigentes, tanto en lo psicológico como en lo físico.

También en propuestas como Querer (Movistar+), de Alauda Ruiz de Azúa, o Todo lo que no sé (Movistar+), de Ana Alambarri, donde la escucha y el cuidado forman parte inevitable del proceso creativo.

Y es ahí donde me surge la pregunta: ¿cómo se protege la persona de la actriz?

Pero puedes tomar el camino del medio y de alguna forma disociarte, ¿no?

El ancla de Natalia Huarte sigue estando en el teatro, pero en los últimos años también se ha abierto al audiovisual.

Desde sus primeros cortometrajes hasta proyectos como Pájaro que agoniza, de Diego Llorente (pendiente de estreno), o su serie más reciente, Por cien millones (Movistar+), su presencia en pantalla es cada vez más habitual.

Sin dejar de lado las tablas, me cuenta que ha encontrado en este medio una forma de disfrutar de la interpretación desde otro lugar.

Si repasamos las series en las que Natalia ha participado, encontramos una disparidad de géneros y personajes que, aunque pueda parecer contradictoria, en realidad dibuja una coherencia: ninguno se parece al anterior.

Quizá ese sea el mejor indicador de una carrera que crece a la vez que su propia exploración como intérprete.

Ahora bien, ¿cómo es eso de verse en pantalla?

Indagando en esto, me cuenta que una de las cosas que más le gustan de estrenar un proyecto audiovisual es la convivencia con el equipo y la sensación de ver algo construido en conjunto.

Sin embargo, lo primero que le nace es salir corriendo. Por eso, el primer visionado prefiere hacerlo sola. Y es precisamente en esa idea de la soledad donde me detengo. En ese momento previo al “sí”. En el espacio de reflexión que una actriz se tiene que dar antes de lanzarse a un nuevo personaje.

Me pregunto entonces si, en ese proceso, se dibujan líneas rojas:

¿Y dónde colocas tú ese posicionamiento: en el discurso o en la práctica?

Otro de los horizontes que se abren cuando te entregas a la interpretación es la convivencia con el “no”.

Selftapes, castings, pruebas… no siempre sale como esperas. Y, aun así, todo forma parte del camino.

Giramos ahora la mirada hacia el otro extremo: ¿qué te hace decir que sí a un proyecto?

Natalia Huarte es Guadalupe en Legado. Cr. Matías Uris/Netflix © 2024
Fuente imagen: https://borialmanagement.com

En la recta final de la entrevista, descubrimos que ambas somos súper fans de Succession. Le pregunto qué personaje sería y, sin dudarlo, me dice que depende del día: que le gustaría ser uno distinto cada vez. 

Eso me fascina de ella: esa capacidad de no cerrarse a nada. Yo le confieso que mi favorito es Tom y su caos contenido y ahí, casi sin querer, abrimos una conversación sobre la industria actual desde los ojos de la actriz.

El acceso a las plataformas y la proliferación de creadores han abierto nuevas formas de contar historias, pero me interesa saber cómo se vive toda esta vorágine desde dentro:

Dicho esto, me parece bonito dejar por escrito cómo fue nuestro contacto previo, porque de alguna manera también ha moldeado esta conversación.

Un mensaje privado en Instagram, un no sé si te acuerdas de mí, pero me encantaría entrevistarte… y, sobre todo, una de sus respuestas: si no te contesto rápido es que me he desinstalado estos días Instagram del móvil.

Eso me hizo pensar —y también alegrarme— que, a priori, Natalia no necesita exprimir las redes sociales para seguir avanzando en su carrera; sin embargo, quiero saber qué relación tiene con ellas:

Me tomo la licencia de hacer un pequeño homenaje a su padre y a su hermano —sé que son tan futboleros como yo—, porque Natalia me deja la pelota botando.

Vuelvo por un momento a ese claustro de profes del instituto de Pamplona, tirándose de los pelos porque su alumna brillante decidió ser actriz. Y subo la apuesta.

¿Hay algo más allá de la interpretación que te despierte el gusanillo?

Nuestro recorrido está a punto de terminar y le propongo mirar hacia lo que todavía no ha habitado, hacia esos lugares donde también se permite imaginarse como actriz.

Como es ella la que se ha abierto conmigo y me ha permitido entrar en su universo con cierta confianza, le digo, entre risas, que lo primero no le pega demasiado… y que lo segundo ya existe y se llama CrossFit.

Natalia se ríe.

Y yo, ahora sí, concluyo: dime un último deseo.

Natalia Huarte x Lázaro Cabrera.
Fotografia de Lázaro Cabrera | (@_lazaro_cabrera)

Cuando me enfrento a una pieza así, pierdo la noción del tiempo. Paso horas intentando esbozar la silueta de la conversación.

Escucho, comparo, transcribo. Me sumerjo en todo lo que me cuentan y, sobre todo, me obsesiona estar a la altura de quien tengo al otro lado. Es lo mínimo cuando alguien te entrega un rato de su vida para que tú lo conviertas en palabras.

Con Natalia Huarte todo fue tan sencillo que podría haber estado mil horas más charlando. Su naturalidad me permitió parar, profundizar y entender qué hay detrás. La fortuna inmensa.

Mientras tanto, La Fortaleza, que siempre vuelve, hará parada el 9 y 10 de julio en el Teatre Grec de Barcelona.

Leonora sigue su gira y abrirá temporada en Madrid a partir de septiembre. Y, en paralelo, su camino en el audiovisual continúa expandiéndose, con proyectos pendientes de estreno como la película Pájaro que agoniza o la serie A la deriva.

Vuelvo entonces al título.

Y me reitero.

*La imagen principal es una fotografía de Lázaro Cabrera.


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