Laura Pérez Gómez, el relato de una cuenta-historias – BORRADOR

Cuando me ocurre algo bueno por primera vez tengo la manía de celebrarlo como si me hubiese tocado la lotería. Y es que este pequeño proyecto que empecé hace ya más de un año me está regalando un montón de alegrías.

Sin ser yo de compartir mucho la vida por redes sociales, subí una story en Instagram diciendo que había algo de romántico en que te llamasen «prensa» por primera vez, y ese pequeño hito se lo debo al Festival Internacional Cinema Jove de València, que hace un par de meses celebró su 41.ª edición. Ahí tuve la oportunidad de conocer a la directora Laura Pérez Gómez e indagar en los entresijos de su primer cortometraje de ficción.

La también guionista, periodista y gestora cultural se licenció en Bellas Artes, quizá fue entonces cuando se le abrió el apetito por contar historias más allá del lienzo. Tras explorar diferentes formatos audiovisuales como el documental, con trabajos como La voz queda (2022), disponible en Filmin, y Kaló taxidi (2024), Laura da el salto a la ficción con un cortometraje que explora la complejidad de los vínculos familiares.

A certa distància, producido por Iñaki Sánchez Arrieta y protagonizado por un reparto de tres generaciones de actrices como son Elsa Moreno, Sonia Almarcha y Teresa Lozano, el corto retrata el silencio y la incomunicación como formas del amor dentro de una familia que ni es, ni aspira a ser perfecta.

Ojalá la disfrutes tanto leyéndola, como disfruté yo escuchando a Laura en vivo.

Siempre digo que las entrevistas presenciales tienen algo de especial. Una de las cosas que más disfruto es poder mirar a los ojos a la otra persona mientras habla de su proyecto, de su trayectoria y, al fin y al cabo, de sí misma.

Y como hay brillos que no se captan por videollamada, observo el de Laura y siento que se parece al del adolescente al que dejan salir por primera vez sin hora. No me extraña. A certa distància comienza su recorrido en el Festival Internacional Cinema Jove de València y hay algo de vértigo, pero también de muchísima ilusión, en compartir con el mundo una historia que hasta hace muy poco solo existía en tu cabeza.

Por eso la primera pregunta va sobre el relato y sobre su interés en explorar una historia donde la incomunicación y el afecto caminan de la mano.

A certa distància comienza cuando Alba regresa a su pueblo para celebrar el cumpleaños de su abuela. Nada hace pensar que vaya a ser un día extraordinario. Sin embargo, ese encuentro familiar acaba convirtiéndose en un pulso entre tres generaciones de mujeres, donde, paradójicamente, el silencio dice mucho más que las palabras.

Laura lo sabe bien y así lo expresa: su cortometraje se define justamente por lo opuesto al ruido. El silencio es el protagonista, pero ese silencio no es vacío, sino que está cargado de significado:

Rodado en la localidad valenciana de Godella, da la sensación de que, incluso antes de colocar la cámara, Laura ya estaba buscando el encuadre: no solo en la narrativa, también en el contexto.

Pero si el silencio domina el relato, es porque el punto de vista es muy específico. ¿Cuál dirías que es el verdadero hilo rojo de A certa distància?

El universo femenino domina esta historia, pero aunque no lo vemos en pantalla, otro de los protagonistas del corto es el padre de Alba, que aparece únicamente a través de la voz de Joaquín Climent. Que nunca lleguemos a verlo no es una decisión accidental, sino otro de los pulsos que laten en el corazón de la historia.

¿Cómo llegas a tomar esa decisión argumental y estilística?

Con el argumento bastante definido, mi reto como espectadora es coger de la mano a Alba, que se sitúa constantemente entre dos mundos: el de su familia y el de la vida que está intentando construir fuera de ella.

Así que la pregunta para su directora no puede ser otra ¿A certa distància habla de aceptación o de reconciliación?

Fotograma de A certa distància, el cortometraje de Laura Pérez Gómez.

Ya sabemos de qué va la historia y ahora aterrizamos en el rodaje.

Hay algo mágico, pero también difícil, en ese viaje que va desde imaginar un relato y a sus personajes hasta verlos cobrar vida delante de una cámara. Entre la escritura y el rodaje seguramente hubo cosas que cambiaron por el camino.

Me interesa saber qué necesitaba proteger Laura para que A certa distància siguiera siendo la historia que había imaginado al principio.

¿No se te pasó por la cabeza reescribirlo?

Y de la mirada de la cámara pasamos a las personas que están delante de ella.

Porque después de imaginar unos personajes sobre el papel llega el momento de ponerles cara, gestos y alma. Y ahí empieza otro diálogo: el que se construye entre directora e intérpretes: ¿cómo empieza ese proceso?

A lo largo de la conversación con Laura, el silencio y la incomunicación aparecen una y otra vez. Dos conceptos que marcan el tempo del relato y que también se esconden, de alguna manera, en su propio título. El acompañamiento visual corre a cargo del cartel diseñado por Laura Arrieta, concebido como una extensión más de la historia.

Cartel de A certa distància, diseñado por Laura Arrieta.

Hasta aquí hemos hablado de decisiones, pero hay algo que probablemente acompaña todo ese proceso, aunque no aparezca en pantalla: la duda.

Porque entre querer contar algo y atreverse a hacerlo también hay un pequeño salto al vacío. Y Laura reconoce que ese miedo está ahí: el de preguntarse si lo que estás haciendo funciona, si llegará a quien lo vea o si, sencillamente, se entenderá.

Y quizá parte de esas dudas también cambian dependiendo de la historia que tengas entre manos y de la forma que eliges para contarla.

Laura viene del documental, un territorio que sigue disfrutando precisamente por esa sensación de libertad que le permite trabajar a su manera, cámara en mano y con menos respuestas que dar por el camino.

Después de La Voz Queda, dar el salto a la ficción no significa haber dejado atrás ese lugar, sino descubrir qué le aporta cada uno:

Ya estamos muy cerquita del cierre y quiero poner la mirada un poco más allá de A certa distància: ¿qué espacio ocupa hoy el cortometraje para quienes tienen una historia que contar?

Laura habla de un formato que, incluso cuando los recursos son limitados, sigue encontrando la manera de existir. Porque quizá ahí está una de sus fuerzas: que siempre habrá alguien con ganas de coger una cámara, reunir a un equipo y contar una historia.

Reconozco que, como narradora de este relato, me venía de perlas acabar con esta reivindicación sobre el oficio y la creación y, sobre todo, sobre las ganas de contar historias. También sobre un formato que, quizá precisamente por su libertad y sus limitaciones, concentra de una manera muy especial todo lo que significa hacer cine.

Pero para cerrar esta conversación quería volver a los lazos familiares. Al territorio del que ha partido esta charla. Y como hay figuras que se quedan dentro de una historia aunque no sepamos que están ahí, le pregunto a Laura por su abuela, a la que reconoce como una de sus mayores fuentes de inspiración.

Elsa Moreno, Laura Pérez Gómez y Sonia Almarcha en Cinema Jove.
Fotografía de Nerea Coll.

Cuando conocí a Laura en Cinema Jove, A certa distància acababa, como quien dice, de empezar a gatear. Ahora, mientras escribo estas últimas líneas, el cortometraje continúa su camino, sumando festivales y encuentros en los que encontrarse con nuevos públicos.

Quizá alguno de esos públicos reconozca en Alba, en su madre o en su abuela un pedacito de su propia historia.

Porque de eso va también A certa distància: de todo aquello que heredamos sin darnos cuenta, de lo que tardamos en decir y de los relatos que, incluso cuando creemos que llegan tarde, encuentran finalmente su momento.

Laura me decía al principio que hay cosas que no se dicen, pero que se sienten. Después de escucharla hablar sobre su película, creo que también hay historias que necesitan su tiempo para encontrar la distancia desde la que poder contarse.


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