Lázaro Cabrera, el autorretrato del fotógrafo

En alguna pieza que habita este espacio tan mío ya dejé caer que la fotografía me fascina y me asusta a partes iguales.

La fascinación es evidente. Hay algo casi inabarcable en un lenguaje capaz de decirlo todo sin necesidad de movimiento. Una imagen fija.

Sin embargo el susto, el miedo o como lo quieras llamar, viene de lejos. De mi época universitaria donde intenté explorar el audiovisual en todas sus dimensiones, incluyendo la fotografía. Aprendí la técnica, claro. Pero descubrí que esos conocimientos no bastaban para contar historias. Puedes dominar la luz, el encuadre, el momento preciso del disparo, y aun así, siempre hay algo que se te escapa.

Así que hice las paces conmigo misma. Escogí las palabras, me conformé con los álbumes decentes, y entendí que había gente como Lázaro Cabrera capaz de quedarse con lo que de verdad importa: esa grieta mínima donde habita la verdad de una persona.

Esta conversación va de celebrar las coincidencias y las sinergias, y efectivamente, todo apunta a que tendrá final feliz, porque resulta que cuando le das la mano a alguien que sabe observar, cuando haces dialogar la fotografía y la escritura, sucede algo mágico.

El actor Fernando Cayo x Lázaro Cabrera.

Podría definir esta entrevista como un sí pero no.

Sí, porque me cito con Lázaro a través de videollamada para que me cuente cómo es ponerse frente a alguien y lograr que se entregue al clic del botón cuando disparas. No, porque me gustaría que todo el peso de esta pieza lo tuviese la imagen. Que la fotografía hablase por sí sola y las palabras fueran solo el acompañamiento necesario.

Pero la creatividad siempre busca su camino, y a veces la necesidad nos obliga a narrar.

Hace un par de meses tuve la fortuna de sentarme a charlar con la actriz Beatriz Arjona. Es una de esas conversaciones que guardo para siempre: no solo aprendí muchísimo, también sentí una conexión profunda con la forma en que vive sus procesos creativos y el día a día desde esa filosofía del pico y pala que ella misma acuña. Esos procesos que tanto celebro cada vez que me siento frente a alguien.

El caso es que, gracias a Beatriz, Lázaro y yo nos pusimos en contacto. Y de ahí nació esta idea: fusionar dos mundos que tienen más en común de lo que parece. La palabra y la fotografía. El texto y la imagen como un solo lenguaje.

Antes de seguir, le pido que volvamos a su principio:

Los retratos forman parte esencial del trabajo de Lázaro Cabrera.

Por su lente han pasado intérpretes como Natalia Huarte, Mamen Camacho, Fernando Cayo o Noemí Ruiz. Y hay algo especialmente interesante en fotografiar a quienes viven constantemente entre personajes: la necesidad de generar un espacio seguro donde, por un instante, desaparezca la interpretación y permanezca la persona.

No es fácil construir vínculos en el tiempo que dura una sesión: ¿me equivoco?

En los proyectos artísticos siempre abrimos una veda importante: la de los referentes y las referencias

Porque es cierto que todo está inventado. Y es cierto que la inspiración viene de cualquier lado: de una obra magna o de un momento cotidiano. Observar y trasladar lo que vemos a lo que somos, es parte del proceso. 

Sin embargo, para Lázaro la preparación de las sesiones no funciona así. Tiene más que ver con las sensaciones que le produce el momento de tener a alguien delante, que con algo planeado con antelación.

Lázaro y yo estamos creando un proyecto que será el espacio de encuentro entre la imagen y la palabra.

Y lo interesante es que, aunque parezca que la fotografía puede narrar sin palabras, él tiene clarísimo que el fotógrafo siempre tiene que contar algo. Poético, literario, geométrico. Pero contar. 

¿Cómo lo consigues? 

Escuchándolo hablar, resulta evidente que el espacio ocupa un lugar fundamental en su forma de entender la fotografía.

Sin embargo, para Lázaro el entorno no es decoración. Es una herramienta narrativa más. Un territorio que le expone a nuevas sensaciones y le permite seguir encontrando matices, incluso en personas a las que ya ha fotografiado antes.

Pero en ese viaje de narración pueden ocurrir imprevistos. Que los temblores creativos nos asalten.

Y aquí es donde él muestra una consciencia clara: el error no es enemigo, es parte del proceso.

Y en esa construcción, transformada en evolución, se ve claramente en sus decisiones estilísticas. El blanco y negro es una de ellas. Una decisión que, a mi juicio, es más que acertada. 

El actor Juli Fàbregas por Lázaro Cabrera.

Los procesos creativos nacen, evolucionan y terminan, pero en medio de todo eso también existe tiempo para detenerse y analizar.

En fotografía, la revisión forma parte esencial del proceso. Qué imagen permanece. Cuál vibra distinto. Qué sucede en el cuerpo después del disparo.

Cabrera entiende gran parte de su trabajo desde ahí: observar, revisar y volver a mirar.

Y en este tiempo de observación y retrospección: ¿sientes la necesidad de volver a tus primeras fotos?

Siempre que me junto a charlar con creadores que compaginan su trabajo artístico con otras ocupaciones, terminan apareciendo temas recurrentes: el síndrome del impostor, la incertidumbre o esas pequeñas situaciones capaces de poner a prueba la paciencia de cualquiera. ¿Qué fotógrafo no ha escuchado alguna vez aquello de esto luego me lo quitas con Photoshop, verdad?

Más allá de la broma, Lázaro tiene muy claros cuáles son sus límites a la hora de trabajar.

Como puedes observar, no dejamos de hablar de creación durante buena parte de la conversación y, en un presente cada vez más moldeado por la tecnología, hay un tema al que resulta difícil no asomarse: la inteligencia artificial.

Hace apenas unos días, el uso de IA por parte del Ayuntamiento de San Martín de la Vega para replicar el cartel que el ilustrador Paco Roca realizó para la Fira del Llibre de València de 2025 desató una oleada de críticas y volvió a poner sobre la mesa un debate que atraviesa a buena parte del sector cultural.

Hasta quienes llevan años construyendo una voz propia ven cómo su trabajo puede ser replicado en cuestión de segundos. Lázaro, sin embargo, tiene clara una cosa: si algo sigue sin tener sustituto posible es la mirada humana.

Entre todas las imágenes que Lázaro me ha enviado para acompañar esta entrevista, he escogido aquellas que mejor laten en el corazón de la conversación.

Tal vez porque compartimos una admiración evidente por el mundo de la interpretación sin formar parte de él más que desde la barrera.

Sin embargo, el Lázaro fotógrafo también mira en otras direcciones. Más allá del retrato, desarrolla proyectos personales como su serie A donde llevan los caminos:

Fotografía de la serie A donde llevan los caminos de Lázaro Cabrera.

Durante toda la conversación hemos hablado de observar. De aprender a mirar a los demás. De encontrar identidad en una imagen.

Pero antes de despedirnos quiero hacer el camino inverso, girar la cámara y hacerle honor al título de esta charla: ¿cómo es el autorretrato de Lázaro Cabrera?

Nos pasamos la vida buscando nuestra manera de estar en el mundo.

La de Lázaro Cabrera pasa por la fotografía de piel. La de verdad. La que te obliga a detenerte y mirar dos veces.

Antes de colgar la videollamada nos deseamos suerte. Hemos empezado una sinergia que ojalá nos lleve lejísimos. También le digo que, si algún día expone sus retratos, me guarde un hueco para escribir los textos que acompañen a las imágenes. Estoy convencida de que ocurrirá.

Al final la cosa es bastante sencilla:


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